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Vivimos en un mundo hedonístico que, por ignorancia, no le teme al infierno, pero que debería estar huyendo de él cada día que vive. La búsqueda constante de placer y satisfacción material ha cegado a muchos respecto a las realidades espirituales y eternas. En lugar de considerar las consecuencias eternas de sus acciones, las personas se sumergen en un ciclo de indulgencia y despreocupación. Sin embargo, las Escrituras nos advierten repetidamente sobre el juicio y el castigo eterno que aguardan a aquellos que rechazan a Dios y viven conforme a los deseos del mundo. Jesús mismo habló más sobre el infierno que sobre el cielo, enfatizando la gravedad de este destino para los impíos.
La indiferencia hacia el infierno no cambia su realidad. Proverbios 14:12 dice: \”Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte\”. Este versículo nos recuerda que lo que parece placentero y correcto en esta vida puede llevar a la destrucción eterna. Cada día es una oportunidad para arrepentirse y volver a Dios, huyendo del juicio que inevitablemente vendrá. Es crucial despertar de la ignorancia y la complacencia, y buscar una vida que honre a Dios y asegure una eternidad en su presencia.
En un mundo hedonístico, ignorante del mundo espiritual, se nos llama a recordar las palabras del apóstol Juan en 1 Juan 2:15-17: \”No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre\”.
El hedonismo, que busca la gratificación personal por encima de todo, puede llevarnos por un camino de placer temporal pero vacío. En el mundo hedonista de hoy, este se manifiesta en todo, Hollywood, el movimiento LGTB+, las redes sociales, los medios de comunicación digitales, tradicionales y escritos. Lo ha contaminado todo, los gobiernos, las sociedades, la familia y hasta la misma iglesia, contaminada hasta los tuétanos con la apostasía. Esta realidad nos insta a recordar también las palabras de Jesús en Mateo 16:26: \”Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?\”.
De ahí que la posibilidad real de que el hombre pierda su alma nos lleva al tema crucial del Infierno. En la actualidad, hay una tendencia alarmante de minimizar este concepto en la iglesia, y digo en la iglesia porque en el mundo el tema del infierno no pasa de ser un tema de chiste y de burla. Por supuesto, el hecho que este tema no tenga la prioridad que debe de tener en la iglesia es debido a que experimentamos por estos días un cristianismo apóstata. Muchos creyentes evitan hablar del infierno o lo reinterpretan para hacerlo menos aterrador a sus oyentes. Sin embargo, Jesucristo no dudó en advertir sobre él. En Mateo 5:22 y 5:29, habla del peligro de ser arrojado al \”infierno de fuego\”. Marcos 9:43 lo describe como un \”fuego que no se apaga\” y en Marcos 9:45 menciona que es el lugar donde el inicuo es \”echado\”. En Marcos 9:48, describe el infierno como un lugar de tormento eterno, \”donde el gusano no muere y el fuego no se apaga\”. Estas referencias son estremecedoras, pero nos recuerdan la urgencia de la salvación.
A muchos en el mundo moderno, e incluso entre los creyentes, les resulta difícil aceptar que Jesús desempeñe un papel activo en la destrucción de los impíos. Sin embargo, las Escrituras son claras al respecto. Nuestro Señor, con Sus ángeles, reunirá a todos los que practican la iniquidad y los arrojará al horno de fuego, donde habrá llanto y crujir de dientes (Mateo 13:41-42). Cristo describe este lugar como las \”tinieblas de afuera\” (Mateo 25:30). Quienes dudan de que Cristo hablara del juicio venidero, no han prestado atención a los evangelios. Jesús habló frecuentemente del juicio futuro, utilizando un lenguaje vívido (Mateo 3:12; 7:22-23; 10:28; 11:23; 13:30, 41-42, 49-50; 23:16, 33; 25:10, 31-33; 26:24; Marcos 8:36; 9:43-48; 16:16; Lucas 9:25; 12:9-10, 46; Juan 5:28-29).
De ahí que, en lugar de buscar la satisfacción efímera que ofrece el mundo, como creyentes conscientes, conocedores de la verdad (Jesús), debemos recordar la enseñanza del Apostol Pablo en Romanos 12:2: \”No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta\”.
Nadie puede negar, ni siquiera el hombre o la mujer más espiritual que, vivir en un mundo hedonista plantea desafíos significativos, pero también queda clara que vivir enmedio de un mundo hedonista nos ofrece oportunidades únicas para ser la luz en medio de la oscuridad, como Jesús nos recuerda en Mateo 5:14-16: \”Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos\”.
