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Texto Base: 1 Corintios 3:1-4; Hebreos 5:12
La epidemia silenciosa
Hermanos, hoy no vamos a hablar del pecado del mundo, porque ese ya está condenado. Vamos a hablar de una epidemia silenciosa que está pudriendo los huesos de la iglesia: la inmadurez espiritual.
No estamos hablando de nuevos creyentes, de aquellos que recién comienzan. Estamos hablando de personas que llevan años—5, 10, 20 años o más—en el camino, y siguen siendo niños. La iglesia está llena de “niños viejos”: arrugados por fuera, pero en pañales por dentro. Y esto no es un capricho de Pablo, es un diagnóstico del Espíritu Santo.
La Medida Correcta de la Madurez (v. 1)
Pablo escribe a los Corintios y les suelta una bomba de verdad: “No pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo”.
Noten algo vital: Pablo llevaba tres años con ellos. Los conocía, los amaba, los había pastoreado. Pero el cariño no le impide decir la verdad. La madurez no se mide en años de iglesia ni en cuántos versículos te sabes de memoria. Si tú has estado en la iglesia por una década y ante la primera crítica niegas con hechos lo que dices creer, eres un inmaduro. Si llevas años levantando la mano en el altar pero en tu casa sigues gobernando con gritos y egoísmo, eres un inmaduro. Si llevas años y años en la iglesia y sigues viviendo en pecado oculto eres un inmaduro. Si vives lleno de odio y amarguras eres un inmaduro. Si eres altivo y arrogante, envidioso, mentiroso y borracho a escondidas eres un inmaduro. Si eres carnal y egocéntrico eres inmaduro. La inmadurez espiritual se mide en qué tan rápido niegas lo que crees cuando hay presión.
Los Síntomas de la Niñez Espiritual (v. 3-4)
Pablo no les llama niños porque cometieron un error. Les llama niños porque los síntomas eran evidentes. Y estos son los mismos síntomas que vemos hoy: Celos y Rivalidades: “Porque diciendo uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?”
Los niños se pelean por los líderes. Los niños dividen la iglesia porque su confianza está en los hombres, no en Dios. Cuando tú te ofendes porque el pastor no te saludó, o cambias de iglesia porque no te dieron el puesto que querías, o porque quieres ser el pastor sin ser llamado, la divides y siembras cizaña, estás mostrando tu pañal. El inmaduro sigue a hombres; el maduro sigue a Cristo aunque el hombre falle.
Incapacidad para digerir el alimento sólido (Hebreos 5:12)
El escritor de Hebreos, sin ambajes, va directo a la llaga: “Debiendo ser ya maestros, necesitáis que se os vuelva a enseñar los primeros rudimentos”.
¡Qué tragedia! Gente que debería estar enseñando, sanando, discipulando y liberando a otros, sigue necesitando que le den biberón (pacha) cada domingo. El inmaduro siempre necesita que le repitan lo básico porque nunca lo aplica. Escucha una y otra vez sobre el perdón, pero no perdona. Escucha sobre el diezmo, pero no obedece. Escucha sobre la santidad, pero vive igual que el mundo. El problema no es la enseñanza; el problema es que el inmaduro nunca nació de nuevo y si no nació, ¿cómo podría entonces crecer?.
La Verdad que Duele: No Esperamos a que Estés Listo
Pablo dice algo crucial: “No pude hablaros como a espirituales”. ¿Por qué? Porque no podían soportarlo.
Y aquí viene la parte dura: La vida no espera a que madures para darte la prueba. Dios no te va a tratar como a un bebé toda la vida. El problema de la inmadurez es que te deja indefenso. Cuando llega la tormenta, el inmaduro se hunde. Cuando llega la tentación, el inmaduro cede. Cuando hay conflicto, el inmaduro huye.
La iglesia de hoy está llena de “creyentes de plástico”: se derriten al primer golpe de calor. Abandonan la fe, le dan la espalda al Señor y justifican su huida con excusas piadosas acusando al pastor de todos sus líos, pecados y problemas. Pero la verdad es que no había raíz; solo había inmadurez.
La Transformación Verdadera (Filipenses 1:6; Efesios 4:15-16)
Ahora, cuidado. La madurez no se produce por disciplina militar, ni por años de asistencia, ni por castigos. La madurez es una obra del Espíritu Santo. Es Dios quien comenzó la buena obra en ti, y es Él quien la perfeccionará. Pero hay una condición: “Creciendo en todo en aquel que es la cabeza, Cristo”. Para crecer, tienes que estar conectado a la Vid. No puedes crecer si estás desconectado.
¿Y cómo se nota que el Espíritu ha hecho una obra?
- No se nota cuando levantas las manos en el altar.
- Se nota cuando respondes con paz donde antes explotabas de ira.
- Se nota cuando permaneces donde antes huías.
- Se nota cuando te arrodillas y obedeces, en lugar de justificarte y culpar a otros.
Llamado al Altar: Deja los Pañales
Hoy Dios te está confrontando. Tal vez llevas años en la iglesia, pero tu carácter sigue siendo el de un niño consentido. Te ofendes con facilidad, te crees superior a los demás, y cuando las cosas no salen como quieres, amenazas con irte. Dios te dice hoy: “Basta. Crece. Deja los pañales.”
La inmadurez ya no es una opción. El mundo necesita ver hombres y mujeres de Dios que no se doblegan ante la presión, que no niegan lo que creen cuando sopla el viento, y que pueden alimentar a otros porque ya se alimentaron de Cristo.
¿Vas a seguir siendo un niño viejo, o vas a permitir que el Espíritu Santo termine la obra que empezó en ti?



