Viiendo el ocaso de los últomos días: echarán de la mano de un hombre siete mujeres

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Hoy exploraremos la profecía de Isaías 4:1 y su relevancia para nuestros días que, dicho sea de paso, es increíblemente profunda y certera. 

Isaías 4:1

“Echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio.”

Vivimos en tiempos críticos, pero es crucial comprender que los \”últimos tiempos o los últimos días\” no son exclusivos de nuestra era, como equivocadamente se nos ha enseñado, sino que se remontan al nacimiento de la Iglesia en Pentecostés, como señala 2 Pedro 3:8-10

Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (Luego agrega una transición de los Tiempos Finales al Ocaso de los Tiempos finales🙂 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.”

Claramente la perspectiva bíblica trasciende nuestra percepción humana que es visible y  temporal. La perspectiva de Dios es eterna e invisible. Aquello que no se ve (lo eterno), sostiene a lo que se ve (lo temporal). Cuando las escrituras hablan de los últimos días no se están refiriendo a los eventos de los siglos XX o XXI; sino más bien al tiempo que las Escrituras llaman: “El tiempo de los Gentiles” (Lucas 21:24 / Tiempo de la Iglesia).

En honor a la verdad, nosotros no estamos viviendo los últimos tiempos sino más bien el Ocaso/el final de los Últimos Tiempos.  

Lucas 21:7-24

Desde el día de Pentecostés, la Iglesia vive en los últimos tiempos (Hechos 2:17). Este entendimiento contrarresta la noción errónea de que se refiere exclusivamente a nuestra generación.

Las escrituras son claras al decirnos que para el Señor un día es como mil años y mil años es como un día (2 Pedro 3:8). Esta perspectiva divina desafía nuestra comprensión limitada y enfatiza la importancia de vivir con expectativa y vigilancia. 

Conciencia apostólica 

Los apóstoles y la iglesia primitiva creían estar viviendo en los últimos días debido a la realidad espiritual de su tiempo (Hechos 2:16-17). Esta conciencia nos invita a evaluar nuestra época a la luz de las Escrituras y la guía del Espíritu Santo. Es esencial comprender que vivimos en tiempos críticos desde el inicio de la Iglesia. La profecía de Isaías 4:1 nos desafía a reflexionar sobre nuestra condición espiritual y la urgencia de prepararnos para el retorno del Señor en cualquier momento. 

La perspectiva eterna de Dios: Vivir en la dimensión de los milenios

Dios tiene una percepción del tiempo que trasciende nuestra comprensión humana. Él ve nuestra existencia desde la perspectiva de los milenios, no desde la perspectiva de días, semanas, meses, años o siglos como nosotros lo hacemos. Esta visión divina impacta nuestra comprensión del tiempo y la historia y somos nosotros los obligados a ajustarnos a la visión del tiempo de Dios y no Dios a la visión del tiempo de nosotros.

La obra de la creación 

En Génesis 1, vemos que Dios creó los cielos y la tierra en siete días, que representan, en este caso, siete milenios desde la perspectiva divina (2 Pedro 3:8). Cada día (mil años) de la creación refleja un período de tiempo en la historia de la humanidad. A estos períodos de mil años (1 día) cada uno también se les llama Dispensaciones. Desde la expulsión de Adan y Eva del paraíso hasta nuestros días han pasado seis mil años o el equivalente a seis días vistos desde la perspectiva de Dios. 

La historia redentora 

Desde la caída de Adán y Eva hasta la llegada de Abraham, pasaron dos mil años, representando  ‘dos días\” en la visión de Dios.  Salmo 90:4… “Porque mil años delante de tus ojos. Son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche.”

Otros dos mil años transcurrieron desde Abraham hasta la venida de Cristo, y otros dos mil desde entonces hasta nuestros días. Todo esto significa que lo que nuestra generación está viviendo es en realidad el ocaso de los últimos días que iniciaron el día de pentecostés. 

Para entenderlo mejor, podemos comparar este conocimiento con una semana regular. Esto significa que los \’últimos días\’ comenzaron en el día de Pentecostés, equivalente a un jueves, y nuestra generación, que está viviendo en el ocaso de los últimos días, está por cerrar el día viernes. Nos encontramos a las puertas del séptimo milenio o séptimo día, en el cual Dios reposó de toda su creación. Esto implica que la tierra experimentará el Reinado de Dios, que durará mil años (un día), y traerá paz a la tierra como nunca antes la ha tenido. 

