Israel-Palestina: ¿Cuál es la voluntad de Dios?

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Hoy quiero compartir con todos ustedes algunas reflexiones que podrían parecer controversiales para muchos, empezando con la pregunta en el título de este mensaje. No obstante, es crucial que nos detengamos, analicemos y busquemos la guía del espíritu del Señor antes de emitir juicios a favor o en contra de algo o alguien ó, como en este caso, de una o de la otra nación.

Todos somos conscientes de los acontecimientos que se han desarrollado entre el pueblo de Israel, el pueblo Palestino y la organización conocida como Hamás, a la que se le atribuye un carácter terrorista y demoníaco, dado sus despiadados actos, en los últimos días.

Utilizo esta descripción porque estoy convencido de que no debemos caer en el error de creer que el pueblo Palestino es sinónimo de Hamás, ni que Hamás represente al pueblo Palestino en su totalidad. Esto sería semejante a acusarme a mí de ser miembro de la MS-13 o de la 18, solamente por el hecho de haber nacido en El Salvador. Estas dos organizaciones pandilleriles y criminales, notorias y sanguinarias, se han dedicado al narcotráfico, a la extorsión, a las violaciones sexuales de niñas y mujeres, al sicariato y demás. Con frecuencia, han descuartizado a sus víctimas. Sin embargo, no se puede afirmar que los ciudadanos salvadoreños sean sanguinarios y criminales igual que ellos, solo porque sus miembros sean originarios de El Salvador.

La analogía es la misma, es cierto que los miembros de la MS-13 o de la 18 pueden ser de origen salvadoreño, pero esto no implica que todos los salvadoreños sean pandilleros, violadores de niñas y mujeres, asesinos y sanguinarios. De manera similar, Hamás es una organización con un pasado terrorista y connotaciones demoníacas que tiene su origen en Palestina, pero esto no significa que todo el pueblo palestino sea terrorista, asesino o sanguinario.

Es fundamental distinguir entre un grupo extremista y la población en general. La generalización sólo perpetúa estereotipos y prejuicios que pueden dificultar la búsqueda de una solución justa y duradera en el conflicto entre Israel y Palestina. Recordemos que el diálogo y el entendimiento son pasos fundamentales hacia la paz en la región.

Las horrorosas acciones de Hamás el sábado 7 de octubre

Es imprescindible destacar que las acciones llevadas a cabo por Hamás el pasado sábado 7 de octubre son indescriptibles en su crueldad. Más de 1,200 personas inocentes fueron asesinadas de manera deliberada y despiadada. No fue el pueblo palestino el responsable de estos actos atroces, sino una organización de origen palestino, caracterizada por su violencia y carácter demoníaco.

Estos actos inhumanos demuestran la falta de humanidad de quienes los perpetraron, son verdaderos demonios, asesinos sin alma. Nuevamente, es crucial recordar que estas acciones atroces no son representativas del pueblo palestino en su totalidad, sino que son perpetradas por miembros de Hamás.

Hamás no mostró piedad al asesinar a jóvenes, ancianos y familias enteras en sus propios hogares. Quemaron vivas a personas en sus casas, en sus vehículos y en las calles. Esto no es representativo del pueblo palestino en su conjunto, sino de una organización terrorista y demoníaca llamada Hamás.

Un acto particularmente horrendo fue la detención de una mujer israelí embarazada. Le abrieron el vientre y sacaron a su bebé, y mientras ella aún estaba viva, incluso con el cordón umbilical unido, le dispararon en el rostro. Lo mismo hicieron con el bebé, que yacía en el suelo. 

Estas atrocidades fueron cometidas por individuos que solo merecen el nombre de demonios, pertenecientes a Hamás. Estos actos viles y sin corazón deben ser condenados enérgicamente. Sin embargo, es esencial recordar que culpar al pueblo palestino en su conjunto por las acciones de esta organización terrorista es injusto e inexacto. 