No sirve de nada engañarnos a nosotros mismos, tratando de negar realidades como el infierno. El apóstol Pablo nos advierte claramente en Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” Ignorar un problema no lo hace desaparecer; del mismo modo, negar la realidad del infierno y la condenación eterna no significa que estos no existirán para aquellos que rechazan el nombre del Señor Jesucristo y viven según los estándares del mundo en lugar de seguir la voluntad divina. Enfrentar esta verdad es crucial para comprender la importancia de vivir una vida conforme a los principios divinos y buscar la salvación a través de Cristo.
Mientras enfrentamos las tentaciones y desafíos de un mundo hedonístico, recordemos siempre nuestras raíces y el llamado que cada uno de nosotros tiene como cristianos, y busquemos la satisfacción verdadera y duradera que solo se encuentra en una relación íntima con Dios.
Comprendamos que, la doctrina del infierno no es sólamente una doctrina del Nuevo Testamento. De hecho, parte del lenguaje utilizado para el infierno en el Nuevo Testamento procede del Antiguo Testamento. Para el ejemplo: el Profeta Isaías advierte a los impíos del «fuego consumidor» y las «llamas eternas» Isaías 33:14. En el último capítulo del libro que lleva su nombre, habla de Dios viniendo en fuego «Para descargar Su ira con furor / Y Su reprensión con llamas de fuego. Porque el Señor juzgará con fuego / Y con Su espada a toda carne, / Y serán muchos los muertos por el Señor» (Is 66:15-16). El Profeta Isaías profetiza de parte de Dios que los justos «cuando salgan, verán / Los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra Mí; / Porque su gusano no morirá, / Ni su fuego se apagará, / Y serán el horror de toda la humanidad» (Is 66:24; ver el uso que Cristo hace de estas palabras.
Leamos las palabras del Señor Jesucristo en Marcos 9:43-49 concernientes al infierno:
“Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.”
El Profeta Daniel en el capítulo 12 verso 2,, por su parte, también se refiere al juicio final: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.
Castigo sin fin
Muchos cristianos profesantes reconocen la realidad de un juicio venidero para los malvados. Sin embargo, algunos sugieren que este juicio no será eterno, lo que refleja la dificultad inherente que enfrentamos como seres finitos para comprender la eternidad. Es comprensible que nos resulte desafiante asimilar la idea de un castigo eterno. Sin embargo, si consideramos la comunicación divina, parece claro que Dios no planeaba simplemente aniquilar a los malvados al momento de la muerte o poner fin a su sufrimiento después de un período indefinido de tiempo. Si así fuera, la manera en que se comunicó este mensaje fue poco clara.
Es importante recordar que las Escrituras hablan de un juicio final que trasciende los límites del tiempo terrenal. La noción de un juicio eterno no se basa en nuestra limitada comprensión humana, sino en la revelación divina. Es crucial considerar que Dios nos ha comunicado esta verdad de manera clara a través de Su Palabra, y es nuestra responsabilidad comprender y aceptar esta realidad. Por lo tanto, es fundamental que los creyentes se adhieran a la enseñanza bíblica sobre el juicio venidero y reconozcan su naturaleza eterna como parte de la voluntad divina.
Las Escrituras nos ofrecen una clara visión del infierno como un lugar de \”castigo eterno\” (Mateo 25:46). Es descrito como un \”fuego eterno\” que nunca se extingue (Mateo 18:8; Marcos 9:45) y donde el gusano de la condenación nunca muere (Marcos 9:48). Sodoma y Gomorra son ejemplos de ciudades que sufrieron el castigo del \”fuego eterno\” por sus pecados (Judas 7).
Los falsos maestros también tienen un destino reservado en el infierno, donde \”la oscuridad de las tinieblas ha sido reservada para siempre\” (Judas 13). El sufrimiento de los impíos se describe como interminable, con \”el humo de su tormento ascendiendo por los siglos de los siglos. No tienen reposo, ni de día ni de noche\” (Apocalipsis 14:11). Esta misma idea se refuerza en otros pasajes como Apocalipsis 19:3 y 20:10, donde se habla del castigo \”por los siglos de los siglos\”.
William Shedd, en su obra de Teología Dogmática, destaca acertadamente que si el castigo futuro fuera reparador y temporal, se habrían utilizado metáforas diferentes. Sin embargo, las Escrituras utilizan imágenes como el gusano inmortal y el fuego inextinguible para transmitir la naturaleza eterna del castigo.
