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Por Pastor William Osmar Chamagua
Efesios 6:10-13
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.”
Introducción: El Contexto de la Injusticia, el Odio, el Racismo
En los últimos 10 años, hemos sido testigos de un aumento en la hostilidad hacia nuestros hermanos latinoamericanos en los Estados Unidos, manifestándose en políticas xenófobas, discriminatorias, excluyentes, discursos de odio y acciones sistemáticas que deshumanizan a nuestros hermanos. Desde una perspectiva política y social, es evidente que el odio, el racismo, la xenofobia, la exclusión y el “control social” son herramientas de represión utilizadas por figuras como Donald Trump y sus seguidores (MAGA) para mantener estructuras de poder opresivas.
¿Qué son las políticas xenófobas?
Las políticas xenófobas son leyes, normas o acciones gubernamentales que discriminan, excluyen o perjudican a personas extranjeras o migrantes, basándose en prejuicios étnicos, nacionales o culturales. Estas medidas suelen justificarse con argumentos de “seguridad nacional” o “protección económica”, pero en realidad promueven el odio, la segregación y la violación a los derechos humanos.
Hoy tenemos ejemplos concretos de estos abusos de autoridad bajo el actual gobierno de Donald Trump:
Han aprobado leyes antiinmigrantes (como deportaciones masivas o separación familiar) sin el debido proceso (Habeas Corpus). Han creado barreras físicas y legales (muros fronterizos, dificultad para obtener visas o denegación de asilo político). Agregado a esto, están convirtiendo en “indocumentados” a cientos de miles de ciudadanos de Venezuela, Haití, Honduras, Nicaragua y otras naciones con Temporary Protection Status (TPS). Utilizan de forma permanente una retórica estigmatizante y amenazante, llamando a nuestros hermanos ” migrantes criminales” o “invasores” que “serán cazados” y deportados. Encima de todo esto, están negando servicios básicos como la salud y la educación a todas las familias que tienen un estado irregular.
¿Cual es el Impacto de Todo Esto?
- Deshumanización de comunidades migrantes.
- Aumento de la violencia racial y discursos de odio.
- Violación de principios bíblicos (Éxodo 22:21, Mateo 25:35).
Sin embargo, como creyentes y como Iglesia del Señor, sabemos que el problema no se limita a las obras de maldad humana. La Biblia nos enseña que detrás de toda injusticia, abuso y violencia terrenal como la que vemos hoy, hay una batalla espiritual contra fuerzas de maldad que manipulan sistemas, gobiernos y corazones: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12, RVR1960).
La Raíz del Problema: Potestades de Maldad en las Regiones Celestes
El Pastor Jaime Lazaro, uno de nuestros consiervos en el ministerio del Reino de los Cielos nos compartía recientemente en un grupo que WhatsApp: “Las potestades también son estructuras humanas o sistemas organizados que han perdido su propósito original de servir al bien común y se han corrompido, volviéndose opresoras. Las estructuras que persiguen a los inmigrantes indocumentados son potestades modernas: sistemas que han perdido su vocación de justicia y actúan como opresores. La iglesia está llamada no a temerlas, sino a confrontarlas y resistirlas con el poder del Espíritu Santo, encarnando el amor, la compasión y la hospitalidad.”
Todo esto nos lleva a comprender que las “potestades” no son simplemente demonios individuales, sino sistemas de opresión corrompidos por el pecado. En este caso, el Gobierno Federal de los Estados Unidos se ha convertido en un instrumento de estos males. El Poder deshumanizante, la Avaricia voraz, la Arrogancia institucionalizada, la Adulación al status quo y un Ego sin límites son espíritus que se manifiestan en estas estructuras, utilizando a quienes las controlan para oprimir, saquear y perpetuar ciclos de muerte. Bajo máscaras de legalidad, promueven políticas de odio, persecución sistemática y exclusiones letales que destruyen vidas, familias y comunidades. El racismo sistémico, las políticas antiinmigrantes, y la deshumanización de los pobres son expresiones de estas potestades. Trump y sus seguidores no son el enemigo final, sino instrumentos (conscientes o inconscientes) de fuerzas espirituales demoníacas de maldad de las regiones celestes que buscan dividir, oprimir y destruir. Son, en otras palabras, la manifestación en el territorio humano de espíritus angustiadores que han venido para matar, robar y destruir.
En las escrituras tenemos varios ejemplos de esto, una vez más la historia se repite: Faraón en el libro de Éxodo representaba un sistema opresor que esclavizaba al pueblo de Dios. Moisés no solo confronta al gobernante Faraonico, sino que además confronta al espíritu de opresión detrás de Egipto. Hoy, el sistema migratorio injusto, los centros y campos de concentración llamados “Alligator Alcatraz” para la detención de familias completas y la retórica xenófoba son simplemente manifestaciones de los “faraones (demonios) modernos”.
Las Potestades como Estructuras Corruptas
Como bien lo anota el Pastor Jaime Lázaro: “Las potestades también son estructuras humanas o sistemas organizados que han perdido su propósito original de servir al bien común y se han corrompido, volviéndose opresoras.”
