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Texto Base: Mateo, capítulo 10, versos del 11 al 15
En esta ocasión reflexionaremos sobre una enseñanza profunda que nuestro Señor Jesucristo dio a sus discípulos cuando los envió a proclamar el Reino de Dios. En Mateo 10, versículos del 11 al 15, Jesús les dio instrucciones claras sobre cómo proceder en su misión, enfatizando la importancia de discernir y responder adecuadamente en el momento que la gente recibiera o rechazara el evangelio. Estos versículos no sólo aplicaban a los discípulos en su tiempo, sino que también nos brindan lecciones cruciales para la iglesia.
La iglesia de hoy debe aprender a discernir dónde invertir tiempo y esfuerzo. No todas las personas o lugares están listos para recibir el evangelio, y eso está bien claro. De hecho, la misma palabra de Dios nos aclara que “no de todos es la fe”. Nuestra tarea es predicar con fidelidad, pero también debemos ser sabios y reconocer cuándo es momento de seguir adelante. “En una misma casa,” aclaran las escrituras, “hay utensilios para honra y utensilios para deshonra”. Lamentablemente, dentro de la misma iglesia hay personas que no valoran el mensaje del evangelio. Son rebeldes, idólatras y maldicientes, como lo describe el apóstol Pablo. Estas personas, aunque estén dentro de la congregación, no son dignas si no reciben con humildad la palabra de Dios.
Ahora pregunto, ¿somos dignos de recibir la paz que el Señor nos ofrece? ¿O hemos caído en la trampa de la indiferencia y la rebeldía? Recordemos que la paz de Dios es un don precioso, pero no permanecerá en aquellos que no lo valoren
Discernimiento en la Misión del Evangelio (Mateo 10, versos del 11 al 13)
\”Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis. Y al entrar en la casa, saludadla. Y si la casa fuese digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros.\”
El Señor Jesús instruyó a sus discípulos a buscar un lugar digno donde quedarse en cada ciudad o aldea que visitaran. Pero, ¿qué significa ser digno? En este contexto, la dignidad se refiere a una disposición receptiva hacia el mensaje del evangelio. Aquellos que recibieran a los discípulos con hospitalidad y respeto eran considerados dignos, y la paz de Dios descansaría sobre ellos.
Recordemos que cada uno de nosotros vive en un templo que no es nuestro, nuestros cuerpos son el templo del Señor y como tal cada uno de nosotros es una casa en donde debemos con dignidad, en el amplio sentido de la palabra, recibir y evitar rechazar el evangelio que en este caso nos es entregado por el Pastor o la iglesia.
La instrucción de Jesús a sus discípulos fue de que debían discernir la dignidad en aquellos que los recibían al proclamar el evangelio. Al ahondar en este concepto, podemos reflexionar sobre cómo, a nivel personal, somos indignos cuando rechazamos el evangelio.
Significado de Ser Digno en el Contexto Bíblico
En el pasaje mencionado, ser digno se refiere a tener una disposición abierta y receptiva hacia el mensaje del evangelio. Aquellos que reciben a los discípulos con hospitalidad y respeto muestran una apertura espiritual y, por ende, son dignos de recibir la paz y bendición de Dios. Esta dignidad no es una cualidad inherente, sino que se manifiesta en la respuesta a la verdad de Dios.
El Rechazo del Evangelio y la Indignidad Personal
Cuando rechazamos el evangelio, estamos cerrando nuestro corazón y mente a la verdad de Dios, lo cual nos convierte en indignos en varios aspectos:
Negación de la Verdad Divina:
Al rechazar el evangelio, estamos negando la verdad que Dios ha revelado. Esto nos hace indignos porque estamos eligiendo vivir en la oscuridad, lejos de la luz que el evangelio proporciona. Negar la verdad divina es rechazar el propósito y plan de Dios para nuestras vidas.
Desprecio por la Gracia de Dios:
El evangelio es el mensaje de salvación, un regalo inmerecido de Dios hacia la humanidad. Al rechazar este regalo, mostramos un desprecio por la gracia de Dios, y nos hacemos indignos de recibir Su favor y misericordia. Es como menospreciar el sacrificio de Cristo en la cruz, que fue hecho por nuestra redención.
