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\”Por sus frutos los conoceréis\”, enseñó Jesucristo a sus discípulos, anticipándoles los desafíos que encontrarían al trabajar en el mundo. El Señor Jesús previó la hipocresía y traiciones con las cuales se enfrentarían, pero les instó a mantener la confianza porque él había vencido al mundo (Juan 16:33). Este mensaje resuena en la realidad humana, donde los patrones de comportamiento de las personas se repiten. Las acciones y comportamiento de cada uno revelan sus verdades pues los chismes, negaciones y excusas forman parte del guión humano.
El comportamiento compulsivo de la persona humana se manifiesta en la repetición de errores. Los ratones, siendo animales, van una sola vez a la boca del gato, no así los seres humanos acostumbrados a repetir una y otra vez sus errores. Las personas se revelan a sí mismas a través de acciones y palabras. El chisme, por ejemplo, revela un patrón constante: aquel que habla a espaldas de otros probablemente hablará a espaldas suyas de usted mismo en el futuro. Conocer el pasado de alguien proporciona luces sobre su comportamiento futuro, ya que los seres humanos actúan compulsivamente.
La resolución de este problema inicia con la autoevaluación y la admisión de malos hábitos. Identificar y reconocer estas conductas compulsivas en nosotros mismos nos permite confrontar la verdad. La honestidad interna es esencial; negarse a sí mismo la verdad solo perpetúa el ciclo de negatividad é hipocresía. La comprensión y aceptación de nuestras fallas nos conducen hacia la transformación y la adopción de normas de comportamiento más saludables que eventualmente nos llenes de paz y de felicidad.
Es crucial recordar las palabras de Jesús al enfrentar las complejidades de las relaciones humanas. La confianza en él, quien ha vencido al mundo, nos impulsa a superar nuestras compulsiones y a buscar una vida centrada en la verdad y la gracia. (Efesios 4:22-24, Juan 8:32).



