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Hoy exploraremos el capítulo 14 del libro de Zacarías, un pasaje que nos habla sobre el futuro de Israel y los eventos que rodearán el Día del Señor. Es importante recordar que este texto no debe ser visto como un llamado al odio hacia ningún pueblo, sino como una advertencia y una manifestación de la soberanía divina.
El odio hacia la moderna nación de Israel, merecido o no, es indiscutible. Muchas naciones y millones de personas lo sienten. Gran parte de estos sentimientos de hostilidad surgen de visiones impregnadas de ideologías políticas opuestas a la visión de Israel, mientras que otros son resultado de la ignorancia que afecta a las naciones.
Es cierto que Israel se ha equivocado muchas veces al igual que es cierto que ha sido una nación muy sufrida a lo largo de su historia. Sufrió antes del nacimiento de Jesucristo, el Señor, y también después de la crucifixión romana que fue avalada por el propio pueblo de Israel; sufrimiento innecesario que fué causado por su propia rebeldía.
San Juan 1 nos dice que (Jesús) vino a los suyos (Israel), pero los suyos no lo recibieron, ni en el pasado ni en el presente. Todas estas actitudes de desprecio hacia el Ungido de Dios y la voluntad divina, por supuesto, tienen consecuencias. Dios ha elegido el día y los tiempos en los cuales castigará a Israel. No son las naciones humanas las encargadas de vengarse o de destruir al pueblo judío; el castigo le pertenece al Señor.
Viajaremos entonces a lo profetizado por el profeta Zacarías en el capitulo 14 verso 4 en adelante, un texto biblico que claramente nos habla sobre lo que ha comenzado a suceder en Israel en el tiempo presente y lo que sucederá en Israel en el futuro.
He aquí, el día de Jehová viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque YO (Dios) reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén (Israel); y la ciudad (nación) será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad (nación) irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad.
En este capítulo, el profeta Zacarías nos transporta a un momento futuro, un día en el cual Dios, quien es un Dios justo y misericordioso, actuará en la historia de una manera poderosa y reveladora. En 1 de Pedro capítulo 4 verso 17 las escrituras nos enseñan: \”Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen el evangelio de Dios?\”
Aquí nos encontramos con un texto revelador: el juicio de Dios debe comenzar en su propia casa, que en este caso es el pueblo de Israel. Antes de juzgar a las naciones paganas, Dios debe primero juzgar a su propia casa. Lo mismo sucederá con la iglesia; antes de juzgar al mundo, Dios primero juzgará a la iglesia.
Observe cómo en el versículo 2 se menciona que será Dios mismo quien reúna a todas las naciones para luchar contra Jerusalén (Israel). El pasaje añade que la ciudad (y la nación) será tomada, las casas serán saqueadas y las mujeres sufrirán violencia. Además, se prevé que la mitad de la ciudad (y nación) será llevada como cautiva, mientras que la otra mitad sobrevivirá.
Es posible que estos eventos le recuerden a lo que ocurrió el pasado sábado 7 de octubre de 2023. Da la impresión de que aquello pudo haber sido simplemente un preludio de lo que le aguarda a Israel en el futuro. Sin embargo, es importante destacar que si usted es de los que sienten hostilidad hacia Israel, no debe cometer el error de regocijarse en esta profecía, ya que esto es solo la primera parte de lo que el profeta menciona. La segunda mitad de la profecía es absolutamente clara cuando dice: Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones (las naciones enemigas de Israel), como peleó en el día de la batalla.
Es indiscutible que Israel ha cometido errores, pecados, faltas y crímenes a lo largo de su historia, al igual que cualquier otra nación en la faz de la tierra. Cabe mencionar que Israel también ha sido víctima de sus propios pecados y ha tenido que pagar con la sangre de sus hijos por sus iniquidades. Sin embargo, Dios aún no ha terminado con ellos. Aquí radica la mayor dificultad de comprensión para los pueblos que odian y maldicen a Israel: la venganza y el castigo de Israel no son responsabilidad de las naciones del mundo; esto le corresponde única y exclusivamente a Dios.
