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Texto Base: Romanos 9:6-8, Gálatas 3:26-29, 1 Pedro 2:9-10

INTRODUCCIÓN

Debemos comenzar por decir que Dios jamás ha dado un cheque en blanco a nadie, ni a una persona ni a ninguna nación, incluyendo a Israel. Si usted y yo viajamos al Antiguo Testamento, nos encontraremos con que una y otra vez el Señor castiga, reprende y exhorta a Israel por su pecado, por sus abusos, por su idolatría y por su injusticia. Muchas veces levantó pueblos paganos para castigarlos. Así fue como terminaron como esclavos en Babilonia y fueron liberados por el rey Ciro de Persia (el actual Irán), pero no sin antes haber sufrido el exilio por desobedientes, idólatras e injustos.

Al final, fue tanta la ceguera de Israel que el Señor calló y enmudeció, y los dejó solos. Tras cuatrocientos años de silencio divino, terminaron decapitando a Juan el Bautista, el más grande de los hombres nacidos de mujer, y crucificaron al Mesías, Dios manifestado en carne. Todo por su dureza de corazón. Hoy, Israel sigue negando a Jesús; es un pueblo no creyente y siguen siendo engañados al creer que solamente por ser judíos son automáticamente salvos. La Biblia niega rotundamente eso, y nosotros haríamos bien en poner más atención y estudio a estas cosas para no ser engañados.

Hermanos, hay una pregunta que ha generado confusión y mucha controversia en el corazón de muchos creyentes: ¿Quién es verdaderamente el pueblo escogido de Dios? ¿Es la nación llamada Israel de hoy? ¿Es la Iglesia? ¿Cuál es el pueblo escogido de Dios?

En nuestros días, escuchamos con frecuencia enseñanzas que afirman que debemos apoyar incondicionalmente al estado de Israel y a su gobierno, porque supuestamente son el pueblo escogido de Dios. Se nos dice que quien bendice a Israel será bendecido, y quien lo maldice será maldito.

Pero, ¿es esto lo que realmente enseña la Palabra de Dios? ¿Acaso Dios ha puesto Su sello de aprobación sobre todo lo que hace un gobierno terrenal, incluso cuando comete actos y atrocidades que contradicen Su carácter Santo? ¿Y qué significa verdaderamente ser el “pueblo escogido de Dios”?

Hoy abriremos juntos las Escrituras para encontrar respuestas claras, dejando que la Biblia hable por sí misma.

EL PUEBLO ESCOGIDO EN EL ANTIGUO PACTO

Dios ciertamente escogió a Abraham y a sus descendientes según la carne para ser un pueblo especial. En Deuteronomio 7:6, Dios declara: “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.”

Sin embargo, desde el principio, Dios dejó claro que esta elección no era por méritos propios, sino por Su gracia y con un propósito específico: ser una luz para las naciones: Isaías 42:6…  “Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones.” 

Dicho de otra manera, Israel estaba supuesto a ser aquel pueblo por medio del cual vendría la bendición de todas las familias de la tierra: el Mesías, Jesucristo.

Pero la historia bíblica muestra que Israel, como nación, falló repetidamente. Los profetas denunciaron la injusticia, la opresión y la idolatría del pueblo. Dios mismo, a través de los profetas, advirtió que la mera descendencia física no garantizaba la bendición.

¿DIOS BENDICE A QUIEN BENDICE A ISRAEL? ANALIZANDO GÉNESIS 12:3

Uno de los versículos más citados es Génesis 12:1-3: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré.”

Es fundamental entender este pasaje en su contexto original:

  1. La promesa fue dada a Abraham como individuo, y en él a su simiente, que la Escritura revela es Cristo. Gálatas 3:16 nos dice: “No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.”
  2. La bendición no es automática para ningún gobierno terrenal. Dios no respalda la injusticia. A lo largo del Antiguo Testamento, cuando Israel actuaba en injusticia, idolatría y desobediencia, Dios mismo levantaba naciones en contra de ellos para juzgarlos.
  3. La verdadera bendición de Abraham viene por la fe en Cristo. Gálatas 3:14: “Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”

Por lo tanto, usar Génesis 12:3 para justificar un apoyo incondicional a cualquier gobierno terrenal —incluyendo al estado de Israel— es sacar el versículo de su contexto redentivo.

