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Es natural que como pastor, uno experimente desconsuelos cuando las personas a quienes has dedicado tu tiempo, esfuerzo, y amor no responden con gratitud, o incluso se alejan cuando más necesitan la exhortación. Esta realidad puede ser profundamente dolorosa, ya que el llamado pastoral es a dar la vida por las ovejas, siguiendo el ejemplo de Jesús.
Uno de los textos bíblicos que toca este tema es Lucas capítulo 17 versos 11 al 19, la historia de los diez leprosos. Jesús sanó a los diez, pero solo uno regresó para dar gracias. Este relato refleja lo que muchos pastores experimentan: haces tanto por tantos, pero pocos reconocen tu sacrificio y dedicación. La ingratitud es dolorosa, pero no es nueva, ni debería sorprendernos. Aún así, Jesús siguió adelante, enseñando, sanando, y salvando.
El apóstol Pablo también experimentó desconsuelos en su ministerio. En Segunda de Timoteo capítulo 4 verso 16, Pablo dice: \”En mi primera defensa, ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta.\” A pesar de todo lo que Pablo hizo por las iglesias y los creyentes, hubo momentos en que quedó solo. Pero él eligió no guardar rencor, sino seguir sirviendo.
El Salmo capítulo 41 verso 9 es otro pasaje que refleja el dolor de ser traicionado por aquellos en quienes confías: \”Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar.\” Muchas veces, los pastores experimentan una profunda traición por parte de personas cercanas, lo que añade al dolor de la ingratitud.
En mi experiencia pastoral a lo largo de los años, he aprendido que muchas veces las personas caen en pecado debido a sus propias concupiscencias y debilidades, tal como lo describe Santiago capítulo 1 versos 14 y 15: \”sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.\” La lucha interna con los deseos carnales, en lugar de someterse a la voluntad de Dios, lleva a muchos a desviarse del camino de la fe.
Lo más doloroso de esta situación es que, en lugar de asumir la responsabilidad de su condición espiritual, muchas veces estas personas buscan a quién culpar, y es el pastor, la figura que más los ha guiado, quien se convierte en el blanco. Culpando al pastor, justifican su desobediencia a la Palabra y rechazan la exhortación amorosa que se les ha brindado para que regresen a Dios. Como señala Proverbios capítulo 12 verso 1: \”El que ama la instrucción ama la sabiduría; mas el que aborrece la reprensión es ignorante.\” Este rechazo no solo cierra sus corazones al arrepentimiento, sino que también les lleva a alejarse de la comunidad de fe y a vivir vidas contrarias a la voluntad divina.
Lo triste es que muchos terminan viviendo en autoengaño, creyendo que están bien mientras continúan justificando sus malas acciones. En lugar de reconocer la voz de Dios en la corrección pastoral, endurecen sus corazones, tal como lo advertía el apóstol Pablo en Segunda de Timoteo capítulo 4 versos 3 y 4: \”Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.\” Este rechazo a la verdad es devastador no solo para ellos, sino también para el pastor que, con amor, ha invertido tiempo, energía y oración en su bienestar espiritual.
El pastor, que ha sido un pilar de apoyo y guía, muchas veces experimenta este desagradecimiento con profunda tristeza. Sientes cómo aquellos a quienes has servido con amor, a quienes has apoyado en momentos difíciles y por quienes has orado constantemente, te dan la espalda y se van, muchas veces sin un simple \”gracias\”. Ellos no reconocen el sacrificio de tu tiempo y esfuerzo, ni el hecho de que tu corazón ha estado comprometido en ayudarlos a caminar en los caminos del Señor, incluso apoyando a sus familias y criando a sus hijos en la fe.
A pesar de este dolor, como pastores, debemos recordar que nuestra labor no es para recibir aplausos o agradecimientos humanos, sino para servir a Dios. Primera de Corintios capítulo 15 verso 58 nos exhorta a seguir firmes en nuestro llamado: \”Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.\” Aunque las personas fallen en reconocer el sacrificio y servicio, Dios lo ve todo, y Él recompensará fielmente a aquellos que han trabajado para su gloria.
La exhortación pastoral, aunque sea con amor, no siempre es bien recibida. En Gálatas capítulo 4 verso 16, Pablo expresa una frustración similar: \”¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?\” A veces, al confrontar a las personas con su pecado, el pastor es visto como enemigo, lo que es difícil de aceptar, pero es parte del llamado a predicar la verdad.
Finalmente, Hebreos capítulo 6 verso 10 es un recordatorio importante para los pastores: \”Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.\” Aunque los hombres no siempre reconozcan el esfuerzo y sacrificio, Dios no se olvida del trabajo fiel que realizamos en su nombre.
En resumen, el ministerio pastoral está marcado por desconsuelos, pero es importante recordar que, aunque las personas no siempre agradezcan o respondan como quisiéramos, nuestro servicio es para Dios, y Él ve y recompensa cada sacrificio.



