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Una expresión militar con graves consecuencias espirituales

Existe una expresión en el idioma inglés muy usada en el vocabulario militar: «Dereliction of Duty». En castellano esto significa: abandono del deber o negligencia en el cumplimiento del deber. Eso, hermanos, es exactamente lo que muchos creyentes hacen hoy en la iglesia: una completa negligencia en el cumplimiento del deber para con Dios, para con su pastor y para con el cuerpo de Cristo.

Líderes frustrados, iglesia devastada

Demasiados pastores, obispos y ancianos viven hoy frustrados con mucha de la gente que «dirigen». La moral —no solamente la de la congregación, sino también la de los líderes pastorales— está siendo fuertemente golpeada. La iglesia está devastada por la negligencia, el abandono, la rebeldía y el libertinaje espiritual.

No podemos continuar así.

«Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán el oído de la verdad y se volverán a las fábulas» (2 Timoteo 4:3-4).

La apostasía ya está aquí: La profecía bíblica se está cumpliendo delante de nuestros ojos.

«Porque no vendrá sin que antes venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado» (2 Tesalonicenses 2:3).

La apostasía no es solo un evento futuro; es un proceso presente. Y se manifiesta cuando a la iglesia por un oído le entra la palabra y por el otro le sale. Oímos, pero no obedecemos. Escuchamos, pero no nos sometemos. Sabemos, pero no vivimos conforme a lo que sabemos.

No necesitamos otro Ananías y Safira… pero nuestro comportamiento lo pide a gritos

Yo no creo que la iglesia de hoy necesite ver a un Ananías o a una Safira caer muerta en medio de la asamblea (Hechos 5:1-11) para creer y obedecer el mandamiento divino. Pero con nuestro comportamiento, eso es lo que estamos pidiendo a gritos. Nos comportamos como si nos mandáramos solos. Como si fuéramos absolutos. Y eso no es así. Los mismos ancianos no son absolutos. Solo Dios lo es.

«No hay rey ni consejero ni general que se compare al Señor. El hace lo que quiere en el cielo y en la tierra» (Daniel 4:35, paráfrasis).

La doble moral de la congregación: libertad para unos, exigencia para otros

Imagínense por un momento lo que pasaría si el pastor de cualquier congregación, cinco minutos antes de comenzar el servicio, enviara un mensaje a la asamblea y le dijera: «Hermanos, hoy no voy a ir a la iglesia porque tuve que ir a un cumpleaños, una fiesta o cualquier otra cosa que nada tiene que ver con la iglesia del Señor.»

¿Qué pasaría si simplemente llega la hora del servicio y el pastor y su familia brillan por su ausencia? ¿Por qué la congregación cree que tiene derecho a hacer eso, pero el pastor y su familia no tienen el mismo derecho?

Los miembros sienten la libertad de venir a la iglesia cuando les da la gana… pero ¡Dios me libre! que el pastor hiciera eso.

«Tú, pues, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué menosprecias a tu hermano haces lo mismo? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo» (Romanos 14:10).

Tenemos en la iglesia de hoy una generación de creyentes que se creen autosuficientes: lo saben todo y no saben nada. Y lo peor: toman el evangelio como un plato de segunda mesa. Han llegado a creer que es Dios y su iglesia quienes deben adaptarse a su propio estilo de vida y a sus vanos pensamientos, y no ellos al evangelio de Jesucristo. Exigen, pero ellos ni con un dedo quieren mover absolutamente nada.

La metáfora del matrimonio: ya no somos solteros

¿Acaso no entendemos que cuando somos parte de la iglesia estamos casados con el Señor? Como en un matrimonio, ya no podemos tomar decisiones como cuando éramos solteros. El soltero decide por sí mismo; el casado decide en función de su cónyuge y su hogar.

«Porque celoso soy de vosotros con celos de Dios; pues os desposé con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo» (2 Corintios 11:2).

Cuando decidimos no asistir a la iglesia por una celebración personal, estamos actuando como solteros espirituales, no como esposa fiel de Cristo.

