La participación de los pastores en la política desde una perspectiva bíblica: Llamados a traer el Reino de Dios a la tierra

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El debate sobre si los pastores deben involucrarse en la política es un tema recurrente en la sociedad actual. Algunos argumentan que los siervos de Dios deben mantenerse al margen de la esfera política, mientras que otros defienden que su participación es crucial para influir en la dirección de un país. A menudo, se citan refranes populares como \”Zapatero a tus zapatos\” o se afirma que \”la política es del diablo\” para justificar la separación de la iglesia y la política. Pero, ¿qué dice la Biblia sobre este tema? ¿Cuál es la perspectiva bíblica sobre el rol de los pastores y siervos de Dios en la política de las naciones del mundo?

La responsabilidad de los líderes en la Iglesia del Señor

La Biblia enseña que aquellos que sirven a Dios tienen una responsabilidad especial en la sociedad y que como tal, se requiere de ellos una mayor responsabilidad, madurez y sabiduría. Los pastores y siervos de Dios no solo deben predicar el Evangelio en sus templos de adoración y congregaciones, sino también tienen la enorme responsabilidad de guiar y pastorear a su comunidad y nación en asuntos morales y éticos. En el Antiguo Testamento, los profetas como Isaías y Jeremías a menudo confrontaban a los gobernantes con mensajes de Dios para corregir la injusticia y la opresión. Como ejemplo, en Isaías capítulo 1 verso 17 leemos: \”Aprendan a hacer lo bueno; busquen la justicia, reprendan al opresor; defiendan los derechos del huérfano, aboguen por la viuda\”.

El equilibrio entre la fe y la política

Si bien es importante que los pastores se centren en su llamado espiritual, esto no excluye su participación en la política. La fe y la política no son mutuamente excluyentes. Jesús mismo enseñó en Mateo, capítulo 22 verso 21: \”Dad, pues, a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios\”. Esto implica que podemos cumplir nuestras responsabilidades cívicas o políticas mientras seguimos sirviendo a Dios. Este pasaje se produce cuando los fariseos intentan atrapar a Jesús en un dilema al preguntarle si es lícito o no pagar impuestos al emperador romano. La respuesta de Jesús es ingeniosa y sabia. Al pedir una moneda y señalar la imagen y la inscripción del emperador en ella, Jesús enfatiza que, como creyentes y siervos de Dios, debemos  cumplir con las obligaciones cívicas o políticas, como pagar impuestos, ejercer el sufragio o, inclusive, buscar puestos de elección popular desde los cuales también se pueda bendecir a los débiles y desposeídos de nuestras sociedades. Cuando el Señor Jesús nos ordena dar al César lo que es del César nos habla de las responsabilidades terrenales, cívicas y políticas, representada por César.

Sin embargo, al añadir \”y a Dios lo que es de Dios\”, Jesús subraya la importancia de que nuestras responsabilidades espirituales para con el Reino de Dios no deben ser subordinadas a ningún poder terrenal. Las vidas de las personas y de las naciones están bajo la autoridad divina, y su lealtad a Dios no debe ser comprometida por lealtades políticas o gubernamentales.

Jesús enseña la importancia de equilibrar las obligaciones cívicas o políticas con las obligaciones espirituales. La fe en Dios no excluye la participación en la vida cívica o política, pero se debe recordar que, en última instancia, la lealtad a Dios debe estar por encima de cualquier otra lealtad terrenal. Este pasaje destaca la necesidad de ser ciudadanos responsables y al mismo tiempo fieles a nuestras creencias y obediencia al evangelio de Jesucristo.

El papel de la política en la Biblia

No podemos ignorar que la Biblia también tiene mucho que decir sobre la política. En el Nuevo Testamento, Romanos, capítulo 13 versos 1 y 2 establece que las autoridades son instituidas por Dios y debemos someternos a ellas. Pero, al mismo tiempo, la Biblia nos insta a orar por las autoridades y buscar la voluntad de Dios en la política, como se menciona en Mateo, capítulo 6 versos 9 al 10: \”Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo\”.

