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Queridos hermanos y hermanas,
En estos tiempos en los cuales las tasas de divorcio parecen ser más altas que las tasas de matrimonios, y la familia tradicional está bajo un ataque perverso del enemigo, es crucial que prestemos atención y meditemos profundamente en estas cosas. Vivimos en una época donde la depresión, los ataques de ansiedad, los ataques de pánico y todo tipo de enfermedades mentales han aumentado, con el fin de destruir la vida humana y el núcleo que la sostiene, el cual es la familia.
La familia tradicional, el matrimonio, se ve complicado y atacado por las sociedades modernas y sus estilos liberales de vida. Las tecnologías han cambiado el rumbo del mundo en el cual vivimos, y las acechanzas del diablo se han multiplicado a la décima potencia.
Reflexión Bíblica: Colosenses 3:12-14
En Colosenses 3:12-14 (RVR1960) leemos: \”Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.\”
Este pasaje bíblico describe varias cualidades que conforman el carácter cristiano: misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, paciencia, perdón y, sobre todo, amor. Estas virtudes son esenciales para vivir una vida que refleje el carácter de Cristo, y son aún más cruciales en el contexto del matrimonio y la familia.
El Precio del Matrimonio
El matrimonio tiene un precio alto y es importante dedicar el pensamiento y esfuerzo necesario no solamente para fortalecerlo, sino también para mantenerlo.
Si no te gusta ceder, no te cases. Si odias pedir perdón, no te cases. Si te cuesta perdonar, no te cases. Si no quieres renunciar a las cosas que te gustan por alguien, no te cases. Si solo piensas en tu felicidad, no te cases. Si amas tu independencia y hacer las cosas por tu cuenta sin consultar a nadie, no te cases. Si solo quieres hacer lo que a ti te gusta, no te cases. Si no sueles asumir errores, no te cases.
El matrimonio nos desafía a moldear nuestro carácter. Si deseas vivir solo para ti, entonces no te cases. En el matrimonio se vive el uno para el otro, pero muchos se cansan y renuncian porque solo buscan su propia felicidad y satisfacción. Casarse es muy bueno, pero nadie dijo que fuera fácil.
Conclusión
Hermanos y hermanas, en estos tiempos difíciles, debemos recordar la importancia de la familia y el matrimonio. Debemos vestirnos con las virtudes cristianas y estar dispuestos a sacrificarnos y trabajar arduamente para mantener y fortalecer nuestros lazos familiares. Que el amor de Cristo sea siempre el vínculo perfecto que nos una y nos dé la fuerza para enfrentar cualquier desafío.