Esto nos lleva a reflexionar sobre la relación entre las naciones y el pueblo de Israel a lo largo de la historia.
Zacarías 14 nos recuerda el sufrimiento que ha experimentado Israel a lo largo de los siglos; sufrimiento que dicho séa de paso, ha sido causado por la misma rebeldía y desobediencia a los mandamientos divinos dados al pueblo judío.
Desde tiempos antiguos, el pueblo de Israel ha enfrentado persecuciones, invasiones y rechazo, por las mismas razones de pecado y rebeldía al Señor. Inclusive, cuando el mismo Señor Jesús se manifestó entre ellos, el pueblo judío, en términos generales, lo rechazó y terminó pidiendo su ejecución en la cruz del calvario. Esto ha traído graves repercusiones y mucho sufrimiento a Israel, sufrimiento que no ha pasado desapercibido para Dios quien siempre ha tenido un plan y un propósito para su pueblo.
Y he aquí una de las razones centrales por las cuales el pueblo de Israel ha vivido permanentemente asediado por sus enemigos, el rechazo a la palabra y la voluntad divina.
En Zacarías 14:4 leemos: \”Porque YO (Dios) reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén (Israel).\” No es el odio de las naciones hacia Israel lo que provoca sus deseos de muerte contra este país; definitivamente no. Es la voluntad divina la que obliga a las naciones paganas a buscar invadir a Israel como parte de la reprensión a Israel por su pecado. Lo más extraordinario de esto es que, en ese día, el Señor matará dos pájaros de un solo tiro, como expresa el refrán popular: Israel pagará por sus pecados y las naciones paganas serán destruidas por su iniquidad y desprecio a su creador. En ese día, los gobiernos humanos llegarán a su fin y el Reino y Gobierno de Dios serán establecidos en la tierra.
En Zacarías 14 verso 3 en adelante leemos: Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está enfrente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. Y huiréis al valle de los montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal; huiréis de la manera que huisteis por causa del terremoto en los días de Uzías rey de Judá; y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos.
El juicio divino en el Día de Jehová
El pasaje nos habla del Día (Juicio) de Jehová, un momento en el futuro en el cual Dios tomará acción en la historia de una manera imponente y poderosa. Es importante señalar que este juicio no es llevado a cabo por las naciones, sino que es obra de Dios. El pasaje menciona la reunión de las naciones contra Jerusalén, la toma de la ciudad y el sufrimiento que caerá sobre la mitad del pueblo judío. Esto puede ser un recordatorio de que las decisiones y acciones de las naciones no pasan desapercibidas ante Dios, Él lo mira y lo sabe todo.
La intervención divina y la esperanza de Israel
Sin embargo, en medio de este juicio, el pasaje también nos revela la intervención directa de Dios. Él saldrá a pelear contra las naciones, y sus pies se afirmarán sobre el monte de los Olivos. Esto simboliza la autoridad y el poder divino. Además, el monte se partirá en dos, creando un valle, y Dios vendrá acompañado de sus santos para establecer su Reino y Gobierno de mil años de paz en la tierra en los cuales no habrá guerra ni habrá dolor.
Es importante entonces que reflexionemos sobre la relación de las naciones con Israel y sobre la soberanía de Dios en la historia. Por supuesto, no debemos usar estos versículos para alimentar el odio hacia ningún pueblo, sino para recordar que Dios tiene un plan divino para Israel y para todas las naciones. A través de estos eventos proféticos, podemos ver que Dios cumple sus promesas y establece su autoridad sobre todas las cosas.
Como cristianos, debemos orar por la paz en Israel y en todo el mundo, incluyendo la paz y el bienestar para el pueblo Palestino. Como creyentes debemos buscar vivir en armonía y amor con nuestros semejantes. Dios es el único que puede juzgar y actuar en su tiempo y según su sabiduría. Que este pasaje nos inspire a buscar la paz, la justicia y el amor en un mundo que tanto lo necesita.




Gracias hermano Chamagua, así lo creo su explicación es clara y así ha sido siempre mi pensar o mi deseo de pensar.
Muy amable hermano Fermin, el Señor bendiga su vida y la de su familia.