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“Mirad que nadie os engañe con huecas filosofías y sutilezas, conforme a las tradiciones de los hombres y no según Cristo.” (Colosenses 2:8).

Vivimos en un mundo donde el engaño y la mentira se disfrazan de verdad, y es peligroso ser arrastrados por corrientes de pensamiento que nos alejan de la luz de Cristo. Las teorías conspirativas y las falsas doctrinas abundan por doquier, y hoy más que nunca es crucial que estemos alertas, despiertos y discerniendo todo lo que vemos, escuchamos y palpamos.

La Escritura nos advierte: “Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo” (Efesios 5:14). Cristo es la Verdad, y solo en Él encontramos la claridad para distinguir entre lo verdadero y lo falso.

En lo personal, me esfuerzo por ser una persona de pensamiento crítico: investigo, leo, estudio y, sobre todo, busco constantemente la guía y la luz del Espíritu del Señor para comprender aquello que, a simple vista, no podemos ver. En el mundo actual, reconocer la mentira, la manipulación y la corrupción requiere un esfuerzo consciente y una mente renovada en Cristo. La mentira se ha vestido con el manto de la “verdad” de tal manera que, para una mente no ejercitada en la Palabra y no regenerada por el Espíritu, resulta fácil caer en el engaño.

Por eso, cuidado. No permitamos que nos arrastren al engaño, porque el engaño conduce a la muerte espiritual. Velemos no solo por nosotros mismos, sino también por nuestras familias, amigos y comunidades. Es nuestra responsabilidad protegerlos y guiarlos hacia la verdad que es Cristo.
Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

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