Apocalipsis 20:4

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”

El séptimo día de descanso

Como Dios descansó en el séptimo día de la creación, el último milenio será un tiempo de paz y reposo (Hebreos 4:9). Actualmente, estamos viviendo en la tercera parte de la semana divina, los últimos dos días que conducen a la consumación de todas las cosas. Estos dos últimos días (dos mil años) son lo que las escrituras llaman “El Tiempo de los gentiles”. Lucas 21:24… Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.” “El Tiempo de los Gentiles” (dos mil años o dos días) es lo que debemos llamar “los últimos tiempos o los tiempos finales”.

Nuestra vida y la historia están en las manos del Dios eterno, quien ve y dirige todo desde la perspectiva de los milenios, nunca en términos de días, semanas, años o siglos. Recordemos que estamos en un tiempo crucial, avanzando hacia el cumplimiento completo de su plan redentor. Vivamos con esperanza y expectativa, sabiendo que el Señor está obrando en su perfecto tiempo.
La vida de Jesús, su muerte y resurrección marcaron el comienzo de un período crucial en la historia: Los Últimos Días. 
En el día de Pentecostés, Pedro se levantó y proclamó las palabras del profeta Joel: \”Y en los postreros días (Los Últimos Días), dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne\” (Hechos 2:17). Pedro estaba enfatizando lo que estaban viviendo en los últimos días, evidenciados por el derramamiento del Espíritu Santo como señal divina comenzando con el día de pentecostés.

Además, el apóstol Pablo, en su carta a los corintios, nos recuerda que las experiencias pasadas están registradas como lecciones para nosotros, que hemos llegado al final de los tiempos. 1 Corintios 10:11… “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.”  Pablo estaba plenamente consciente de que vivía en los últimos días. Es innegable entonces que nosotros estamos viviendo en el ocaso de los últimos días, los Apóstoles y la iglesia primitiva vivieron en el principio de los últimos días.

En el libro del Apocalipsis, Juan tiene una visión impactante de Jesús entre los siete candelabros de oro, con \”sus ojos como llama de fuego, y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno\” (Apocalipsis 1:14-15). Esta visión deja a Juan temblando de temor. Es importante recordar que este es el mismo Juan que una vez descansó su cabeza sobre el pecho de Jesús. Ahora, al ver al Señor en esta majestuosa forma, se siente completamente abrumado.

En las escrituras, la iglesia siempre está representada en género femenino y, en muchos casos, se describe como una novia o la esposa de Cristo. El Profeta Isaías en el capítulo 4:1 menciona siete posibles novias o mujeres que buscan que “su esposo” les permita usar “su nombre” para claramente quitar su vergüenza. Está claro que todo esto es un símbolo de las características presentes en la iglesia de los últimos dos días.

Los dispensacionalistas podrán argumentar que las siete iglesias del Apocalipsis representan siete períodos distintos de la iglesia. Sin embargo, al escudriñar las escrituras y la misma historia encontraremos todas esas características en todas las iglesias a lo largo de las generaciones de los últimos dos mil años. Incluso en aquellas iglesias bendecidas y reconocidas por el Señor, como las de espíritu de Esmirna o Filadelfia, encontraremos en ellas una mezcla de características que desagradan a Dios.

Estas siete posibles novias buscan aferrarse a un hombre, a quien identificamos como Cristo Jesús. Sin embargo, lo cierto es que estas “mujeres/iglesias” no están interesadas en amarlo, sino en liberarse de la deshonra que sienten por causa de su pecado.

\”Comeremos nuestro pan y nos vestiremos con nuestras ropas; solo permítenos llevar tu nombre, quita nuestra deshonra\” (Isaías 4:1).

Imaginemos a siete mujeres acercándose a un hombre y diciéndole: \”No tienes que proveernos de comida; nosotras nos encargaremos de eso. Tampoco necesitas proveernos ropa; ya nos encargaremos nosotras mismas de eso\”.

No es necesario ser muy espiritual para entender el significado aquí. Después de todo, el pecado es una afrenta para las naciones (Proverbios 14:34), una deshonra, una vergüenza, un peso de culpa. Estas mujeres desean ser la novia/iglesia de Cristo, pero sólo bajo sus propios términos. Buscan un acuerdo sin compromiso, sin amor y sin devoción. De ahí que solamente les interese llevar el nombre del esposo, no necesitan nada más de él.  De esa manera vivirán como les dé la gana, crearán su propia teología y sus propias enseñanzas o doctrina en concordancia con sus propias concupiscencias. 