La esperanza de la venida de Cristo

Es cierto que la Biblia enseña la venida de Jesús para poner fin a los gobiernos humanos y establecer su reino. Sin embargo, esto no significa que debamos quedarnos pasivos en asuntos políticos actuales. Más bien, debemos trabajar para establecer principios y valores bíblicos en la sociedad, siendo sal y luz en el mundo, como nos lo dice Mateo, capítulo 5 versos 13 al 16. Lo que esto significa es que yo, como siervo al servicio del evangelio soy llamado a ser luz en un mundo lleno de oscuridad, corrupción, manipulación, violencia, engaño, muerte. Soy llamado a ser la sal de toda la tierra y no solamente la sal de la congregación que dirijo. Aquellos que hemos sido llamados al servicio del Señor Jesucristo en la predicación, enseñanza y práctica del evangelio, hemos sido llamado a ejecutarlo no solamente en el interior de las paredes de nuestros templos sino más bien en toda la tierra.

La cuestión de si los pastores deben o no involucrarse en la política es un tema y responsabilidad que la biblia lo deja más que claro: Los siervos de Dios son llamados a ser la luz del mundo y la sal de toda la tierra como lo expresan las escrituras en Mateo, capítulo 28 versos 18 y 19, Lucas, capítulo 24 versos 46 y 47. 

En Mateo, capítulo 5 versos 13 al 16 leemos: Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

La Biblia nos brinda principios que nos instan a buscar la justicia, orar por las autoridades y vivir de acuerdo con los valores del Reino de Dios. En última instancia, la decisión de participar en la política debe ser guiada por la conciencia y la convicción de cada siervo de Dios, en el entendido de que siempre ha de estar en busca de la gloria de Dios y el bienestar de la sociedad.

El pasaje en Romanos, capítulo 8 versos 19 al 21 nos ofrece una visión profunda sobre el plan de Gobierno de Dios y la responsabilidad de los creyentes en el mundo. 

El proyecto de Dios para la creación

El Apóstol Pablo nos revela que la creación anhela la manifestación de los hijos de Dios. Esto significa que toda la creación, incluyendo la naturaleza y la humanidad, espera ser liberada de la corrupción y la esclavitud a la que han sido llevados por los gobiernos humanos. El plan de Dios es redimir y restaurar todo lo que ha sido afectado por el pecado y la dirección carnal, egoísta y arrogante del ser humano.

La responsabilidad de la Iglesia

La responsabilidad de llevar a cabo este proyecto de Gobierno Divino recae en la Iglesia, el cuerpo de creyentes en Jesucristo. La Iglesia debe ser un agente de cambio que promueva la justicia, que denincie la corrupción, el abuso de poder, la manipulación y el engaño al que son sometidos los pueblos y que, a la misma vez anuncie la paz y el gozo en el Espíritu Santo. Esto implica amar y proteger a los más débiles y necesitados de la sociedad, así como trabajar para transformar la injusticia y la opresión porque la Iglesia del Señor ha de entender que una cadena es tan fuerte como el eslabón más débil.

Nuestra responsabilidad social

Como creyentes en el Evangelio, nuestra responsabilidad social es fundamental. Debemos ser conscientes de que somos embajadores del Reino-Gobierno de Dios en la Tierra. Esto significa que debemos actuar de manera justa, buscar la paz y llevar gozo a nuestro entorno. Debemos preocuparnos por las necesidades de los demás y trabajar para aliviar el sufrimiento y la injusticia en nuestras naciones.

El Evangelio como promoción de justicia, paz y gozo

Romanos, capítulo 14 verso 17 nos enseña que el Reino de Dios no se trata de asuntos materiales como comida o bebida, sino de valores espirituales como la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. El Evangelio es un llamado a vivir de acuerdo con estos valores en nuestras interacciones con los demás y en nuestra sociedad en general.

El pasaje de Romanos, capítulo 8, versos 19 al 21, nos recuerda que como creyentes, tenemos una profunda responsabilidad hacia el mundo en el que vivimos. Debemos ser agentes de cambio que buscan la justicia, la paz y el gozo, siguiendo el ejemplo de Cristo. Nuestra responsabilidad social implica amar a nuestros semejantes, proteger a los débiles y trabajar por la restauración de una sociedad más justa y equitativa, reflejando así los valores del Reino de Dios en la Tierra.

