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La Declaración Máxima de la Unicidad de Dios en el texto bíblico lo encontramos en Deuteronomio capítulo 6 verso 4:
\”Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.\”
Este versículo central y trascendental, conocido como el Shemá, es fundamental para comprender que Dios es único y uno solo. Dios no está dividido ni es persona ni es co-igual a ningún otro dios porque simple y sencillamente no hay ningún otro dios. Aquí se afirma que no hay otro Dios junto a Él. Este es el cimiento de la doctrina de la unicidad: Dios no está dividido en múltiples personas; Él es uno.
Dios es uno, manifestado como Padre (Señor) en la creación, como Hijo (Jesús) en redención y como Espíritu Santo (Cristo) en consolación. De ahí que la manera correcta de decir en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es: En el Nombre del Señor (Padre) Jesús (Hijo) Cristo (Espíritu Santo). Esta verdad es el fundamento de la doctrina divina, las vocales del evangelio y de la revelación divina; sin embargo, existe una profunda confusión en la cristiandad respecto a este tema esencial. Eso es innegable.
En Efesios capítulo 4 verso 5, el apóstol Pablo nos afirma que \”hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo\”. De igual manera, en Gálatas capítulo 1 verso 8, nos advierte que \”si aun un ángel del cielo viniera con un evangelio diferente, sea anatema (maldito)\”. Estos versículos subrayan la unidad y singularidad de Dios y su mensaje, estableciendo que no hay múltiples verdades, sino una sola y única doctrina.
A pesar de esto, la realidad en el mundo cristiano, construido a lo largo de los últimos dos mil años, es que la enseñanza bíblica sobre el único Dios se ha desfigurado. La revelación de un solo Dios, manifestado en carne según lo expresa claramente Primera de Timoteo capítulo 3 verso 16 —\”Dios fue manifestado en carne\”—, ha sido distorsionada hasta el punto de que muchos, al no entender y quedarse cortos en su conocimiento de la gloria de Dios, llegan a blasfemar Su Nombre.
Desde el Antiguo Testamento, Dios se revela como único. Deuteronomio capítulo 6 verso 4 declara: \”Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es\”. Esta declaración de unicidad es central en la fe hebrea y establece la base para toda revelación posterior. En el Nuevo Testamento, Isaías capítulo 9 verso 6 profetiza sobre el Mesías, quien es \”Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz\”. Mateo capítulo 1 verso 23 confirma que Jesús es \”Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros\”. En el evangelio de Juan (capítulo 1 versos 1 al 14), se afirma que \”el Verbo era Dios… y el Verbo se hizo carne\”. Estas Escrituras nos muestran que Jesús es Dios encarnado, la manifestación visible del Dios invisible.
En Apocalipsis capítulo 1, Cristo se revela a Juan como el \”Alfa y Omega, el primero y el último\”, y como si aquello no fuese suficiente lo remata al decir: “Yo soy el que vive y estuvo muerto más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén”, consolidando Su identidad divina como el único Dios eterno. En el Cristianismo no adoramos a tres personas distintas, co-iguales y co-eternas porque no existen, adoramos a un solo y único Dios que se manifiesta como Padre en la creación, como Hijo en nuestra redención y como Espíritu Santo en consolación para cumplir Su obra redentora en nuestro mundo.
La unicidad de Dios es la base de nuestra fe, y es a este único Dios a quien adoramos, un Dios indivisible que obra de múltiples maneras pero cuya esencia permanece inmutable. Esta verdad debe inspirar en nosotros una fe sólida y una adoración verdadera, reconociendo Su grandeza y Su amor eterno manifestado en Jesucristo.
La Profecía en Isaías
Texto: Isaías capítulo 9 verso 6
\”Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.\”
Este versículo describe a Jesús como el \”Padre Eterno\” y \”Dios Fuerte.\” No se refiere a dos personas distintas, sino a una manifestación en la cual Dios mismo se encarna en el niño nacido, siendo reconocido como Dios fuerte y el eterno Padre, reafirmando su unicidad y su papel como Salvador.
La Encarnación de Dios en Jesucristo
Texto: Mateo capítulo 1 verso 23
\”He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.\”
Aquí se declara que Jesús es “Dios con nosotros”. Esto significa que Dios se manifestó en carne para habitar entre nosotros y llevar a cabo la obra redentora. Jesús no es un \”dios aparte\” ni una segunda persona, sino Dios mismo en forma humana.
El Verbo era Dios
Texto: Juan capítulo 1 verso 1 y Juan capítulo 1 verso 14
\”En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.\”
\”Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…\”
Jesús es el Verbo que estaba con Dios y era Dios, mostrando que la Palabra (o Verbo) de Dios no es algo separado de Él, sino su expresión misma. Al hacerse carne, vemos que Dios mismo tomó forma humana en Jesucristo para redimirnos.
Jesús como el Alfa y Omega, el Primero y el Último
Texto: Apocalipsis capítulo 1 verso 8 y versos 17 y 18
\”Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.\”
\”Yo soy el primero y el último; el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos.\”
Jesús se identifica como el principio y el fin, títulos que corresponden únicamente a Dios. Este es el mismo Dios que se reveló en el Antiguo Testamento. Al decir que Él estuvo muerto y ahora vive, nos muestra la manifestación de Dios en Jesucristo, quien murió y resucitó para darnos vida eterna.
Dios como Padre en la Creación, Hijo en Redención, y Espíritu Santo en Consolación
Explicación:
Padre en la Creación: Dios es el Padre y Creador de todas las cosas. Él estableció el mundo y la humanidad, revelándose como el único Dios Soberano y Creador.
Hijo en Redención: En Jesús, Dios mismo se encarnó para redimirnos. No es otra persona, sino Dios en carne, quien vino para ofrecer salvación a través de su sacrificio en la cruz.
Espíritu Santo en Consolación: Después de la ascensión de Jesucristo, Dios continúa su obra en los creyentes a través del Espíritu Santo. No es un \”ser\” distinto, sino el mismo Dios que nos guía y consuela.
Conclusión
La unicidad de Dios nos revela que Él es un solo ser, manifestado de manera diferente a través de la historia de la humanidad. No adoramos a tres dioses ni a tres personas, sino a un solo Dios que se reveló como Padre, se encarnó como Hijo, y habita en nosotros como Espíritu Santo. Esta comprensión fortalece nuestra fe en un Dios que es todo en todos, que es eterno y que obra en nosotros hoy.



