¿Por qué existe tanta maldad en el ser humano? 

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Nuestro texto central para este pensamiento lo tomamos de las Santas Escrituras que encontramos en el libro de Romanos, capítulo 1, versículos 16 al 32.

El ser humano, a menudo, se desvía de la senda de la bondad. No glorifica a Dios, no le da gracias, no le rinde homenaje, no confía en Él, lo menosprecia y no lo toma en consideración en su vida. Ésta es la raíz de nuestra impiedad, es decir, ésta es la raíz de nuestra maldad.

La maldad empieza cuando nos alejamos de nuestro mayor bien, que es Dios. Todas las formas de vicio, corrupción, maldad, crímenes e injusticias provienen del peor de todos los crímenes: el acto de alejarnos de Dios, lo que en última instancia nos perjudica.

Como Mark Twain dijo una vez: \”Es más sencillo engañar a un hombre que convencerlo de que ha sido engañado\”. Nos encanta el entretenimiento de la lucha libre, a pesar de su evidente falsedad. Las actuaciones están meticulosamente coreografiadas, especialmente los momentos que parecen sacados de una telenovela. Disfrutamos de la exageración y el asombro, incluso si sabemos que es falso.

De hecho, podríamos afirmar, a modo de ejemplo, que \”no existe un hombre más honesto y sincero que Donald Trump, que nunca miente\”, y la gente podría creerlo con mayor facilidad que si le decimos la verdad. Podríamos incluso decir que \”No solo es el mejor presidente que haya tenido El Salvador, sino el más inteligente, sabio, valiente y carismático de todos los tiempos\”, en referencia al Sr. Bukele, y la gente aplaudiría sin reservas. Parece que abrazamos la mentira con facilidad.

Sin embargo, si mencionamos que Jesús es el único y sabio Dios y que solo a través de Su nombre podemos encontrar la salvación, algunos reaccionan con hostilidad. La verdad es que a menudo preferimos la comodidad de la ficción a la dura realidad espiritual.

Por lo tanto, matar, incurrir en inmoralidades sexuales, robar, mentir, calumniar, difamar, esparcir chismes, codiciar y actuar por avaricia, tomar el nombre de Dios en vano, traicionar, manifestar egoísmo, caer en las garras de las adicciones, considerar el suicidio, cometer actos violentos, expresar groserías y maldiciones hacia las personas, faltar al respeto, no obedecer a tus padres, obsesionarse al punto de dañar a otros, perjudicar a las personas mediante palabra y obra, caer en la soberbia, no amarse a uno mismo ni al prójimo, practicar la brujería, maltratar a los animales, rendir culto a ídolos, caer en la pereza, manipular, engañar, tener pensamientos impuros y deseos impuros, ser egocéntrico, ejercer tiranía, envidiar, exhibir narcisismo o psicopatía; todos estos son actos de maldad.\”

\”Extremadamente impío, sorprendentemente malvado y vil\”, fueron las palabras que el juez Edward Cowart usó para describir los crímenes de Ted Bundy, el asesino en serie de la década de los setenta en Estados Unidos, el día que fue condenado a muerte por cometer más de 30 asesinatos.

Estas mismas palabras también pueden aplicarse para describir la maldad inherente en la naturaleza humana, tal como lo expuso el apóstol Pablo en Romanos, capítulo 1, versos 16 al 32.

Este capítulo es de vital importancia para comprender la condición humana, el pecado y el evangelio. No podemos permitirnos vivir una vida cristiana sin una comprensión sólida y bíblica del pecado, la maldad, la gracia y el evangelio.

Entre todos los textos escritos a lo largo de la historia de la humanidad, el primer capítulo de Romanos nos brinda la visión más completa, la explicación más coherente y el argumento más sólido acerca de la maldad del ser humano. Este pasaje ofrece una exposición exhaustiva de la naturaleza del pecado. Pablo, en este texto, abre las cortinas que se remontan a Génesis 3, para mostrar con mayor claridad y detalle lo que realmente está detrás del pecado. En otras palabras, Romanos 1 es el desarrollo y la explicación de Génesis 1 al 3.

En este pasaje, podemos encontrar al menos cuatro verdades fundamentales acerca de la maldad de los seres humanos:

La maldad de los hombres es universal

Pablo lo afirmó claramente al decir: \”Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad\” (Romanos capítulo 1 verso 18). Esto establece que la maldad y la injusticia son prácticas que todos los seres humanos cometen, y, por ende, la ira de Dios se cierne sobre todos. Este testimonio es un recordatorio de que todos, sin excepción, somos culpables.