Es por esto que, originalmente el sistema migratorio de EE.UU. fue creado (en teoría) para ordenar, pero hoy criminaliza al pobre. Las redadas, las deportaciones masivas y la separación familiar no son solo políticas, sino mecanismos de terror inspirados por el enemigo. Los medios de comunicación que deshumanizan a los migrantes y a los más vulnerables entre nosotros son voceros de estas potestades de las regiones celestes.
¿Cómo Responder?
Como Iglesia a una sola voz debemos denunciar con valentía (Isaías 1:17). Debemos servir al migrante (Mateo 25:35). Debemos interceder proféticamente contra todas estas estructuras de maldad de las regiones celestes (Daniel 10).
El Rol de la Iglesia: Entre la Compasión y la Resistencia
“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor.” (Lucas 4:18-19).
La Iglesia Debe:
Enfrentar las potestades con autoridad espiritual (oración, ayuno, declaraciones proféticas). Encarnar el amor práctico:
- Redes de apoyo a migrantes.
- Asistencia legal y alimenticia.
- Refugio para indocumentados (Hebreos 13:2).
- Movilizarse políticamente pero con conocimiento claro y profundo:
- Exigir reformas migratorias justas.
- Votar con conciencia profética.
Ejemplo Histórico:
Los santos reformadores, como William Wilberforce en su lucha contra la esclavitud, no se conformaron con orar: transformaron la realidad con acción política y perseverancia. Estos hombres y mujeres de fe entendieron que la justicia divina no solo se predica, sino que se encarna en leyes y estructuras. Wilberforce, impulsado por su convicción cristiana, dedicó décadas a combatir el comercio de esclavos en el Imperio Británico, logrando su abolición en 1807 y la emancipación total en 1833. Fue una batalla espiritual y política: venció la indiferencia, la codicia de su época y las “potestades” económicas que se beneficiaban de la opresión.
Su ejemplo demuestra que la fe sin obras está muerta (Santiago 2:17). Hoy, frente a sistemas corruptos como el Gobierno de Estados Unidos —donde el poder, la avaricia y la arrogancia siguen oprimiendo—, los creyentes estamos llamados a imitar su legado: denunciar el mal, movilizarnos y reformar las leyes que legitiman la injusticia.
La historia demuestra que el verdadero discipulado cristiano no se conforma con la piedad privada, sino que confronta las estructuras injustas. Figuras como Martin Luther King Jr., Dorothy Day y Gary Haugen encarnan esta tradición, mostrando que la fe sin acción política es cómplice del statu quo.
Martin Luther King Jr.: El profeta de los derechos civiles
King no solo predicó sobre el amor al prójimo; desafió las leyes racistas del segregacionismo estadounidense. Inspirado por la teología social del Evangelio y la desobediencia civil no violenta de Gandhi, lideró boicots, marchas y campañas que derribaron el sistema legal de Jim Crow. Su lucha culminó en el Civil Rights Act (1964) y el Voting Rights Act (1965), demostrando que la justicia bíblica exige cambios legislativos.
“La Iglesia no es la dueña del Evangelio, sino su sirvienta. Y si no denuncia la injusticia, es una Iglesia muda.”
Dorothy Day: La mística de la justicia social
Fundadora del Catholic Worker Movement, Day vivió radicalmente las Bienaventuranzas, combatiendo la pobreza no solo con soporismo, sino con acción política. Abogó por el pacifismo durante las guerras mundiales, apoyó huelgas laborales y criticó el capitalismo deshumanizante, exigiendo reformas económicas basadas en la Doctrina Social de la Iglesia.
“No llamamos ‘caridad’ a dar migajas al pobre; justicia es que nadie tenga que pedirlas.”
Gary Haugen: El abogado de los invisibles
En el siglo XXI, Haugen (fundador de International Justice Mission) sigue este legado, combatiendo la trata de personas y la esclavitud moderna no solo con oración, sino con litigios estratégicos. Su trabajo ha llevado a condenas de traficantes, reformas legales en países como Filipinas y la liberación de miles de víctimas, probando que el mal estructural se vence con leyes y ejecución judicial.
“Dios no necesita más admiradores; necesita guerreros que luchen por Su justicia en este mundo.”
Estos reformadores no separaron lo espiritual de lo político: entendieron que las “potestades” (Efesios 6:12) se manifiestan en sistemas corruptos, y que el Reino de Dios exige tanto conversión personal como transformación social.
Hoy, frente a gobiernos que oprimen, economías que excluyen y leyes que deshumanizan, la Iglesia debe decidir:
- ¿Será una voz profética como King?
- ¿Un refugio radical como Day?
- ¿Un brazo ejecutor de justicia como Haugen?
La oración es el cimiento, pero sin acción política, la fe se vuelve irrelevante.
Victoria en Cristo Sobre las Potestades
“Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Corintios 15:57).
Verdades Claves:
- El mal ya está derrotado en la Cruz (Colosenses 2:15).
- Somos llamados a ser luz en las tinieblas (Mateo 5:14).
- La justicia social es un acto de adoración (Amós 5:24).
Llamado a la Acción:
- Ora por los oprimidos y los opresores.
- Actúa uniéndote a ministerios de justicia social.
- Profetiza contra el racismo y la xenofobia.
¡La Iglesia debe ser baluarte de justicia y refugio para el extranjero!
¿Qué pasos prácticos tomaremos para combatir estas potestades en nuestro mundo?