El número siete se utiliza en relación con estas novias para recordarnos que en cada sistema de iglesia hay personas así y, en el mundo de hoy, no son solamente personas que se comportan y viven de esta manera, son organizaciones completas con mucha influencia en millones de millones de seres humanos. Intentan aferrarse a un hombre, Cristo Jesús, solamente para obtener alivio de la culpa y la condenación de sus pecados. Aparentan ser lo que no son y engañan a las multitudes. Mateo 24:5…

“Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.” 

Judas 1:3-16

Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.

Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron. Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.

No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.  Pero estos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.

De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él. Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.”

Justificados por Fe

Creemos firmemente en la justificación por fe. Es solo mediante la fe en Jesucristo que somos salvos. Somos justificados debido a Su obra consumada en la cruz. Por eso podemos vivir sin culpa, sin miedo y sin condenación. Este es el gran significado del evangelio. 

Sin embargo, si todo lo que deseamos de Jesús es el perdón, si no deseamos tener intimidad con Él, vivir de Él como el pan del cielo y someternos a Su mirada ardiente que examina y convence, entonces nos estamos limitando a buscar solo el perdón.

Hoy en día, muchos pastores y evangelistas predican un mensaje de perdón únicamente, y eso es todo lo que predican. Claman: \”Ven, acepta a Jesús y disfruta de una vida libre de culpa, miedo o condenación. Solo cree y confiesa, y serás parte de Su novia. ¡Puedes seguir tu propio camino y hablar tu propio lenguaje!\” y no te preocupes, la sangre de Cristo cubre todos tus pecados.” Eso por supuesto no es verdad, ese es el evangelio falso que venden esas 7 mujeres. Estas mujeres no desean comprometerse con Jesúsl. Solo desean librarse del oprobio o la afrenta del pecado pero ya de largo la condenación a ellas no se alarga. 

Todos sabemos que no somos salvos por la ley, pero la ley tiene un propósito crucial en nuestras vidas. Actúa como un espejo que nos muestra los mandamientos y las demandas de Dios. Cuando nos enfrentamos a la imposibilidad de cumplir esos mandamientos, somos llevados a Cristo cuyo sacrificio nos libra de todo pecado. Sin embargo, ¡que Dios nos ayude si no escuchamos esta clase de predicación!

Desafortunadamente, muchas iglesias han descuidado la Palabra de Dios, reemplazándola con diez minutos de entretenimiento superficial que carece de un mensaje evangélico convincente. No hay predicación sobre la santidad, no se habla de la separación del mundo, ni se aborda el tema de la santificación o del pecado que nos acecha. Y, con todo eso, los líderes se defienden diciendo: \”La gente no quiere escuchar un evangelio duro. Solo les estamos dando lo que necesitan para sobrellevar estos tiempos difíciles\”.

Pero la Biblia advierte sobre aquellos que rechazan la sana doctrina: \”Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones\” (2 Timoteo 4:3).

Estos feligreses están esencialmente diciendo: \”No necesitamos que nos alimentes, Jesús. Podemos proporcionarnos nuestro propio pan. ¡Tenemos nuestro propio evangelio!\”. ¿Será que les suena familiar?

Un Evangelio Contaminado

En toda América, las iglesias están alimentando a sus ovejas con el mismo pasto: un evangelio suavizado y superficial que se enfoca en hacer sentir bien a las personas. Estos lugares están llenos de miles que simplemente han recitado la oración del pecador diciendo: \”¡Yo creo!\”. Pero la Biblia nos recuerda que incluso los demonios creen y tiemblan ante el solo pensamiento de Dios (Santiago 2:19).

Pocas de estas personas han sido desafiadas a negarse a sí mismas y a comprometerse con la cruz, a morir al pecado y a la impiedad. No desean cargar con el peso del Señor. No sienten el dolor de corazón de Dios ante la maldad y la apostasía en estos últimos días. Es crucial que despertemos a la realidad de la verdadera predicación del evangelio y nos comprometamos con una vida de santidad y servicio a Dios en estos tiempos que no solamente son críticos sino además finales.