Esta maldad es la realidad compartida por todos los seres humanos. Todos nos encontramos en esta condición, todos participamos en la impiedad y la injusticia que desencadenan la ira divina. La maldad es un estado en el que todos los seres humanos nos encontramos; es una realidad innegable en el mundo que nos rodea. Las noticias, las calles, el lugar de trabajo, las escuelas e incluso nuestros propios corazones corroboran el testimonio de la Biblia. La maldad de los seres humanos es una realidad universal.

Jesús, al dirigirse a un joven rico, le dijo: \”¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, excepto uno: Dios\” (Marcos capítulo 10 verso 18). El Señor expresó esto para corregir la creencia común entre los judíos de que existen hombres buenos, y el joven que se acercó a Él consideró que Jesús era uno de esos hombres buenos. El Señor no buscaba demostrar su divinidad, sino desafiar la percepción del joven, quien se veía a sí mismo como una persona buena. En su propia estimación, él se consideraba bueno, y Jesús intentaba enseñarle que \”no hay hombres buenos\”. Salomón, por su parte, afirmó: \”He aquí, esto solo he encontrado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones\” (Eclesiastés capítulo 7 verso 29).

Por lo tanto, el apóstol Pablo concluyó en Romanos capítulo 3 verso 12: \”No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno\”. Lo que aprendemos de Romanos 1 es que la maldad de los seres humanos es una realidad universal; es la condición compartida por todos los seres humanos, sin excepción.

La maldad de los hombres está enraizada en el abandono a Dios

En el corazón de la maldad yace el hecho de que hemos ignorado a Dios, no le hemos rendido el homenaje que merece y no le hemos expresado gratitud por todas las bendiciones y favores con los que nos colma a diario. Este desapego de Dios se refleja en los siguientes versículos:

\”Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias\” (Romanos capítulo 1 verso 21).

\”y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible\” (Romanos capítulo 1 verso 23).

\”ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador\” (Romanos capítulo 1 verso 25).

\”Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios\” (Romanos capítulo 1 verso 28).

Estos versículos resaltan el hecho de que el ser humano, en su esencia, se muestra indiferente hacia Dios, lo ignora y le da la espalda de manera deliberada y orgullosa. La maldad, en su núcleo, está fundamentada en esta declaración de independencia que el ser humano expresa hacia su Creador.

La maldad se relaciona con haberle negado a Dios la gloria que le corresponde y habérsela otorgado a las cosas creadas. El ser humano ha convertido las creaciones en ídolos a quienes adora, honra y en quienes busca su identidad, alegría y esperanza.

Un pasaje ilustrativo es Jeremías capítulo 2 versos 11 al 13: \”¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha. Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera, dijo Jehová. Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua\”.

En la esencia de la acusación del Señor, a través del profeta, se encuentra el hecho de que el ser humano abandona a su Dios, quien es la fuente de su vida, provisión, bienestar y esperanza. En su lugar, el ser humano busca otras fuentes (manantiales/ídolos) para encontrar vida, esperanza, bienestar y alegría.

Juan Calvino enfatiza en términos fuertes la gran maldad que hemos cometido contra Dios. Según Calvino, la existencia, belleza y grandeza de la creación \”debieron haber inducido al ser humano a glorificar a Dios. Sin embargo, nadie cumplió con su deber apropiado. Por lo tanto, parece que todos fueron culpables de sacrilegio y de ingratitud perversa y abominable.\” 

El ser humano no le rinde homenaje a Dios, no le agradece, no le honra, no confía en Él, lo menosprecia y no lo toma en consideración. Aquí reside nuestra impiedad. La maldad comienza y tiene su punto de partida en el hecho de que nos hemos alejado de nuestro bien supremo, que es Dios. Todos los vicios, maldades, crímenes e injusticias se originan en el mayor de todos los crímenes: es decir, tienen su raíz en la mayor de las injusticias y maldades, que es el abandono de Dios.

La maldad de los hombres es un juicio de Dios

¿Cuál es la respuesta de Dios ante la maldad de los hombres? ¿Cómo ha reaccionado Dios ante esta rebelión y desafío? La respuesta podría parecer, a primera vista, estar relacionada con la maldición que recae sobre el mundo creado, como Pablo lo expresó cuando dijo: \”Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora\” (Romanos capítulo 8 verso 22).

Sin embargo, Romanos capítulo 1 nos proporciona una perspectiva reveladora sobre la forma en que Dios ha respondido. En realidad, nos muestra que Dios ha permitido que los hombres sigan sus deseos malvados:

\”Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos\” (Romanos 8:24).

