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Esta mañana, acompañado de mi hijo de 9 años, mi pequeño Willy, mientras lo llevaba a la escuela, tuvimos un momento para conversar sobre un tema profundo: La Bestia que Todos Llevamos Dentro. Le expliqué a mi hijo que todos los seres humanos, más allá del idioma que hablen, su raza, nación, estatus económico, color de piel, cabello u ojos, llevamos algo en común: una bestia interior. Tristemente, por ignorancia o descuido, la mayoría de nosotros alimentamos más a esa bestia que al hombre o mujer buenos que también habitan en nuestro interior.
Esa bestia se alimenta de nuestra carnalidad, de nuestros pecados y bajas pasiones. Como bien lo señala la Escritura: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las blasfemias” (Mateo 15:19). También se nutre de la mentira, la corrupción, el abuso de poder y otras acciones que nos alejan de los valores de Dios y convierten nuestras vidas en un reflejo de miseria y desorden.
Mientras alimentamos a la bestia, descuidamos al Espíritu de vida, verdad, compasión, amor y humildad que también reside en nosotros. La Biblia nos recuerda: “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:8). Los frutos del Espíritu —amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23)— son los que nos acercan a Dios y nos guían hacia la vida eterna.
Le comenté a Willy que el infierno está lleno de bestias humanas porque muchas personas, en vida, eligieron alimentar a esa bestia que los acompañó hasta la eternidad. La clave para vencerla es sencilla, pero requiere esfuerzo y dedicación: debemos alimentar al hombre interior correcto, al ser humano humilde y temeroso de Dios, que valora la verdad y la justicia, y que tiene hambre de lo divino y lo eterno. Como dice Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
La batalla entre la bestia y el Espíritu es diaria, pero con la guía de Dios y la decisión de seguir Sus caminos, podemos vencer. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).