La Iglesia ante la crisis en Gaza: una llamada a la reflexión bíblica

Durante muchos años, he sido cuestionado como creyente del evangelio por supuestamente apoyar el genocidio que el actual gobierno de Israel ha cometido contra pueblos militar y económicamente más débiles, como el pueblo palestino. Es indiscutible el horror, el abuso y la violencia a los que el pueblo palestino ha sido sometido durante ya muchas décadas. Miles de familias —cuyo número asciende ya a decenas de miles de víctimas mortales— han sido asesinadas, y Gaza es hoy, básicamente, una cárcel al aire libre para más de dos millones y medio de personas.

Gran parte de la confusión que existe en la iglesia, en cuanto al apoyo o «cheque en blanco» que la mayoría de los creyentes da a Israel, se debe a la ignorancia bíblica. Porque, aunque en Mateo 24:4 el Señor Jesucristo nos dice que escudriñemos las Escrituras para que nadie nos engañe, muy a pesar de eso, no lo hacemos y padecemos una ignorancia permanente de lo que la Palabra de Dios enseña y permite.

Es importante que sepamos distinguir entre la profecía bíblica (los eventos predichos) y lo que Dios aprueba moralmente. Por ejemplo: el Anticristo, Satanás manifestado en carne, es una profecía que se cumplirá, pero eso no significa que Dios apruebe al Anticristo. En los últimos tiempos, dice la profecía bíblica, los hombres serán amadores de sí mismos más que de Dios, habrá confusión, hambre, pestilencias, el amor de muchos se enfriará y, por haberse multiplicado la maldad, habrá matricidios, parricidios y los hombres se acostarán con hombres como con mujeres, pero eso no significa que Dios apruebe esas conductas homosexuales.

Dentro de toda la profecía también se encuentra la dicha por el profeta Ezequiel, concerniente al valle de los huesos secos que volverían a tener vida, y que claramente habla de la aparición del pueblo de Israel moderno, nacido el 14 de mayo de 1948, en cumplimiento de la profecía de Ezequiel. Entendamos: eso es profecía, no significa que Dios apruebe el comportamiento de Israel ni que esté de acuerdo con que su gobierno haga lo que le dé la gana, mate a quien quiera, asesine familias completas y encarcele a cielo abierto a dos millones y medio de personas. Claramente Dios no aprueba eso. No le ha dado un cheque en blanco a Benjamín Netanyahu ni le ha dicho a la iglesia que le dé un cheque en blanco a Israel para que cometa todo tipo de atrocidades.

Sí, claro, Dios nos ha mandado a orar por la paz de Jerusalén (Salmo 122:6), pero no a poner un sello de aprobación a todos sus abusos y crímenes de lesa humanidad cometidos contra cientos de miles y millones de personas inocentes. Como creyentes, estamos llamados a amar la justicia, defender al oprimido y discernir entre el plan profético de Dios y la voluntad moral que Él ha revelado en toda la Escritura.

¿QUIÉN ES EL PUEBLO ESCOGIDO HOY?

La respuesta más clara la encontramos en el Nuevo Testamento. Después de la venida de Cristo, la definición del pueblo de Dios se amplía y se profundiza:

No todos los descendientes de Israel son verdadero Israel

Romanos 9:6-8:

“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendencia.”

Pablo es contundente: la descendencia física no garantiza ser hijo de Dios.

Los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen fe en Cristo

Gálatas 3:26-29:

“Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús… si sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

La Iglesia es ahora el pueblo escogido de Dios

1 Pedro 2:9-10:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”

Estas palabras, que en el Antiguo Testamento describían a Israel, ahora son aplicadas a la Iglesia —compuesta por judíos y gentiles que han creído en Jesús.

