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Corría el año de 1953 y, para despedirlo en aquel mes de diciembre, se popularizó la canción “El Año Viejo”, interpretada por Tony Camargo. Esta melodía, que con el paso del tiempo se ha convertido en un clásico de la música latinoamericana, resonaba en los hogares y fiestas con su pegajoso ritmo y su mensaje optimista:
“Yo no olvido al año viejo porque me ha dejado cosas muy buenas ay yo no olvido al año viejo porque me ha dejado cosas muy buenas mira! me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca, y una buena suegra ay me dejó una chivita, una burra muy negrita, una yegua muy blanquita y una buena suegra… ay me dejó, me dejó, me dejó cosas buenas, cosas muy bonitas.”
Han pasado 71 años desde que esta canción comenzó a escucharse, pero su mensaje sigue vigente. Cada año que termina nos invita a reflexionar sobre lo que hemos vivido y aprendido. La letra de “El Año Viejo” puede parecer sencilla y hasta humorística, pero encierra una profunda enseñanza: siempre hay algo que agradecer, sin importar cuán desafiantes hayan sido los días.
Ahora, al acercarnos al final de este año, surge una pregunta que todos deberíamos hacernos: ¿Qué nos ha dejado el año viejo? Tal vez no haya sido una chiva, una burra negra o una buena suegra, pero seguro que cada uno de nosotros ha recibido algo valioso. Quizás fue salud, madurez, experiencia, una nueva oportunidad de trabajo, el inicio de estudios o un encuentro renovador con Dios.
La vida, con sus altibajos, nos regala lecciones que a menudo pasan desapercibidas en la prisa diaria. Un año puede dejarnos el regalo de la paciencia, la fortaleza ante las adversidades o la alegría de compartir momentos especiales con nuestros seres queridos. Otras veces, el año nos deja pruebas y desafíos que, aunque difíciles, nos ayudan a crecer y forjar nuestro carácter.
Es importante recordar que la gratitud transforma nuestra perspectiva. Agradecer por lo que tenemos, por lo que hemos aprendido y por quienes nos acompañan en el camino nos ayuda a iniciar el nuevo año con esperanza y renovación. Como dice el refrán, “no hay mal que por bien no venga”, y quizás las dificultades del pasado se conviertan en las bendiciones del mañana.
En este cierre de ciclo, podemos hacer una pausa para reflexionar. Tomemos unos minutos para pensar en lo que el año viejo nos ha dejado. Escribamos una lista de las experiencias, aprendizajes y bendiciones que hemos recibido. Y así, con corazón agradecido, preparemos el terreno para recibir el nuevo año con optimismo y fe.
Que la lección de la canción de Tony Camargo nos inspire a valorar las pequeñas y grandes cosas que la vida nos regala. Y así como en 1953 la gente celebraba con música y alegría, que nosotros también podamos despedir este año con gratitud y esperanza, confiando en que lo mejor está por venir.
Feliz Año Nuevo 2025 a todos en todo el mundo. Amen.