La paz solo puede lograrse a través del diálogo y la cooperación, y no generalizando a toda una población en base a las acciones de unos pocos. Habiendo aclarado esto, permítanme compartirles algunos puntos como siervo de Dios que soy:

Dios nos ordena que oremos por la paz de Jerusalén (Israel). Salmos 122, versos 6 al 8, literalmente nos dice: Pedid por la paz de Jerusalén (esto significa Pacífica o ciudad de Paz); Sean prosperados los que te aman. Sea la paz dentro de tus muros, y el descanso dentro de tus palacios. Por amor de mis hermanos y mis compañeros Diré yo: La paz sea contigo.

¿Cuando alguien pide oración, la pide porque está bien o porque está mal? ¿Cuál cree usted que es la razón por la cual el Señor de los cielos ordena a su iglesia a que ore por el pueblo de Israel y, particularmente pide que pidamos por la paz de Jerusalén? ¿Será que Jerusalén está en paz o está en guerra?

De ahí que debemos de entender que Dios no está ordenando a su iglesia a que ore por Israel solamente por el hecho de que es su pueblo escogido, que lo es.

Jeremías capítulo 16 versos 14 al 15 nos dice: Por tanto, he aquí, vienen días, declara el SEÑOR, cuando ya no se dirá: “Vive el SEÑOR, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto\”, sino: “Vive el SEÑOR, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte y de todos los países adonde los había desterrado.\” Porque los haré volver a su tierra, la cual di a sus padres. Claramente fué el Señor quien dió la tierra prometida por heredad a los hijos de Israel.

Pero más allá de eso, el Señor pide que oremos por la paz de Jerusalén porque Jerusalén siempre ha e

stado y estará en guerra hasta que Él venga. No es tanto porque Israel sea el pueblo escogido, es más bien debido a que por causa de su rebeldía siempre se mantendrá en guerra rodeado de enemigos.

Veamos lo que nos dice Zacarías capítulo 12, versos 2 al 3: He aquí, yo haré de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos de alrededor, y cuando haya asedio contra Jerusalén, también lo habrá contra Judá. Y sucederá aquel día que haré de Jerusalén una piedra pesada para todos los pueblos; todos los que la levanten serán severamente desgarrados. Y contra ella se congregaron todas las naciones de la tierra.

Ezequiel capítulo 20 versos 33 al 38: `Vivo yo\’, declara el Señor DIOS, `que con mano fuerte, con brazo extendido y con furor derramado yo seré rey sobre vosotros. `Y os sacaré de entre los pueblos y os reuniré de las tierras donde estáis dispersos con mano fuerte, con brazo extendido y con furor derramado; y os llevaré al desierto de los pueblos y allí entraré en juicio con vosotros cara a cara.Leer más.

`Como entré en juicio con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, así entraré en juicio con vosotros\’ –declara el Señor DIOS. `Y os haré pasar bajo la vara y os haré entrar en el vínculo del pacto; y separaré de vosotros a los rebeldes, a los que han transgredido contra mí; y los sacaré de la tierra donde peregrinan, pero no entrarán en la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy el SEÑOR.

¿Debemos de orar por el pueblo de Palestina? o, ¿será que somos llamados a tomar lado? Es decir, ¿debo orar solamente por Israel y no por Palestina? ¿Debo de tomar como amigo a Israel y como enemigo al pueblo de Palestina?

Veamos qué dice la Biblia. Mateo capítulo 5, versículos 44 al 48: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

Ahora pregunto: ¿Es el pueblo Palestino nuestro enemigo? NO. Y si Dios nos manda inclusive a orar por nuestros enemigos, ¿Cómo es posible que no oremos por un pueblo como el palestino que sufre violencia, atracos, hambre, que vive en una carcel abierta y que, dicho séa de paso, es la cárcel más grande del mundo. La realidad es que al pueblo palestino le toca pagar el precio de crueldades que otros han cometido.  Es como si a todos los salvadoreños nos castigaran y nos asesinaran por las crueldades de las pandillas en nuestro país.

En Romanos capítulo 12, versos 17 y 18 leemos: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, tened paz con todos los hombres.”

Note, no paguéis a nadie mal por mal y en cuanto dependa de nosotros, debemos estar en paz con todos los hombres. El pueblo Palestino no nos ha hecho mal alguno y el error más grande que ha cometido es que le tocó nacer en una tierra que nuestro Dios heredó al pueblo de Israel por medio de Abraham, el padre de la fé desde la eternidad. 

