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Hoy quiero escribir algunas notas sobre la razón por la cual insistimos en hablar de temas que, a la mayoría de las personas, no les interesa abordar. Específicamente, me refiero a temas de política y religión. En cuanto a política, muchas personas solo se interesan en la política partidaria, aquella que se alinea con sus propias filosofías vacías, basadas en los valores del mundo. No tienen interés en políticas que promuevan la justicia, el amor o que busquen la verdad. Por eso, suelen rechazar, no entender y hasta despreciar todo aquello que no se ajusta a su partido político o filosofía personal.

Lo mismo ocurre en la religión. Nos hemos acostumbrado a una religión acomodada, donde se da el mínimo esfuerzo, y nos cuesta abandonar nuestra zona de confort. Estamos aferrados a nuestra antigua manera de ver y creer, y no nos gusta corregir el rumbo ni mucho menos esforzarnos por enmendar los errores del pasado. Esta actitud nos convierte en multitudes mudas y ciegas, llevadas hacia el abismo por otros ciegos, sin cuestionar, sin abrir la boca.

Es triste observar tanta oscuridad. ¿Cómo podremos salir de esta situación? Es necesario reflexionar profundamente y buscar la verdad sin filtros, sin la influencia de intereses políticos o comodidades religiosas. Necesitamos políticas y una fe que promuevan el amor verdadero, la justicia genuina y el compromiso con la verdad. Solo así podremos romper con la ceguera y caminar en la luz.