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Hoy es Domingo de Resurrección en la tradición Judeo-Cristiana.
El comportamiento humano es complejo debido a una interacción de factores genéticos, biológicos, psicológicos, sociales y culturales. Además, las experiencias individuales, la educación, las influencias ambientales y las circunstancias de vida contribuyen a moldear nuestras acciones y decisiones. La diversidad de estos factores y la complejidad de sus interacciones hacen que el comportamiento humano sea difícil de predecir y entender completamente.
En Isaías 5:20, leemos: \”Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!\”.
Esta inversión de valores se refiere a una distorsión moral y espiritual que puede ocurrir cuando las personas se apartan de los principios rectos y se dejan llevar por sus propios deseos, influencias sociales corruptas o engañosas, o una percepción distorsionada de la realidad. Puede ser el resultado de la ignorancia, la maldad del corazón humano o la influencia de fuerzas malignas que buscan pervertir la verdad y promover la maldad.
Estas diferencias en el comportamiento de la persona humana lo podemos apreciar, inclusive, en la manera como los discípulos originales reaccionaron a la muerte y a la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Las diferentes reacciones de los discípulos y seguidores del Señor ante su muerte y resurrección reflejan la complejidad de la experiencia humana y la variedad de emociones que pueden surgir frente a un evento tan significativo y sobrenatural como la resurrección de Cristo.
En primer lugar, tenemos a José de Arimatea y Nicodemo, quienes inicialmente eran seguidores discretos de Jesús por temor a las represalias de las autoridades religiosas. Sin embargo, su valentía y compromiso se manifiestan cuando deciden dar la cara frente a los poderosos y solicitar el cuerpo de Jesús para darle un adecuado sepulcro. Esta reacción muestra una transformación interna, pasando del miedo a la valentía y la determinación de hacer lo correcto.
Juan 19:38-42 – Detalla el entierro de Jesús y el papel de José de Arimatea y Nicodemo.
Por otro lado, María Magdalena experimenta una mezcla de desconcierto y confusión al descubrir el sepulcro vacío. Su reacción inicial al encontrarse con Jesús resucitado, a quien confunde con el hortelano, revela su incredulidad y su dificultad para asimilar la realidad de la resurrección. Su proceso de comprensión y aceptación es gradual y requiere tiempo para procesar lo que está experimentando.
Juan 20:1-10 – Describe el descubrimiento del sepulcro vacío, que inicialmente desconcertó a María Magdalena y a los discípulos.
La historia de los discípulos en el camino a Emaús muestra una reacción similar de incredulidad y confusión. A pesar de escuchar el testimonio de la resurrección por parte de otros discípulos, no reconocen a Jesús hasta que él mismo se les revela al partir el pan. Esta reacción resalta la importancia del proceso de revelación personal y la necesidad de abrir los ojos espirituales para reconocer la presencia de Cristo en nuestras vidas.
Lucas 24:13-35 – Relata el encuentro de Jesús resucitado con dos discípulos en el camino a Emaús, quienes estaban tristes y desconcertados por los eventos recientes.
Las mujeres que encuentran el sepulcro vacío son sorprendidas y llenas de temor ante el anuncio del ángel sobre la resurrección de Jesús. Su reacción inicial de asombro y miedo muestra la naturaleza sobrenatural del evento y la dificultad de asimilarlo completamente en un primer momento. Sin embargo, su incredulidad inicial eventualmente se transforma en gozo y adoración cuando finalmente se encuentran con Jesús resucitado.
Juan 20:11-18 – Muestra el encuentro de María Magdalena con Jesús resucitado, donde inicialmente lo confunde con el jardinero debido a su profundo dolor y desconcierto.
Marcos 16:1-8 – Describe la visita de las mujeres al sepulcro de Jesús y su sorpresa al encontrarlo vacío, seguido por el mensaje de un ángel que las llena de asombro y temor.
En resumen, las diferentes reacciones de los discípulos y seguidores de Jesús ante su resurrección reflejan la diversidad de respuestas humanas frente a lo divino. Cada individuo procesa la experiencia de manera única, influenciado por su contexto, sus emociones y su relación personal con Jesús.