Estos individuos, en lugar de desear el pan que viene del cielo, es decir, Jesucristo crucificado, resucitado y sentado en el trono del Poder de Dios (Apocalipsis 4:2), optan por su propio pan. Este pan es, en su mayoría, un evangelio de amor permisivo y liberal que no confronta el pecado, que todo lo tolera y que no penetra en la conciencia con un sentido de culpabilidad ni mucho menos hace un llamado al arrepentimiento.

La Biblia nos advierte que el pan que consumen estas 7 mujeres está corrompido y podrido. Escribiendo a la iglesia de los Gálatas el Apostol Pablo les dijo que ese “pan que consumen está maldito” (Galatas 1). El profeta Oseas lo describe como \”pan de enlutados\”, contaminado y que hará impuro a quien lo coma (Oseas 9:4). Este pan no tendrá lugar en la verdadera casa de Dios, la iglesia del remanente santo. Ellos comprenden que gran parte de lo que “estas mujeres-falsas iglesias” ofrecen es psicología disfrazada con algunos versículos de la Escritura, una religión que suena bien pero que deja a las ovejas espirituales muriendo de hambre y al final las envía al infierno.

Además, estas posibles novias rechazan la provisión de vestimenta proporcionada por el esposo celestial. No buscan la justicia que proviene de Él, ni desean vestirse con la santidad que Él ofrece. Prefieren fabricar sus propias prendas, ignorando las advertencias sobre la importancia de la santidad, la separación del mundo y la atención a las necesidades de los demás. Su enfoque está en satisfacer sus propios deseos y caprichos de sus corazones y pensamientos vanos.

Estas 7 mujeres no están dispuestas a someterse a la autoridad de un esposo espiritual. No desean compartir su vida con Él, ni les interesa conocer Su corazón o preocuparse por Sus asuntos. Están completamente absortas en sí mismas, solo ansiosas por liberarse de su propia vergüenza.

Su relación con Cristo es superficial y distante. No buscan intimidad, compromiso, amor verdadero ni comunión con Él. En cambio, dedican la mayor parte de su tiempo y energía a otras pasiones y placeres terrenales, como los deportes, la televisión, el alcohol, las drogas legales e ilegales o el entretenimiento contaminado y lleno de pecado. Estos \”cristianos\” se centran en sí mismos y siempre gravitan hacia un evangelio que gira en torno a sus propios deseos y necesidades.

Esto nos lleva a cuestionarnos: ¿Qué está sucediendo en nuestras iglesias? ¿Por qué tanto liberalismo? ¿Por qué tanta apostasía y engaño? ¿Por que esta la iglesia tan centrada en lo material? ¿Por qué ha ganado tanto terreno el mal llamado evangelio de la prosperidad? ¿Dónde está el discernimiento? ¿Por qué los pastores no buscan intimidad con Jesús? ¿Por qué parece que nadie conoce el corazón de Dios? ¿Por qué esta repentina adopción de un avivamiento que nada tiene que ver con el Espíritu de Pentecostés? Estas son las preguntas que deberían resonar en nuestros corazones mientras contemplamos el estado de la iglesia en estos tiempos finales.

Ciertamente, es a través de la intimidad con Jesús que recibimos discernimiento, dirección y conocimiento de lo que es correcto o incorrecto, de lo que es santo y puro. La intimidad con Cristo nos proporciona una firmeza que nos mantiene firmes, sin ser sacudidos por cada nueva doctrina o tendencia que se nos atraviesa por el camino. Sin embargo, en este momento, parece haber una falta total de discernimiento en las iglesias. Lo que se está presentando como avivamiento no es del Espíritu de Dios, y esto entristece, con toda seguridad, el corazón del Señor.

Ahora, no podemos dejar de reflexionar sobre la otra iglesia de la que habla el Profeta Isaías: \”La próxima iglesia que Isaías vio emergiendo en los últimos días es llamada la Iglesia de la gloria de Dios\”.

“En aquel tiempo, el Renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de paz para grandeza y honor, para los sobrevivientes de Israel” (Isaías 4:2).

¿Quién es este Renuevo del que se habla aquí? A lo largo del Antiguo Testamento, el Renuevo, que se menciona como venidero, no es otro que Jesucristo, el Señor de gloria.

