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Tenemos que comprender que existe una realidad espiritual donde nuestras palabras y nuestras acciones son documentos legales en el mundo espiritual. Debemos entender que Satanás actúa como un fiscal (acusador) ante el Tribunal de Dios, él utiliza nuestras propias declaraciones, nuestras propias palabras en nuestra contra. Somos llamados a conocer muchas cosas escondidas y usar el poder de la palabra que nos ha sido dado para anular sus argumentos diabólicos que él usa para zarandearnos y buscar nuestra condena.
Esta es una palabra bíblica profunda diseñada para generar conciencia sobre el poder de las palabras y la realidad del ámbito espiritual como un tribunal legal. Este día vamos a revelar un “secreto” oculto en la dinámica entre el cielo y la tierra.
La Realidad del Mundo Espiritual: Un Tribunal Establecido
La premisa fundamental es que el mundo natural es una proyección del mundo espiritual. Todo lo que sucede aquí es “escrito” allá, y Dios, como Juez Supremo, rige bajo un orden legal.
La Evidencia del Fiscal: Nuestras Propias Palabras
El diablo sabe que no se puede presentar delante de Dios y mentirle porque DIos conoce la verdad de todas las cosas. En ese entendido su estrategia no incluye el mentirle a Dios sino más bien la estrategia del diablo consiste en grabar nuestras confesiones negativas, nuestras quejas y todas las maldiciones que pronunciamos en momentos de crisis. Estas grabaciones se convierten en argumentos legales usados por satanás en nuestra contra para impedir que Dios intervenga o para solicitar permiso para “zarandearnos”.
Base Bíblica: Zacarías 3:1-2; Proverbios 18:21
“Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás…”
Base Bíblica: Mateo 12:36-37
“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.”
Jesús mismo establece el principio legal. No solo las obras, sino las palabras ociosas (arg. argos: inútiles, negativas, sin propósito edificante) son evidencia admisible en el tribunal divino. Cada vez que decimos “estoy cansado de la vida”, “esto no sirve”, o “me quiero morir”, estamos firmando un documento que Satanás puede presentar ante el Juez para solicitar una sentencia en nuestra contra.
Base Bíblica: Apocalipsis 20:12
“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.”
Este pasaje escatológico revela un principio que ya opera en el presente: hay libros (documentos) en el cielo. Aunque este versículo habla del juicio final, nos muestra que Dios lleva un registro. Así como aquí se juzga con expedientes, en el mundo espiritual existe una contabilidad legal de obras y palabras. Si todo está escrito, nada de lo que decimos queda en el aire; se convierte en un documento legal.
Base Bíblica: Daniel 7:9-10
“…Se sentó el Juez, y los libros fueron abiertos.”
Daniel vislumbra el trono de Dios no sólo como un lugar de adoración, sino como una sala de audiencias. La presencia de “libros abiertos” indica que el gobierno de Dios funciona bajo un sistema de evidencia y testimonio.
Satanás: El Fiscal (Representante Legal)
En el griego, la palabra “acusador” es katēgoros, que efectivamente significa el que habla en contra de alguien en un tribunal. Satanás no tiene acceso a acusarnos con mentiras porque Dios es omnisciente; su estrategia es usar nuestras propias palabras como prueba.
Base Bíblica: Apocalipsis 12:10
“…ha sido arrojado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.”
Juan revela el ministerio constante de Satanás: fiscalía perpetua. La frase “día y noche” indica que no hay tregua en el ámbito legal. Él no solo nos acusa por nuestros actos, sino por nuestros dichos.
Base Bíblica: Zacarías 3:1-2
“Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás…”
Esta es una imagen judicial perfecta. Josué (representando al pueblo) está ante el Juez (Jehová). Satanás está a su diestra (la posición del fiscal o abogado acusador en los tribunales antiguos) para presentar cargos. Notemos que Satanás tenía derecho a estar allí hasta que Dios intervino por gracia, no porque la acusación fuera falsa, sino porque la misericordia cubre lo que la ley condena.
La Evidencia del Fiscal: Nuestras Propias Palabras
El diablo no necesita mentir; le basta con grabar nuestras confesiones negativas, quejas y maldiciones pronunciadas en momentos de crisis. Estas se convierten en argumentos legales para impedir que Dios intervenga o para solicitar permiso para “zarandearnos”.
Base Bíblica: Mateo 12:36-37
“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.”
Jesús mismo establece el principio legal. No solo las obras, sino las palabras ociosas (arg. argos: inútiles, negativas, sin propósito edificante) son evidencia admisible en el tribunal divino. Cada vez que decimos “estoy cansado de la vida”, “esto no sirve”, o “me quiero morir”, estamos firmando un documento que Satanás puede presentar ante el Juez para solicitar una sentencia en nuestra contra.
Base Bíblica: Lucas 22:31-32
“Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; mas yo he rogado por ti que tu fe no falte…”
Aquí vemos el proceso legal: Satanás “pidió” (solicitó permiso ante el tribunal) para zarandear a Pedro. ¿Por qué tuvo que pedir? Porque en el ámbito espiritual hay orden y legalidad. Satanás no puede tocar a un creyente sin un “argumento legal”. Jesús intervino como Abogado (Paráklētos), pero notemos que el fiscal ya había presentado la solicitud basándose probablemente en las palabras de soberbia y negación que Pedro pronunciaría después. Si Jesús tuvo que interceder para que la fe no faltara, es porque el peligro legal era real.
