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Nuestro texto bíblico lo tomaremos del evangelio según San Marcos capítulo 16 versos 14 al 18.
Amados hermanos/as, hoy nos sumergimos en un pasaje fascinante y, a primera vista, intrigante del Evangelio de Marcos. En estos versículos que tenemos a la base de nuestro mensaje de hoy encontramos a los once discípulos después de la resurrección de nuestro amado Señor Jesús el Cristo, lidiando con la incredulidad y la dureza de corazón. Sin embargo, algo extraordinario sucede, inmediatamente después de reprochar su falta de fe, Jesús les da una de las comisiones más poderosas y desafiantes que hombre alguno haya jamás recibido: \”Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura\” (Marcos 16:15).
Esto plantea una pregunta legítima: ¿Cómo es posible que Jesús les confíe una misión tan grande justo después de haberles reprochado su incredulidad? ¿No es esto una contradicción?
Hoy vamos a explorar cómo la gracia de Dios trasciende nuestra incredulidad y nos capacita para cumplir Su misión. También veremos cómo las señales que acompañan a los creyentes no dependen de la perfección humana, sino del poder de Dios.
1. La Incredulidad de los Discípulos
El versículo 14 nos muestra a los discípulos en una situación de incredulidad y dureza de corazón. A pesar de haber escuchado el testimonio de aquellos que vieron a Jesús resucitado, no creyeron. Esto no es una situación aislada, ya que encontramos en los Evangelios varios episodios donde los discípulos lucharon con la fe, incluso después de haber caminado con Jesús durante su ministerio terrenal.
¿Por qué les reprocha Jesús su incredulidad?
La incredulidad es una barrera que nos impide ver el poder de Dios en acción. Jesús sabía que, para la misión que les encomendaba, ellos necesitaban una fe firme. Sin embargo, lo que es asombroso en este pasaje es que, a pesar de la incredulidad y dureza de corazón, Jesús no los descalifica. Él los corrige, pero aún así los llama y les envía.
Aquí encontramos la primera lección clave: la obra de Dios no depende de nuestra perfección, sino de Su gracia y poder.
2. La Gran Comisión: Un Llamado a la Fe y Obediencia
Inmediatamente después de reprocharles, Jesús les da la gran comisión: \”Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura\” (Marcos 16:15). A simple vista, esto podría parecer contradictorio. ¿Cómo pueden estos discípulos, que todavía luchan con la fe, ser los mensajeros del evangelio?
Pero aquí vemos la segunda verdad espiritual: Dios no espera que seamos perfectos antes de enviarnos; nos envía para perfeccionarnos en el camino.
La misión que Jesús les da es más grande que sus dudas e imperfecciones. Su llamado no está basado en lo que los discípulos pueden hacer por sí mismos, sino en lo que Dios hará a través de ellos. La fe se fortalece en la obediencia. Cuando nos atrevemos a obedecer a Dios, a pesar de nuestras dudas, es cuando comenzamos a ver Su poder manifestarse.
3. Las Señales que Siguen a los Creyentes: Manifestaciones del Poder de Dios
Jesús les dice a los discípulos que a los que creen les seguirán ciertas señales: echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán serpientes sin ser dañados, y sanarán a los enfermos (Marcos 16:17-18).
Ahora, es importante entender que estas señales no son el producto de la fe perfecta de los discípulos, sino del poder de Dios que actúa a través de ellos. Las señales no son una prueba de la capacidad humana, sino una manifestación de la presencia de Dios.
¿Por qué entonces estas señales siguen a los creyentes?
La razón es que estas señales tienen un propósito más allá del individuo. Son demostraciones tangibles del Reino de Dios, evidencias visibles de que Jesús ha resucitado y que Su poder sigue actuando en el mundo. Las señales confirman el mensaje, no al mensajero.
Así, la sanidad de los enfermos, el echar fuera demonios y las demás señales, son testimonios del poder del evangelio en acción. Son una extensión de la misión de Jesús, que ahora se realiza a través de Sus seguidores.
4. La Paradoja de la Fe: Crecer en Medio de la Incredulidad
Hay una aparente contradicción en el hecho de que los discípulos, quienes en ese momento carecían de fe, fueran llamados a hacer obras tan grandes. Pero la verdad bíblica es que la fe no es la ausencia de dudas, sino la obediencia en medio de las dudas. A lo largo de toda la Escritura, Dios ha usado a hombres y mujeres imperfectos para llevar a cabo Su plan perfecto.
Pensemos en Gedeón, quien dudó del llamado de Dios y pidió varias señales. O en Moisés, quien dudó de su capacidad para hablar con Faraón. Sin embargo, en cada uno de estos casos, Dios mostró Su poder en medio de la debilidad humana.
Lo mismo ocurre con los discípulos. Aunque su incredulidad era un problema, Jesús sabía que, a medida que obedecieran Su mandato, su fe crecería y verían las señales del poder de Dios obrando a través de ellos.
5. Aplicación para Hoy: ¿Cómo Vivimos este Mandato?
Nosotros también somos llamados a \”ir por todo el mundo y predicar el evangelio\”. Puede que, al igual que los discípulos, nos sintamos a veces incrédulos, con dudas y temores. Pero el llamado sigue siendo el mismo: obedecer, confiando en que Dios hará Su obra a través de nosotros.
- No esperes tener fe perfecta antes de actuar. La fe crece en el ejercicio, en la obediencia diaria.
- No te descalifiques por tus dudas. Dios ya conoce tus luchas internas y, aún así, te ha escogido para ser Su testigo.
- Confía en que el poder de Dios se manifestará a través de ti, no por lo que eres, sino por lo que Él es.
Conclusión
Este pasaje no es una contradicción, sino una poderosa enseñanza sobre la gracia y el poder de Dios que actúan en medio de nuestras debilidades. Jesús reprocha la incredulidad, pero al mismo tiempo extiende Su gracia y encomienda una misión que trasciende las limitaciones humanas.
Así que, mis hermanos, si hoy te sientes como uno de esos discípulos, luchando con la incredulidad o la duda, recuerda: Dios no te ha descalificado. Él te llama, te capacita y promete que Su poder se manifestará a través de ti, para que el mundo vea que Jesús ha resucitado y que Su reino está entre nosotros.
Que el Señor nos fortalezca en nuestra fe mientras obedecemos Su llamado. Amén.



