Experimentamos una época de tumultuosos cambios en el mundo de hoy

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Experimentamos una época de cambios tumultuosos en el mundo actual, donde las fuerzas que moldean nuestro futuro están en constante movimiento, aún sin tener un destino claro. Todo apunta a que las cosas se pondrán peor antes de ponerse mejor. Esta dinámica ha dado lugar al surgimiento de nuevos actores y liderazgos, especialmente en el ámbito de la sociedad civil y las iglesias evangélicas o protestantes. Los nuevos actores y liderazgos, en su llamado a la paz, encuentran eco en las escrituras. Sin embargo, el texto bíblico advierte: “Cuando digan paz, paz, entonces vendrá la destrucción”.

1 Tesalonicenses 5:3, expresa: \”Cuando digan: \’Paz y seguridad\’, entonces, de repente, la destrucción caerá sobre ellos como los dolores de parto a una mujer que está encinta, y no escaparán\”.

Lamentablemente, muchos concilios y movimientos evangélicos carecen de formación política y visión global, convirtiéndose en peones manipulados por intereses partidistas. Esta situación se observa tanto en países latinoamericanos como en Estados Unidos, donde la iglesia evangélica blanca nacionalista ha respaldado mayoritariamente a Donald Trump desde su irrupcion en la politica de la nacion en el 2015.

Frente a esto, la iglesia debe recordar su mandato de difundir el evangelio y disciplinar a todas las naciones (Mateo 28:19; Lucas 24:46-47)). Es crucial fortalecer liderazgos con una profunda comprensión de los valores cristianos y las artimañas del mundo, para no caer en la manipulación política (Efesios 6:12).

Al abordar los problemas sociales, la iglesia debe confrontar las injusticias estructurales que generan pobreza y opresión (Isaías 1:17). La corrupción y el abuso de poder son males arraigados que socavan el tejido social y legal (Proverbios 28:16), perpetuando la violencia y la desigualdad.

Es crucial que la iglesia brille como luz en la oscuridad (Mateo 5:14), ofreciendo esperanza y transformación en un mundo marcado por la decadencia y la injusticia (Juan 8:12). Debe redescubrir su propósito de ser la sal de la tierra y la luz del mundo (Mateo 5:13-16), trabajando incansablemente por un mundo más justo y amoroso, guiada por los principios del Evangelio.

La iglesia debe recordar su mandato de difundir el evangelio y disciplinar a todas las naciones. Es imperativo potenciar liderazgos con una comprensión profunda de los valores cristianos y las artimañas del mundo. La iglesia no debe ser subordinada a ningún interés terrenal, sino ser líder en la promoción de valores como la verdad, la solidaridad, la tolerancia y el amor divino.

Al abordar problemas sociales, la iglesia debe enfrentar las injusticias estructurales que subyacen a la pobreza y la opresión. Estas injusticias, alimentadas por el abuso de poder, socavan el tejido social y legal de la sociedad. La corrupción y el abuso de poder son males arraigados en muchas sociedades, generando violaciones de derechos y desigualdad. Es tanta la violencia, injusticia y desigualdad bajo la que muchas naciones han vivido sometidas durante decadas y decadas de años que, hay gobernantes hoy, como lo es el caso de El Salvador, en donde a la ciudadanía le quitan absolutamente todos sus derechos de ciudadanos y la gente, anonadada por la propaganda, no solamente aplaude y celebra los abusos extremos sino que además da inclusive, más poder al gobernante.

Siempre en la raíz de las situaciones de injusticia, generadoras de pobreza, se encuentra el abuso del poder. Abuso tanto del poder que tienen las autoridades o ciertos grupos económicos, religiosos, políticos, sociales o incluso de los individuos. El abuso del poder quiebra el ordenamiento legal y cultural de la sociedad. En sociedades en las que la corrupción se ha anidado fuertemente, muchos paises latinoamericanos para el ejemplo, en las estructuras de poder, la injusticia, el atropello y la violación de los derechos es cada vez más frecuente. Podríamos citar una infinidad de ejemplos, pero el tema central de este artículo no es denunciar las acciones grotescas y abusos de poder de muchos gobernantes de hoy, sino más bien, el tema central es encontrar la manera y el camino correcto para que la Iglesia del Señor Jesucristo cuya responsabilidad es ser la Sal de la tierra y la luz del mundo, verdaderamente alumbre y santifique a ese mundo que se pudre y que vive rodeado de tanta oscuridad.  

El llamado de la iglesia es ser la luz en la oscuridad, ofreciendo una alternativa de esperanza y transformación en un mundo marcado por la decadencia, la manipulación, la propaganda masiva y la injusticia. Es momento de que la iglesia redescubra su propósito de ser la sal de la tierra y la luz del mundo y trabajar por un mundo más justo y amoroso.