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El creyente contemporáneo a menudo rechaza la sana doctrina buscando, en su lugar, evangelios anatema, debido a factores como:
- Comodidad y pragmatismo: Prefiere mensajes que afirmen su bienestar y éxito personal, en lugar de aquellos que confrontan el pecado y exigen santidad.
- Influencia cultural: Asimila valores seculares (relativismo, hiper-tolerancia) que diluyen las verdades bíblicas absolutas.
- Desconocimiento bíblico: La falta de discipulado profundo lo hace vulnerable a enseñanzas que “suenan bien” pero distorsionan el Evangelio.
- Resistencia al señorío de Cristo: Se busca un “Salvador” que no sea “Señor”, rechazando la sumisión que la doctrina sana implica.
Texto Base: 2 Timoteo 4:3-4 – “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.”
El evangelio auténtico no es un producto personalizable. Es una oferta inmutable: “Arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Es un llamado a la transformación radical, a la santidad, a la cruz.
Introducción: Un Encuentro Revelador
Hace unos días, hermanos, tuve un encuentro que me dejó profundamente reflexivo. Un joven, liberado recientemente después de un año en prisión, volvía entre nosotros. Con amor lo llamé aparte, le expresé mi gozo por verlo, y el Señor me dio una palabra para él: “Quédate aquí con nosotros un tiempo. Adquiere conocimiento y sabiduría para que puedas tomar decisiones correctas.”
Su respuesta fue inmediata, sin meditación: “No. Esta no es mi iglesia. El pastor es muy duro. Conozco otras iglesias que no prohíben las cosas.”
En esa respuesta se encapsula la tragedia espiritual de nuestra época.
EL EVANGELIO SEGÚN NUESTROS DESEOS
Este joven, sin saberlo, articuló la filosofía religiosa dominante hoy: “quiero un evangelio que no me prohíba nada”. Quería una iglesia donde su estilo de vida no fuera desafiado, donde no hubiera corrección, donde pudiera mantener sus hábitos destructivos sin sentir convicción.
Pero hermanos, ¿es esto el evangelio?
Juan advirtió: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1). Y añadió: “el espíritu del anticristo… ya está en el mundo” (1 Juan 4:3).
¿Dónde se manifiesta este espíritu? No solo en negaciones doctrinales obvias, sino en algo más sutil y peligroso: en la transformación del evangelio en un producto de consumo.
LA APOSTASÍA DE LO CÓMODO
Observemos las características de este “evangelio de conveniencia”:
- Un evangelio sin cruz – Ofrece resurrección sin crucifixión, gloria sin Gólgota.
- Un evangelio sin santidad – Habla de amor pero no de pureza, de gracia pero no de transformación.
- Un evangelio sin autoridad – Rechaza el pastor “duro” (que en lenguaje bíblico significa “fiel a la Palabra”).
- Un evangelio sin límites – “No prohíbe las cosas” porque ha eliminado el concepto del pecado.
Pero Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23). La cruz no es opcional; es central.
LA ADVERTENCIA PROFÉTICA CUMPLIÉNDOSE
Pablo advirtió a Timoteo sobre “los postreros tiempos” cuando los hombres serían “amadores de sí mismos, amadores del dinero, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos” (2 Timoteo 3:1-2).
Pero note esto: ¡estas características se manifestarán también dentro de la iglesia! No solo en el mundo. La apostasía comienza cuando el pueblo de Dios prefiere la comodidad a la verdad.
Mateo 7:21-23 nos estremece: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad’.”
¿Quiénes son estos? ¡Son líderes religiosos! Gentes que hacen obras poderosas en nombre de Jesús, pero viven en desobediencia.
EL LLAMADO URGENTE A LA FIDELIDAD
Frente a esta realidad, ¿cuál debe ser nuestra respuesta?
- Examinarnos a nosotros mismos – ¿Busco yo también un evangelio cómodo? ¿Me molesta cuando la Palabra corrige mis comportamientos?
- Amar la verdad más que la comodidad – La verdad duele antes de sanar. Como el bisturí del cirujano, hiere para dar vida.
- Valorar la corrección – “El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio” (Proverbios 12:15). Aquel joven rechazó el consejo que podría haber salvado su vida.
- Abrazar la cruz – No hay resurrección sin crucifixión. No hay libertad sin sumisión. No hay vida sin muerte al yo.
Conclusión: La Elección que Define la Eternidad
Aquél joven eligió. Eligió la comodidad sobre la corrección, la autonomía sobre la autoridad espiritual, sus deseos sobre la voluntad de Dios.
Su elección resume la gran decisión de nuestra generación: ¿queremos un cristianismo que nos sirva, o estamos dispuestos a servir a Cristo?
El evangelio auténtico no es un producto personalizable. Es una oferta inmutable: “Arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Es un llamado a la transformación radical, a la santidad, a la cruz.
Hoy, el Espíritu Santo nos confronta: ¿Estamos entre los que sufren la sana doctrina, o entre los que tienen comezón de oír lo que deseamos?
La puerta estrecha sigue siendo estrecha. El camino angosto sigue siendo angosto. La cruz sigue siendo ofensiva para quienes quieren vivir según sus propias reglas.
Que Dios nos dé valor para amar y proclamar el evangelio completo, aunque sea impopular. Que tengamos la valentía de ser la iglesia fiel que llama al pecador al arrepentimiento, no la iglesia complaciente que le asegura que su pecado no importa.
Porque al final, solo una cosa importará: “¿Hicimos la voluntad del Padre?” No nuestras preferencias, no nuestra comodidad, no nuestro evangelio a la medida. Solo Su voluntad, Su verdad, Su camino.
Amén.