Cuando exploramos los evangelios y permitimos que el Espíritu de Dios nos revele su palabra, descubrimos que Jesús recorrió pueblos y ciudades proclamando las buenas nuevas de la salvación. Pero, ¿cuál era la esencia de esta \”buena noticia\” que Jesús anunciaba? En realidad, la buena noticia era que el Reino-Gobierno de Dios había llegado a la Tierra, lo que implicaba que el Gobierno de Dios se había manifestado en el mundo.

El Reino de los Cielos como un Tesoro Escondido

En Mateo 13, Jesús enseñó a sus discípulos sobre la naturaleza del Reino de los Cielos. Lo comparó con un tesoro escondido en un campo que un hombre encuentra y, lleno de alegría, vende todo lo que tiene para comprar ese campo. Esta parábola ilustra la incomparable valía del Reino de Dios, que supera todo lo que uno podría poseer en este mundo.

La Perla de Gran Precio

Jesús también compara el Reino de los Cielos con un mercader en busca de valiosas perlas. Cuando encuentra una perla de gran precio, vende todo lo que tiene para adquirirla. Esta parábola resalta la singularidad y la excelencia del Reino de Dios, que justifica cualquier sacrificio que hagamos para ser parte de él.

La Red que Recoge de Toda Clase de Peces

La tercera parábola en Mateo 13 es la de la red echada en el mar. Esta red recoge peces de todas las clases, pero al final, se separan los buenos de los malos. Jesús usa esta ilustración para describir cómo, al final de los tiempos, los ángeles separarán a los justos de los malvados. Aquí, el Reino de Dios se presenta como un lugar de separación entre aquellos que lo aceptan y viven según sus principios y aquellos que lo rechazan.

El mensaje central de Jesús era la llegada del Reino de Dios a la Tierra. Este Reino implica el Gobierno de Dios en el mundo, una realidad que supera cualquier tesoro terrenal. Jesús nos enseñó que vale la pena sacrificar todo por el Reino de los Cielos, porque su valor es incalculable. Además, nos advirtió sobre el juicio final, cuando los justos serán separados de los malvados. En última instancia, la \”buena noticia\” es que tenemos la oportunidad de ser parte de este Reino, viviendo de acuerdo con sus principios de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

El Reino de Dios representa el gobierno y la soberanía divina en el mundo. Jesús centró su mensaje en este tema porque anunciaba la llegada de una nueva forma de gobierno, una forma que se basaba en la justicia, el amor y la verdad, en contraposición a las limitaciones y defectos de los gobiernos humanos. Jesús buscaba transformar la mentalidad de sus seguidores y conducirlos hacia una comprensión más profunda de esta realidad divina.

El Llamado al Arrepentimiento

Juan el Bautista, Simón Pedro y Jesús enfatizaron el arrepentimiento como parte fundamental de su mensaje. Arrepentirse, en su esencia, significa cambiar la forma de pensar y renovar el entendimiento. Para entrar en la visión del Gobierno de Dios, nuestras mentes deben ser liberadas de pensamientos y entendimientos humanos que a menudo están influenciados por la manipulación y las estructuras de poder corruptas presentes en los gobiernos terrenales.

Proclamando el Reino de Dios

La creencia errónea de que los siervos de Dios no deben proclamar el Gobierno de Dios en la Tierra y al mismo tiempo buscar cambiar los gobiernos corruptos terrenales conforme a la visión de Dios ha llevado a la falta de denuncia de la corrupción y el abuso de poder que a menudo caracterizan a los gobiernos humanos. Jesús y sus seguidores reconocieron la necesidad de confrontar las injusticias y la opresión que pueden surgir en los sistemas gubernamentales terrenales. Proclamar el Reino de Dios es un llamado a vivir según los principios divinos de justicia, paz y amor, y a trabajar por la transformación de la sociedad.

La enseñanza sobre el Reino de Dios representa un llamado a una visión superior de gobierno, basada en la justicia divina y el amor. El arrepentimiento implica un cambio profundo en la forma de pensar y una liberación de las limitaciones humanas. Jesús y sus discípulos, haciendo uso de su evangelio, nos animan a proclamar este Reino en la Tierra, denunciando la corrupción y abuso de poder, y trabajando para la transformación de la sociedad. En última instancia, es una invitación a vivir de acuerdo con los valores del Reino de Dios en medio de un mundo que necesita sanidad y restauración.

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