Según el Profeta Isaías, habrá una iglesia a la que Él encontrará hermosa y gloriosa, excelente y llena de gracia. Su motivación hacia Él no será simplemente liberarse del oprobio; estará profundamente enamorada de un Hombre a quien considera deseable, glorioso y excelente.

En la actualidad, hay sobre la tierra un remanente de iglesia que no desea nada más que a Cristo. Sin embargo, este remanente es solo una pequeña fracción, quizás una décima parte de lo que pensamos que es la iglesia. No creo que la iglesia que agrade al Señor en estos últimos días tenga que ser una de multitudes y de millones de creyentes. Por el contrario, gran parte de lo que vemos sucediendo en las mega iglesias no representa de ninguna manera el corazón de Dios. Y de hecho, son estas mega iglesias las que más alejadas de la gloria y voluntad de Dios se encuentran. Lastimosamente engañan a las mayorías. 

El corazón del Señor Jesús está en aquellas iglesias en donde Jesús es el centro de atracción, no el pastor, o el predicador, o el entretenimiento, o el dinero, o lo material, o el templo multimillonario, claro que no. El Corazón de Jesús está en donde cada aspecto gira en torno a la predicación de la cruz y de la resurrección y está construido alrededor de la presencia, la disciplina y el carácter de Cristo. Dios revela Su corazón a estas iglesias que están profundamente enamoradas de EL, donde las personas centran toda su atención en Él. 

El Profeta Isaías se refiere a ellos como los sobrevivientes de Israel. Habla de ellos diciendo: \”Cuando el Señor lave la inmundicia de las hijas de Sion y limpie a Jerusalén de la sangre derramada en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación\” (Isaías 4:4). 

En estos últimos días, que como lo dijimos antes, son el ocaso de los últimos tiempos, Dios ha enviado Su Espíritu al mundo para reprobar el pecado y la impiedad. Muchos que escuchan Su Palabra ardiente, de juicio y convincente de culpabilidad, huirán a Babilonia, es decir, a la mundanalidad, y serán llevados al cautiverio. Solo un remanente permanecerá. Isaías está diciendo aquí que Dios llevará a estos pocos a través del espíritu de juicio y el espíritu de devastación y muerte.

La iglesia del ocaso de los últimos días será verdaderamente llena con la gloria de Dios. Será más que una iglesia del perdón; será una iglesia santa, una que ha sido purificada por el fuego consumidor de la Palabra de Dios. La santidad y la pureza caracterizarán a su gente. Isaías añade: \”Y el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén inscritos para vida\” (Isaías 4:3).

Algunos podrían argumentar que esto se refiere únicamente al antiguo Israel, que Jerusalén y Sión mencionados aquí señalan a la población judía de Jerusalén en un momento específico de la historia.

¡Pero no es así! Va más allá de eso. Considera lo que la Biblia dice en otro lugar:

\”Pero la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre\” (Gálatas 4:26). \”Mas os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, en compañía de muchos millares de ángeles\” (Hebreos 12:22).

Hay una nueva Jerusalén, la celestial, una ciudad espiritual que es madre de todos los creyentes, \”la cual desciende del cielo, con mi Dios\” (Apocalipsis 3:12). Esto es lo que el profeta Isaías está diciendo: un remanente con un enfoque celestial, a quien el Señor llevará a través de Su fuego consumidor.

Cuando crees en el Señor Jesucristo, naces en Sion. Tu nombre está inscrito allí. Aquellos que han entregado totalmente su corazón a Jesús, que están en íntima relación con Él y le pertenecen, son conocidos en Sión como hijos e hijas de Dios.

La mejor evidencia a la que Isaías se refiere como la iglesia de los últimos días se encuentra en el versículo 5: \”Y creará Jehová sobre toda la morada del monte Sion y sobre los lugares de sus asambleas, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de llamas de fuego. Y sobre todo, la gloria del Señor, como un dosel\” (Isaías 4:5).

Cuando Isaías profetizó esto, la columna de fuego y la nube en el desierto ya habían pasado. Obviamente, esto es algo que tendrá que ser creado nuevamente. La nube representa dirección, consuelo, preservación y confianza. Significa que el pueblo del remanente santo de los últimos días de Dios tendrá una dirección clara. No serán confundidos. Cuando todo a su alrededor esté girando en diferentes direcciones y desmoronándose, ellos tendrán una nube y una columna de fuego para guiarlos.