Sí vamos a ser prácticos, y no quiero ser ofensivo ni quiero ser mal entendido, pero si vamos a poner todas las cartas sobre la mesa tal y como son y en honor a la verdad: 

Ni el pueblo de Israel ni el pueblo de Palestina son cristianos. No crean ustedes que el pueblo de Israel ama al pueblo cristiano; no es cierto. Los primeros cristianos fueron judíos, los profetas fueron judíos, los apóstoles fueron judíos, el mismo Señor Jesús fue judío en cuanto a la carne, y, ¿cómo los recibieron? Los persiguieron, los mataron a espada, los metieron en la cárcel y los desterraron de sus propias tierras. Solamente necesitamos leer Hebreos capítulo 11 para verificar estos hechos.

La mera verdad es que ni el pueblo de Israel ni el pueblo palestino creen que Jesús, nuestro gran Dios y Salvador, es el Mesías, el Salvador del mundo. El pueblo de Israel hasta el día de hoy rechaza al Señor Jesucristo, igual que el pueblo palestino rechaza al Señor Jesucristo. Por lo tanto, si vamos a orar por uno, oremos también por el otro; ambos necesitan la salvación que nos ofrece Cristo Jesús.

Digo esto porque aquello de que Israel es el pueblo escogido de Dios, aunque es cierto, es muy mal interpretado en la práctica. Ciertamente, y eso es innegable, Israel es el pueblo escogido de Dios pero ha sido a través de toda su historia un pueblo rebelde, desobediente cuyo pecado llegó a tal magnitud que crucificaron y mataron al dador de la vida. Esto les ha traído al pueblo de Israel dolores, persecuciones y consecuencias profundasa lo largo de su historia. 

El Apóstol Pedro, siendo Judío se los dijo en Hechos, capítulo 2, versículos 22 al 24: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, aprendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificandole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.”

Entonces, sí es cierto que Jesús es Dios manifestado en carne, El es el que ES, Y QUE ERA Y QUE HA DE VENIR; igual de cierto es que el pueblo Palestino no es cristiano, no cree en el evangelio de nuestro Cristo, jamás ha sido y quizás jamás séa bautizado en el nombre del Señor Jesús porque es un pueblo musulman al cual su religión le ha cegado el entendimiento. Pero igual de verdad es que tampoco el pueblo de Israel es cristiano, igual de cierto es que el pueblo de Israel no cree en Jesús como su Señor y Salvador y de hecho, es a otro mesías al cual el pueblo de Israel espera con los brazos abiertos.  

Por eso el mismo Señor Jesús profetizando sobre esto dijo lo siguiente dos mil años atrás; San Juan capítulo 5 verso 43: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis.” Ahí le estaba hablando al incrédulo pueblo de Israel, y les dijo de frente: Ustedes me rechazan a mí, su verdadero Dios y Salvador, pero recibirán al diablo quién vendrá disfrazado de mí.

¿Y entonces en qué quedamos? ¿Cuál es la voluntad del Señor? ¿Debemos solamente orar por el pueblo de Israel o debemos de incluír en nuestras oraciones al pueblo Palestino? 

Recuerde, ninguno de estos dos pueblos es cristiano, ni Israel lo es ni Palestina lo es. El primero es Judaizante y el segundo es musulman.

Escribiendo a los Gálatas, capítulo 1, versos 6 al 10, el apóstol Pablo les dijo: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.”

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cuál es la voluntad del Señor? Sencillo, no necesitamos quebrarnos la cabeza, la revelación ya nos fué dada dos mil años atrás. Vayamos a Efesios, capítulo 2, versículos 11 al 22: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles (los palestinos son gentiles igual que nosotros) en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión (el pueblo de Israel) hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Cerremos entonces nuestro pensamiento con la palabra divina que encontramos en Gálatas, capítulo 3, versículos 23 al 29: “Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

Que la paz y la misericordia del Señor llene cada una de nuestras vidas. Amén.

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