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Dedicamos cerca de un tercio de nuestra vida a dormir. Es una extensión enorme de tiempo, casi un continente entero que muchas veces la iglesia ha pasado por alto o ha reducido a un simple proceso biológico. Sin embargo, la Escritura nos muestra algo tan inquietante como maravilloso: el sueño no es un vacío, es un espacio. Y todo espacio que no está lleno de la presencia de Dios corre el riesgo de ser ocupado por algo más.
La pregunta que hoy se impone no es cómoda, pero sí necesaria: ¿hay en la Biblia algo que actúe específicamente sobre el ser humano mientras duerme? La respuesta es sí. Y ese “sí” nos invita tanto a la vigilancia como a una mayor intimidad con Dios.
El sueño como canal divino: Dios habla en el silencio
Desde el comienzo, Dios ha utilizado el sueño como un medio para expresar su voluntad. De hecho, la primera comunicación profética registrada en la Biblia ocurrió mientras alguien dormía.
Adán: El primer sueño mencionado no fue un simple proceso natural. Fue un “sueño profundo” provocado por Dios mismo (Génesis 2:21). Mientras el primer hombre descansaba, Dios estaba actuando, tomando de su costado la esencia para formar la primera alianza humana: el matrimonio. Aun en el sueño, Dios puede estar edificando algo nuevo en nuestra vida.
José (hijo de Jacob): Soñó con gavillas y estrellas que se inclinaban ante él. Ese sueño sostuvo su esperanza durante años de traición, esclavitud y prisión. Mientras dormía, Dios le reveló el rumbo de su destino.
José (padre terrenal de Jesús): En sueños, un ángel le indicó que no temiera recibir a María como esposa (Mateo 1:20). Más adelante, también en sueños, recibió instrucciones para huir a Egipto y después regresar (Mateo 2:13, 19, 22). El plan redentor de Dios avanzó a través de sus sueños.
Los magos de Oriente: Fueron advertidos en sueños de no regresar a Herodes (Mateo 2:12). La protección divina llegó mientras descansaban.
Dios no ha dejado de actuar. Sigue hablando en la noche. Cuando el bullicio del día se apaga y el alma queda en silencio, estamos más abiertos a esa voz suave y apacible. Como afirma Job: “Dios habla una y otra vez, aunque el hombre no lo perciba. En sueños, en visiones nocturnas, cuando el sueño profundo cae sobre los hombres” (Job 33:14-15).