Israel tenía un tabernáculo y una nube y una columna de fuego. Pero hoy, todos nosotros somos el tabernáculo del Espíritu Santo, y Dios ha provisto una nube y una columna de fuego para cada uno de nosotros. Cada individuo y cada congregación arrepentida y santa tiene la nube del Espíritu para guiarlos durante el día y una columna de fuego para guiarlos durante la noche.

En otras palabras, Dios está diciendo: \”Estaré contigo, sin importar cuál sea tu situación. Incluso en la peor tormenta de tu vida, tendrás una dirección clara de mi parte. Te daré una columna de fuego para guiarte, al igual que lo hice con Israel en el desierto\”.

En la actualidad, en América, hay una furiosa tormenta de confusión en la iglesia. Muchas personas están desconcertadas. Hay poco discernimiento y abundan la falsa doctrina, la necedad y la carnalidad.

La gente se pregunta: \”¿Qué está pasando? No puedo entender esto. Nuestro pastor está enseñando cosas extrañas y está dividiendo nuestra iglesia. ¿Es esto de Dios o no? Por favor, díganos. ¡Ya no sabemos en qué creer!\”

Esta clase de situaciones es aterradora. El enfoque de cualquier reunión o movimiento nunca debería ser otro que Jesús. De ahi que debamos preguntarnos: 

¿Está siendo predicada la Palabra de Dios con fuego consumidor? ¿La gente está siendo convencida de su pecado? ¿Están clamando por ser limpiados del espíritu de este mundo? ¿La santidad es el resultado? ¿Se está transmitiendo un mensaje fuerte de reprobación? ¿Las personas están siendo llevadas a Jesús? ¿Todo está centrado en Él? ¿Es Cristo la suma de todo? ¿Hay un nuevo amor por las almas perdidas? ¿Los pecadores están arrepintiéndose?

Esa es la obra del Espíritu Santo. Él viene a convencer al mundo de pecado, justicia y juicio. Si me dicen que el Espíritu Santo está obrando, estas cosas deberían estar sucediendo. Si no, entonces es obra de la carne.

\”La iglesia del remanente santo es dirigida completamente por el Espíritu Santo\”.

El Señor tiene un pueblo que, en estos tiempos de confusión, no está confundido. Están tan entregados a Jesús, tan enamorados de Él, tan abiertos a ser convencidos por Su Espíritu y tan separados de la impiedad de este tiempo que conocen los caminos y la obra del Espíritu Santo. Distinguen lo que es puro y santo de lo que es carnal y necio. Dondequiera que la nube se mueva, ellos la siguen.

\”…sobre toda la gloria habrá un dosel\” (v. 5).

En el original hebreo, aquí se lee: \”Sobre todo habrá una cubierta de gloria\”. Esto, esencialmente, significa que sobre cada una de las personas de este remanente y sobre todas estas asambleas del remanente santo, habrá un lugar de refugio, un manto, una cubierta. Y esa cubierta es la gloria de Dios.

Recordemos lo que dice Éxodo 40, que una nube de gloria cubrió el tabernáculo en el desierto: \”Entonces una nube cubrió el Tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el Tabernáculo. Moisés no podía entrar en el Tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba\” (Éxodo 40:34-35).

También podemos leer lo que sucedió en el templo de Salomón cuando fue dedicado: \”Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios; y la gloria de Jehová llenó la Casa. Y los sacerdotes no podían entrar en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová la había llenado\” (2 Crónicas 7:1, 2).

Amados, cada vez que el tabernáculo estaba en orden, cada vez que estaba completo y preparado según los designios de Dios, su gloria descendía y lo llenaba. Ahora, aquí en Isaías 4, se nos promete que en los últimos días, el Señor creará una gloria que cubrirá su iglesia remanente. La misma gloria de Dios llenará cada corazón y cubrirá cada casa. ¡Adoraremos bajo el dosel de la gloria de Dios!

¿Qué es esta gloria? ¡No es otra cosa sino la presencia manifestada de Jesucristo, Dios Manifestado en Carne (I de Timoteo 3:16)! Jesús es la plenitud de la gloria de Dios pues en Él habita corporalmente toda la plenitud de Dios (Colosenses 2:9-10). 

\”En aquel tiempo el renuevo del Señor será para hermosura, y gloria … (Isaías 4:2). …el Hijo, … que es el resplandor de su gloria (Hebreos 1:2-3).