EL RECHAZO DE JESÚS Y LA ADVERTENCIA DE PABLO

Jesús mismo advirtió a los líderes religiosos de su tiempo: “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21:43).

El apóstol Pablo, quien era fariseo y descendiente de Abraham, lamentaba que muchos de sus hermanos según la carne no creyeran en el Mesías. Pero advirtió en Romanos 11:20-21:

“Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.”

Pablo enseña que los judíos que no creen en Cristo han sido desgajados, y los gentiles que creen han sido injertados. Pero también advierte que no debemos enorgullecernos.

¿APOYAR INCONDICIONALMENTE? EL EJEMPLO DE LOS PROFETAS

Hermanos, es crucial entender que Dios nunca ha bendecido la injusticia, ni siquiera cuando la cometía Su propio pueblo terrenal.

Los profetas del Antiguo Testamento denunciaron con firmeza los pecados de Israel:

  • Amós denunció la opresión de los pobres (Amós 2:6-8)
  • Isaías llamó a buscar la justicia y reprender al opresor (Isaías 1:17)
  • Miqueas declaró: “Él te ha mostrado, oh hombre, lo que es bueno… practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8)

Cuando el pueblo de Israel se desviaba y cometía atrocidades, Dios no solo no los bendecía, sino que los entregaba en manos de sus enemigos. La bendición de Dios no es un cheque en blanco para ningún gobierno.

UNA ADVERTENCIA ACTUAL: LA BLASFEMIA Y LA INCREDULIDAD

Recientemente, hemos sido testigos de declaraciones como la del actual Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu, quien comparó al Señor Jesucristo con Gengis Kan un viejo conquistador del Reino Mongol.. Más allá de las implicaciones políticas, esto revela algo profundamente espiritual: la continuidad del rechazo a Jesús como Mesías.

El apóstol Juan lo expresó claramente: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Y Jesús mismo declaró: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

No podemos, bajo ningún pretexto bíblico, otorgar un respaldo espiritual a quienes niegan a Cristo, blasfeman Su nombre y rechazan Su señorío. Nuestra lealtad suprema es a Jesucristo, no a ningún gobierno terrenal.

NUESTRA POSICIÓN COMO IGLESIA

¿Qué debemos hacer entonces como iglesia?

  1. Amar a todas las personas, incluyendo a los judíos y a los palestinos, porque todos son creados a imagen de Dios. Nuestro llamado es a predicar el evangelio a toda criatura. Ni los Judios creen en Jesús nuestro Señor ni los Palestinos. 
  2. Debemos defender la justicia, siguiendo el ejemplo de los profetas. Debemos estar del lado de los oprimidos, de los débiles, de los que sufren la injusticia, sea quien sea el opresor.
  3. No confundir el pueblo escogido de Dios (la Iglesia) con un gobierno terrenal. Nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20).
  4. Orar por la paz de Jerusalén, pero entendiendo que la verdadera paz solo vendrá cuando reconozcan a Jesucristo como el Príncipe de Paz.

CONCLUSIÓN

Hermanos, el pueblo escogido de Dios hoy es toda persona, judía o gentil, que ha puesto su fe en Jesucristo, que obedece Su palabra y que produce frutos dignos de arrepentimiento. No hay salvación en ningún otro “porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombre en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:11-12).

No seamos engañados por enseñanzas que confunden el reino de Dios con los reinos de este mundo. Nuestro llamado no es a apoyar ciegamente a ningún gobierno, sino a ser embajadores del Reino de Cristo, anunciando que en Él hay salvación, justicia y paz.

Como dijo el apóstol Pedro: “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Que el Señor nos dé sabiduría, discernimiento y amor para representar fielmente Su Reino en estos tiempos.

Señor Jesucristo, te damos gracias porque en Ti somos hechos pueblo escogido, no por nuestras obras sino por Tu gracia. Danos discernimiento espiritual para entender tu Palabra correctamente. Ayúdanos a amar a todos, a defender la justicia, y a proclamar sin temor que solo en Ti hay salvación. Guarda nuestra fe y mantennos firmes en la verdad. Amén.

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