Trazando una línea en la arena

Hoy, hermanos, vamos a trazar una línea en la arena. Como dice la Palabra por medio de Josué y el profeta Elías, tenemos que decidir a quién vamos a servir:

«Escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová» (Josué 24:15).
«¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; si Baal, seguidle en pos de él» (1 Reyes 18:21).

¿A quién vamos a servir?
¿A Dios?
¿Al mundo?
¿Al trabajo?
¿A la idolatría de nuestros hijos?
¿A los cumpleaños, celebraciones, fiestas y su idolatría?
¿Al dinero? ¿La Vanidad, la Arrogancia, la Altanería, la autosuficiencia, nuestros vanos pensamientos y emociones engañosas? ¿A quién vamos a seguir?

«No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Mateo 6:24).

El pastor no es un niñero

El pastor no es un baby sitter, aunque muchos creyentes piensan que lo es. El pastor está llamado a guiar, cuidar y alimentar con el alimento sólido de la Palabra a hombres y mujeres adultos y —supuestamente— maduros espiritualmente.

«Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella… no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey» (1 Pedro 5:2-3).

Pero cuando la grey se comporta como niños rebeldes, el pastor no puede pastorear. Sólo puede lamentar y llamar al arrepentimiento.

La iglesia: baluarte de la verdad, no club social

La iglesia no es un club social, contrario a lo que muchos creen. No venimos para entretenernos, ni para celebrar nuestras fiestas, ni para hacer negocios, ni para satisfacer nuestra carne. La iglesia es el baluarte de la verdad (1 Timoteo 3:15), y eso exige compromiso de todos los que somos parte de ella.

«…para que sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad» (1 Timoteo 3:15).

Un baluarte es una fortaleza, un muro de contención. La iglesia debe defender, sostener y proclamar la verdad en medio de un mundo que la rechaza. Pero si nosotros mismos no nos sometemos a esa verdad, ¿con qué autoridad la proclamamos?

Conclusión y llamado final

Hermanos, el abandono del deber es pecado. La negligencia espiritual es una ofensa delante de Dios. La rebeldía contra la autoridad pastoral es desobediencia a Dios mismo.

«Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso» (Hebreos 13:17).

Hoy decidimos: ¿Seguimos en nuestra apostasía silenciosa, o nos arrepentimos y volvemos al primer amor?

«Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y vuelve a hacer las primeras obras» (Apocalipsis 2:5).

Tabla de textos bíblicos

ReferenciaTexto claveAplicación
2 Timoteo 4:3-4Tiempo cuando no soportarán la sana doctrinaApostasía presente
2 Tesalonicenses 2:3Vendrá la apostasía primeroCumplimiento profético
Hechos 5:1-11Ananías y SafiraJuicio divino por mentira y negligencia
Romanos 14:10Todos compareceremos ante el tribunal de CristoNo juzgar con doble moral
2 Corintios 11:2Desposados con CristoMatrimonio espiritual
Josué 24:15Escogeos hoy a quién sirváisDecisión personal
1 Reyes 18:21¿Hasta cuándo claudicaréis?Decisión colectiva
Mateo 6:24No podéis servir a Dios y a las riquezasIdolatría del dinero y el mundo
1 Pedro 5:2-3Apacentad la grey, siendo ejemplosRol del pastor
1 Timoteo 3:15Columna y baluarte de la verdadNaturaleza de la iglesia
Hebreos 13:17Obedeced a vuestros pastoresResponsabilidad del rebaño
Apocalipsis 2:5Recuerda, arrepiéntete, vuelveLlamado al arrepentimiento

Señor, perdona nuestra negligencia y abandono del deber. Restaura el temor a Ti en tu iglesia. Devuélvenos la conciencia de que somos tu baluarte, no un club social. Danos corazón obediente, no rebelde. Y si hemos sido causa de frustración para nuestros pastores, concédenos arrepentimiento genuino. En el nombre de Jesús, amén.

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