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Con frecuencia, cada vez que emito una opinión sobre temas políticos, algunas personas tienden a confundirse conmigo o a malinterpretar lo que trato de expresar, descartando o tergiversando el punto que intento hacer. En algunos casos, las personas se ofenden porque piensan que un predicador, que un hombre de fe, no debería de tener una opinión ni mucho menos un pensamiento político.  Permítanme explicarlo. Cuando opino sobre un tema o personaje político en particular, algunos piensan que estoy condenando o acusando a cierto partido o figura, y asumen que, por ello, pertenezco al partido o candidato contrario. Nada está más lejos de la verdad. Quiero aclarar que mis opiniones no provienen de ninguna afiliación política, ideología, o corriente religiosa específica. Nunca he pertenecido a ningún instituto político, ni jamás me he alineado con filosofías humanas. Mis pensamientos y opiniones provienen del evangelio de Jesucristo, quien es mi Dios, mi Señor y mi Salvador; a El doy toda la gloria, honra y honor sempiterno.

En los Estados Unidos, cuando señalo las deficiencias, por ejemplo, del Sr. Donald Trump y del Partido Republicano desde la perspectiva del evangelio, no lo hago por afiliación ni porque apoye el proyecto liberal del Partido Demócrata o su candidato. Mis opiniones y pensamientos surgen de la obligación que como creyente y siervo de mi Señor Jesús tengo de alzar la voz por la justicia y la verdad de Dios, de defender a los pobres y necesitados, y de abogar por quienes sufren persecución, como expresa Lucas capítulo 4 verso 18: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos.”

Sería hipócrita y de doble moral de mi parte condenar a los demócratas por temas como el aborto y el apoyo al matrimonio homosexual mientras respaldo a un líder que es un criminal convicto, mentiroso, violador, grosero, malcriado y acusado de adulterio, abuso, y deshonestidad. Como creyentes, debemos ser justos y tomar una postura que refleje la verdad y la justicia de Dios. Si desaprobamos algo que va en contra de la voluntad divina en un partido como los Demócratas, tampoco debemos apoyar lo que ofende a Dios en el partido Republicano. Seamos íntegros y coherentes en nuestra apreciación de las cosas y evitemos la doble moral o, peor aún, caer en la hipocresía.

Esto es lo que las Escrituras nos mandan:

  1. Proverbios capítulo 31 versos 8  y 9 – “Abre tu boca por el mudo en el juicio de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso.”
  2. Santiago capítulo 1 verso 27 – “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.”
  3. Isaías capítulo 1 verso 17 – “Aprended a hacer el bien; buscad la justicia, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.”
  4. Proverbios Capítulo 6 versos 16 al 19 – “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.”
  5. Miqueas capítulo 6 verso 8 – “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”

Recordemos que Dios aborrece la injusticia y la hipocresía, venga de donde venga, y nos llama a ser verdaderos y justos en nuestras palabras y acciones.