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En contraposición a lo que la gente de nuestros tiempos suele creer, el verdadero núcleo del evangelio no se encuentra en el dinero, las posesiones materiales, la moralidad o las predicaciones elaboradas llenas de palabras y relatos incomprensibles. El núcleo del evangelio reside en un evento trascendental: la resurrección de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.
El cristianismo es la única religión que fundamenta su fe y aceptación en la resurrección de su fundador. Ni Mahoma, ni Buda, ni Zoroastro, ni Confucio ni ningún otro fundador de religiones humanas experimentaron la resurrección. De hecho, ninguna otra religión proclama que su líder haya resucitado, a excepción del cristianismo.
La importancia de esta declaración sobre la resurrección es tan central y apasionada que el apóstol Pablo llegó a afirmar: \”Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación y también vuestra fe\” (Primera Carta a los Corintios, capítulo 15, versículo 14).
Pablo hace que el cristianismo se sostenga por la vida misma de Jesucristo y la veracidad de Su resurrección. Imaginen por un momento que todo lo que creemos se desvanece en la nada si Cristo no resucitó. Los evangelios, los milagros, la restauración de la vista a los ciegos, hacer caminar a los cojos, alimentar a las multitudes, caminar sobre las aguas y calmar las tormentas; todo sería en vano si Dios no se manifestara en la carne y luego no resucitara. En otras palabras, si quitamos la resurrección de la ecuación del evangelio predicado y enseñado por el apóstol Pablo, no quedaría absolutamente nada.
La iglesia primitiva entendió la importancia de la resurrección. De hecho, día tras día, de casa en casa, anunciaban y daban testimonio que Cristo Jesús había resucitado. Los apóstoles proclamaban la resurrección a pesar de la feroz oposición que enfrentaban. En contraste, la iglesia actual parece estar más preocupada por asuntos mundanos, lo superficial, lo material y lo económico, en lugar de predicar la resurrección del Señor. Incluso, dedica solo un día al año para tratar este tema: el Domingo de Resurrección.
La resurrección se menciona más de cien veces en el Nuevo Testamento. Si Cristo no hubiera salido del sepulcro, toda la historia de Su vida, nacimiento, predicación, ministerio y sacrificio en la cruz se habría quedado en la tumba con Él. Jesús no sería una figura histórica si no hubiera resucitado. Sin embargo, debido a Su resurrección, Él cambió el curso de los tiempos y las eras. Él es las primicias de la resurrección, el punto de partida que transformó la historia.
El Nuevo Testamento no es simplemente un relato histórico de la vida de Jesús; es el testimonio de Su resurrección. En otras palabras, la resurrección de Jesucristo de entre los muertos valida Su divinidad y la eficacia de Su sacrificio para proporcionar salvación y vida eterna a todos los que confían en Él. Es la base de nuestra fe y la promesa de nuestra esperanza. Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa.