\”Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza\” (Romanos capítulo 8 verso 26).

\”Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen\” (Romanos capítulo 8 verso 28).

En otras palabras, la maldad que los hombres han manifestado, al ignorar y deshonrar a Dios, ha llevado a Dios a permitir que vivan de acuerdo a sus deseos, permitiendo que esta misma maldad se manifieste y se haga evidente en sus vidas cotidianas. Frente a la maldad que han elegido, Él no interviene para detenerlos, sino que parece decir: \”¿Es esto lo que quieren? Muy bien, eso es lo que tendrán\”. Al ignorar a Dios, según Pablo, Dios permite que sigan su camino, y el resultado natural es más maldad.

Es cierto que Dios tiene el poder de juzgar a una nación, a un pueblo o a individuos, y puede hacerlo a través de desastres naturales, enfermedades, líderes impíos, hambre y tragedias inesperadas. Sin embargo, el juicio de Dios se manifiesta de manera más evidente y continua en la misma maldad de los hombres.

En los versículos 29 al 31, Pablo presenta una lista de casi 30 vicios y pecados que abarcan una amplia gama, desde la fornicación hasta la envidia, desde la murmuración hasta el homicidio, recordándonos que todo pecado, incluso aquellos que pueden parecer menos graves, guarda relación con la gloria de Dios. En otras palabras, cada vez que pecamos a través de la murmuración, envidia o arrogancia, estamos ignorando y menospreciando la gloria de Dios.

Además, la mención específica de los pecados del homosexualismo y lesbianismo no se debe a que sean pecados peores, sino que Dios utiliza estas prácticas para ilustrar lo despreciable que es abandonar a Dios. Así como es antinatural que un hombre tenga relaciones con otro hombre, de la misma manera es antinatural que las criaturas, creadas por un Dios bueno, no le adoren ni vivan para Él. John Piper sostiene que este pecado es una representación dramática de lo que los hombres han hecho contra Dios.

En resumen, la raíz de la maldad se encuentra en el abandono de Dios. La maldad del hombre se origina en haber dado la espalda a Dios, y Dios juzga esta maldad permitiendo que se manifieste aún más, para que comprendamos cuán injusto e impío es abandonar a Dios. La maldad que los hombres cometen, en sí misma, es un juicio. Es como si alguien quisiera deslizarse por un tobogán, y nosotros lo dejáramos hacerlo. Eso es precisamente lo que Dios ha hecho. La consecuencia del pecado de abandonar a Dios es más pecado. El juicio por la maldad es más maldad.

La maldad de los hombres solo tiene solución en el evangelio

Es fundamental reconocer que no existe esperanza para la humanidad fuera de Dios. Si hemos abandonado al Creador y lo hemos ofendido, y es Él quien nos condena, entonces solo de Él puede surgir la solución. Únicamente a través de Él podemos alcanzar el perdón, la transformación y la redención. Solo por medio de Él se puede reparar y restaurar esta situación.

Por lo tanto, esta sección, que comienza de manera clara y aterradora, nos presenta la solución al problema. Contrariamente a lo que podríamos pensar, Pablo nos ofrece el remedio antes de exponer el terrible diagnóstico. Nos da la solución antes de plantear el problema. En sus palabras: \”Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: \”Mas el justo por la fe vivirá\” (Romanos capítulo 8 versos 16 al 17).

El pecado ha ocasionado dos problemas fundamentales para el pecador: ha corrompido su ser interior y lo ha hecho culpable ante Dios. En otras palabras, debido al pecado, el ser humano se encuentra condenado y corrompido. Por tanto, el evangelio de la gracia es la única respuesta a la problemática del ser humano.

El evangelio ofrece el perdón de los pecados, comenzando por el pecado de haberle dado la espalda a Dios, y también brinda un cambio de corazón a los seres humanos. El evangelio de Cristo constituye la única solución a la maldad de los hombres porque genera una nueva vida, con nuevos deseos, aspiraciones, metas e ideales. La gracia de Cristo se erige como la única esperanza para este mundo caído, ya que solo Cristo puede otorgar perdón y una nueva vida al pecador.

Esta profunda reflexión sobre la magnitud del pecado y la grandeza del evangelio, presentada en Romanos capítulo 1, halla eco en el conocido himno \”Su gracia es mayor\” de Matt Boswell, quien proclama: \”Mis faltas son muchas, su gracia es mayor\”. Este es el precioso mensaje que se desprende de Romanos: el grandioso evangelio que es suficiente para sanar la gran maldad de los seres humanos.

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