¡La gloria no puede tener mayor resplandor que Cristo manifestándose a usted!

La palabra \”manifestado\” significa sostener por la mano. En otras palabras, cuando la presencia de Jesús llena un lugar, es tan real, tan evidente, que sus manos espirituales pueden tocarlo, sus ojos espirituales pueden verlo. ¡Es tan real como el aire que respira!

¡La clase de avivamiento que deseo ver es aquel en donde la presencia de Jesús sea tan poderosa y abrumadora, tan hermosa y gloriosa, que el fruto (o conversiones) serán excelentes! (ver Isaías 4:2). Ya hemos visto el principio de esto en nuestros servicios en la iglesia, con gente yendo al frente, llorando y quebrantada delante del Señor.

Si las personas van a caer, prefiero verlas caer bajo la convicción del Espíritu Santo. Y la visión que deseo que reciban sea una renovada visión de Jesús. ¡Y la manifestación que deseo que tengan sea levantarse del suelo como una nueva criatura en Cristo!

Esto es cuando la gente debe estar lista para reír. Cuando el fuego consumidor ha hecho su trabajo purificador, y todo pecado se ha ido, y hay un corazón quebrantado, entonces podemos reír toda la noche. ¡Que venga el gozo del Señor!

No desearía asistir a una iglesia donde la gloria del Señor se haya ido. El salmista testifica que cuando el arca fue capturada por los filisteos: \”(Dios) Entregó a cautiverio su poderío; su gloria, en manos del enemigo\” (Salmo 78:61).

Cuando la nuera del sacerdote Eli dio a luz, su hijo fue llamado Icabod, que significa \”Traspasada es la gloria de Israel\” (1 Samuel 4:21).

Nuestro testimonio debería ser: Si no puedo tener la presencia de Jesús, no deseo vivir. ¡Él tiene que ser mi guía, mi nube, mi columna de fuego!

¿Por qué es tan importante la gloria de Dios hoy? ¿Cuál es el propósito de la gloria de su presencia?  La respuesta se encuentra en Isaías 4:6…

\”y habrá un resguardo de sombra contra el calor del día, y un refugio y escondedero contra la tempestad y el aguacero\”.

Primero, la gloria de la presencia de Dios será nuestro resguardo contra el calor. La palabra hebrea para calor significa sequía, desolación, aridez. Esto es un tipo del juicio de Dios sobre una sociedad malvada.

En Apocalipsis 16, al cuarto ángel de juicio le es dado poder para: \”… quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios…\” (Apocalipsis 16:8-9).

Ahora mismo, Dios está aumentando el calor. Y se va a poner cada vez más ardiente, con juicios por todas partes. ¡Pero la gloria de Dios será nuestra cubierta!

\”y habrá un resguardo de sombra contra el calor del día…\” (Isaías 4:6).

¡No sentiremos el calor! En cambio, descansaremos en la sombra fresca de las alas de Jesús.

Segundo, la gloria de Dios es nuestra defensa, nuestra cubierta: \”…un refugio y escondedero contra la tempestad y el aguacero\” (v.6).

Ya estamos viendo el aguacero, no solo del derramamiento del Espíritu Santo, sino de los juicios de Dios. ¡Las nubes de tormenta se están acumulando, pero gracias a Dios, habrá una cubierta sobre su santa iglesia remanente!

Quizás estés diciendo: \”No tengo una iglesia de gloria donde pueda asistir. Todo lo que encuentro son iglesias centradas en el hombre. ¿Dónde está mi cubierta del calor y la tormenta?\”

¡Tu lugar de morada es la gloria de Dios!, su iglesia remanente está en la tierra, solamente tienes que buscarla con los ojos del espíritu y no con los lentes de la carne.   Si Jesús está presente en ti, manifestándose a ti, entonces si espíritu te guiará a toda verdad. Si vuelves tu corazón y tus ojos a Él, permitiendo que la Palabra de Dios te reprenda, te convenza y te corrija, Él se manifestará a ti. ¡Él lo ha prometido!

\”El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él\” (Juan 14:21).

Finalmente, el Señor Jesucristo nos dice: \”Estaré allí contigo. No importa cuán malo sea lo que suceda, yo estaré contigo a través de toda tu vida. ¡Nunca te dejaré ni te abandonaré!\”

¡Amén!

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