El uso de la misma palabra para describir tanto la \”vida eterna\” como el \”castigo eterno\”, como se ve en Apocalipsis 22:14-15, resalta aún más esta verdad. La existencia de los justos en el cielo es equiparable a la existencia de los malvados fuera del cielo, es decir, en el infierno.
En resumen, las Escrituras nos presentan una clara imagen del infierno como un lugar de castigo eterno, donde el sufrimiento y la separación de Dios son interminables para aquellos que rechazan Su gracia.
¿Separación de Dios?
Algunos intentan hacer la doctrina del infierno más aceptable al sugerir que este simplemente implica la separación de Dios. Sin embargo, aunque es cierto que el infierno separa a los malvados de la vida bendita en Dios a través de Cristo, sigue siendo un castigo. Aquellos que odian a Dios en esta vida continuarán enfrentando su ira en la eternidad.
El infierno no es simplemente una metáfora que describe procesos internos de pensamiento; es una ubicación real, un lugar. Hechos 1:25 nos habla de Judas yendo \”al lugar que le correspondía\”. Así como hay un lugar para los justos después de la muerte, también lo hay para los malvados.
La palabra Gehenna se refiere al Valle de Hinom en las afueras de Jerusalén, asociado con horribles prácticas como el sacrificio de niños al falso dios Moloc. Gehenna no es solo un basurero en llamas, sino un lugar de maldad pura, desprovisto de toda esperanza.
El infierno no es simplemente una ausencia de la presencia de Dios, sino un lugar donde la ira divina se ejerce directamente. Como expresó el puritano Thomas Goodwin, Dios mismo inflige el castigo de las almas de los hombres con el poder de Su ira.
Los condenados experimentarán lo opuesto a los que están en la gloria, pero seguirán estando en la presencia de Dios. Mientras los justos tienen un mediador, los condenados no tendrán nada entre ellos y un Dios vengador.
El infierno no es simplemente una separación de Dios, sino un lugar de castigo donde la ira divina se manifiesta plenamente. Es un destino real y desesperado para aquellos que rechazan la gracia de Dios y optan por la rebelión.
Debemos tener cuidado de no afirmar, como algunos han hecho, que el infierno otorga a las personas lo que desean. Si bien es cierto que, en un sentido limitado, aquellos que
no desean disfrutar de la presencia de Dios en esta vida tampoco lo disfrutarán en la venidera, no podemos ignorar los tormentos del infierno. Nadie puede desear sufrir a manos de un Dios omnipotente, especialmente por toda la eternidad. ¿Quién en su sano juicio desearía que aumentara su desesperanza?
A medida que las almas en el infierno se enfrentan al hecho de que su sufrimiento es eterno, su desesperanza sólo puede intensificarse. Privados de promesas y esperanza, solo les espera una desesperación creciente. La eternidad sin Dios es una realidad desoladora, donde el tormento es constante y la angustia se multiplica. Por tanto, es crucial comprender que el infierno no es una simple concesión a los deseos humanos, sino un lugar de dolor eterno y desesperanza.
Escape a través de la cruz
Goodwin, en un tono solemne, señala que el alma desdichada en el infierno descubre una miseria sin fin, sin un solo respiro de libertad o interrupción, enfrentándose eternamente al Dios viviente (Works, 10:548). Los malvados se desesperan ante la justa ira de Dios, que no tiene fin. La idea de una desesperanza creciente por toda la eternidad, donde la criatura condenada al infierno solo puede blasfemar contra un Dios vivo y eterno, nos insta a persuadir a los pecadores a poner su fe en Aquel que experimentó la desesperanza infernal en la cruz.
Nuestro Señor sufrió con lamento para que pudiéramos cantar alabanzas; sufrió sed para que pudiéramos beber libremente de la fuente; fue abandonado en la oscuridad para que pudiéramos tener comunión en la luz; fue aplastado para que pudiéramos ser restaurados; fue avergonzado públicamente para que fuéramos exaltados públicamente; fue escarnecido por los malhechores para que fuéramos alabados por los ángeles; entregó Su espíritu para que pudiéramos tener nuestros espíritus salvados. Tan reales como fueron Sus sufrimientos, así de reales serán nuestros gozos. La experiencia infernal de la cruz es el mayor testimonio de los gozos inefables de la vida eterna con Dios.
Es por esto que, frente a la urgente pregunta sobre cómo escapar del infierno, planteada en Hechos 2:37, el apóstol Pedro ofrece una respuesta crucial en el siguiente versículo, Hechos 2:38: \”Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo\”. El arrepentimiento, seguido del bautismo en el nombre de Jesucristo, es el camino hacia la redención y la salvación.