Contaminación del Templo del Señor:
Como mencionas, nuestros cuerpos son el templo del Señor. Al rechazar el evangelio, estamos contaminando este templo con incredulidad, orgullo, y pecado. No estamos siendo buenos administradores del templo que Dios nos ha confiado, lo que nos hace indignos de Su presencia en nuestras vidas.
Desconexión con la Paz de Dios:
Aquellos que recibían a los discípulos con hospitalidad recibían la paz de Dios. Al rechazar el evangelio, estamos rechazando esta paz y, en lugar de ello, permitimos que el caos, la ansiedad, y la confusión dominen nuestras vidas. La indignidad aquí radica en preferir el desorden espiritual sobre la paz que Dios ofrece.
Pérdida de Comunión con Dios:
Rechazar el evangelio también significa rechazar la comunión con Dios. Nos hacemos indignos de Su presencia, de Su guía, y de Su amor paternal. Esta falta de comunión nos lleva a vivir vidas vacías y sin propósito, desconectados de la fuente de vida y verdad.
Rechazar el evangelio no es solo una acción externa, sino una manifestación de una indignidad interna que afecta nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, y con los demás. Como templos del Señor, estamos llamados a ser dignos, lo que implica estar abiertos a la verdad del evangelio, recibir la gracia de Dios con humildad, y mantener nuestros cuerpos y corazones puros y receptivos a Su presencia. En este sentido, evitar el rechazo del evangelio es crucial para vivir en la plenitud de la dignidad que Dios nos ofrece.
Jesús también les enseñó que si encontraban una casa que no era digna, es decir, que no recibía el mensaje con el corazón abierto, la paz que los discípulos llevaban se les devolvería. Esto nos recuerda que el evangelio es un tesoro valioso, y no debemos desperdiciarlo donde no es apreciado.
Responsabilidad Frente al Rechazo del Evangelio
(Mateo 10, versos del 14 al 15)
\”Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.\”
Significado y Explicación:
En estos versículos, Jesús les da a sus discípulos una instrucción impactante: si no son recibidos o escuchados, deben sacudir el polvo de sus pies al salir de esa ciudad. Este acto simbólico era una forma de separar a los discípulos de la responsabilidad del rechazo. Era un testimonio claro de que el mensaje había sido proclamado, pero rechazado.
Jesús advierte que las consecuencias de rechazar el evangelio son graves. La referencia a Sodoma y Gomorra, ciudades conocidas por su gran pecado y destrucción, subraya que el rechazo al mensaje de Cristo es aún más severo.
Aplicación para la Iglesia Hoy:
La iglesia tiene la responsabilidad de compartir el evangelio con fidelidad, pero también debe reconocer cuándo su mensaje no es bienvenido. No podemos forzar a nadie a aceptar la verdad, y debemos estar preparados para seguir adelante cuando enfrentamos rechazo. Para aquellos dentro de la iglesia que son rebeldes y resisten el mensaje de Cristo, esta advertencia es especialmente pertinente. El juicio será severo para aquellos que habiendo escuchado el evangelio, lo rechazan una y otra vez.
Hermanos, si bien debemos ser persistentes en compartir el evangelio, también debemos saber cuándo es el momento de dejar en manos de Dios a aquellos que lo rechazan. ¿Estamos listos para asumir la responsabilidad de proclamar el evangelio con valentía, pero también para sacudir el polvo de nuestros pies cuando sea necesario?
Conclusión:
La misión del evangelio requiere discernimiento y responsabilidad. Debemos ser sabios para identificar dónde invertir nuestro tiempo y esfuerzo, reconociendo que no todos están dispuestos a recibir el mensaje de Cristo. Al mismo tiempo, debemos estar dispuestos a seguir adelante cuando encontramos rechazo, sabiendo que Dios es justo y que las consecuencias de rechazar Su mensaje son graves.
Que el Señor nos dé sabiduría, paciencia y coraje para cumplir nuestra misión en este mundo, y que nuestra paz repose sobre aquellos que son dignos de recibirla. Amén.