El Poder Creador y Destructor de la Palabra
Así como Dios creó el universo hablando (Génesis 1), el hombre, creado a imagen de Dios, posee un poder legal delegado. Nuestras palabras no son solo descriptivas; son decretales. Traen del mundo espiritual al mundo natural aquello que confiesan.
Base Bíblica: Hebreos 11:3
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”
Este versículo explica la mecánica: lo visible (natural) es hecho de lo invisible (espiritual). La herramienta que transfiere lo invisible a lo visible es la palabra. Por lo tanto, cuando hablamos muerte, fracaso, enfermedad o maldición sobre nosotros mismos o sobre nuestros hijos (ejemplo: “este muchacho no sirve”), estamos usando la misma mecánica creativa de Dios, pero para darle autoridad legal al enemigo y manifestar condenación.
Base Bíblica: Proverbios 18:21
“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.”
Este proverbio no es una metáfora poética; es una ley espiritual. La lengua tiene un “poder” (yad en hebreo, que significa dominio, fuerza, autoridad legal). Si declaramos que tenemos mala memoria, el diablo presenta ese documento y la memoria se deteriora; si declaramos que la iglesia no crece, el fiscal usa eso para bloquear el crecimiento.
La Maldición Involuntaria y el Cuidado del Vocabulario
Muchas veces emitimos decretos de maldición sin saberlo, usando expresiones culturales que el mundo espiritual trata como argumentos legales serios.
Base Bíblica: Santiago 3:9-10
“Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición… No conviene, hermanos míos, que estas cosas sean así.”
Santiago confronta la dualidad. Cuando decimos “me quiero morir”, “odio a mi marido”, “esta iglesia está estancada” o “me las pagarás”, estamos usando la misma lengua que usamos para adorar a Dios para presentar cargos legales contra nosotros mismos o contra nuestros hermanos. El texto griego implica que esto es un error judicial que debemos corregir.
Base Bíblica: Números 14:28
“…Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré con vosotros.”
Dios le dice a Israel que, debido a sus palabras de incredulidad (quejas y decretos de muerte en el desierto), Él estaba legalmente vinculado a ejecutar exactamente lo que ellos dijeron. Este es el principio más temido: Dios respalda legalmente la palabra del hombre cuando esta no contradice su pacto. Si hablamos fracaso, Dios, siendo justo, permite el fracaso porque dimos pie al acusador.
La Solución: La Renuencia de la Mente y la Confesión de Fe
Si Satanás es el fiscal, y Cristo es nuestro Abogado (1 Juan 2:1), debemos cambiar los documentos que hay en el expediente. Esto se logra mediante el arrepentimiento (cambiar la forma de pensar) y la confesión de la Palabra de Dios, que anula los argumentos del enemigo.
Base Bíblica: Romanos 10:8-10
“…Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”
La salvación (liberación del juicio) se activa por la confesión. La fe no es solo un sentir interno; es un acto legal de la boca que contradice la evidencia natural. Si el diablo presenta una queja, el creyente presenta un versículo. Si el diablo dice “dijo que quería morir”, nosotros decimos “yo declaro que vine para tener vida y vida en abundancia” (Juan 10:10).
Base Bíblica: Colosenses 2:14-15
“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.”
Jesús en la cruz resolvió el problema legal. La “acta de los decretos” (el expediente acusatorio que Satanás usaba contra nosotros) fue anulada. Sin embargo, aunque el acta está clavada, si nosotros seguimos emitiendo nuevas palabras de maldición, le estamos dando al fiscal un “apéndice” o un nuevo documento con el cual puede solicitar zarandearnos. Debemos mantenernos firmes en lo que Cristo ya hizo, renovando nuestra mente y cuidando nuestro vocabulario.
Conclusión y Aplicación Práctica
El mundo espiritual es un tribunal donde cada palabra nuestra es un documento. Satanás, como fiscal, lee esos documentos para acusarnos legalmente. Dios, como Juez, debe respetar la legalidad de lo que sale de nuestra boca porque fuimos creados para gobernar con palabra.
Llamado a la Acción:
Auditoría de Vocabulario: Durante esta semana, póngase en alerta. Cada vez que esté a punto de decir “me duele la cabeza”, “estoy muy viejo para esto”, “este niño es condenado”, deténgase y transforme la frase en bendición.
Anular Argumentos Legales: Ore de la siguiente manera: “Señor Jesús, reconozco que en mi ignorancia he dado argumentos legales al enemigo con mis palabras. Declaro anulados esos documentos por la sangre de Cristo. Renuncio a la maldición de la queja y recibo la bendición de la fe.”
Escribir el Expediente Correcto: Comience a declarar lo que Dios dice de usted, aunque no lo vea. “Dios suplirá mis necesidades”, “Soy cabeza y no cola”, “Mis hijos son enseñados por Jehová”.
Reflexión Final:
Si el cielo y la tierra pasarán, pero las palabras de Dios no pasarán, ¿cuánto más están escritas las nuestras en la eternidad? Asegúrese de que el expediente que el fiscal lee de usted contenga más argumentos de la fe y la promesa de Cristo que quejas y maldiciones.



