Hoy quiero que fijemos nuestra atención en las palabras con las que el Evangelio de Mateo marca el inicio del ministerio público de nuestro Señor Jesucristo. Son palabras que resuenan como un trueno en la quietud de un mundo dormido, y a la vez suenan como el susurro más tierno para el oído del cansado.
Leamos nuevamente, con atención reverente, Mateo 4:17:
“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Y acto seguido, los versículos 23 al 25 nos muestran la demostración práctica, la evidencia tangible de lo que este Reino significa:
“Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo… y le trajeron todos los que tenían dolencias… y los sanó.”
Hermanos, la palabra clave aquí, la que todo lo define, es “Basileia en griego significa Reino“. Y como bien se ha señalado, esta palabra va mucho más allá de un concepto etéreo o un sentimiento espiritual vago. Esta palabra, Reino, significa Gobierno, Reinado, Soberanía activa.
Cuando Jesús anuncia que “el Reino de los cielos se ha acercado”, no está invitando a la gente a un club de debate teológico. ¡No! Está proclamando una invasión. Una invasión benevolente, gloriosa y liberadora. Es el anuncio de que el Gobierno legítimo de Dios, el único Gobierno bueno y perfecto, ha irrumpido en la esfera de un mundo secuestrado por un usurpador. Ha llegado el Gobierno de Dios para el cual la humanidad fue creada.
El Anuncio del Verdadero Gobierno: “¡Arrepentíos!”
Jesús no empieza con “¡Relajaos!” o “¡Sentaos cómodos!”. Empieza con un imperativo urgente y liberador: “¡Arrepentíos!”
¿Por qué? Porque nuestro problema fundamental no es primero la enfermedad, la pobreza o la opresión. Nuestro problema fundamental es que hemos vivido en un estado de rebelión. Hemos dado la espalda al Gobierno de Dios y hemos jurado lealtad a otros reinos: el reino de nuestro yo, el reino del dinero, el reino del placer, el reino de la autosuficiencia. Hemos creído las mentiras del usurpador que nos dice que el Gobierno de Dios es opresivo, aburrido o inexistente.
Arrepentirse (metanoeite) significa mucho más que sentir remordimiento. Significa cambiar de mentalidad. Es dar un giro de 180 grados. Es reconocer que hemos estado equivocados en nuestra comprensión de Dios y de su Gobierno. Es deponer las armas de nuestra rebelión y, con fe, dar la bienvenida al Rey legítimo que se acerca para restaurar todo lo que está roto.
El arrepentimiento es la puerta de entrada. Es el “sí” a la rendición incondicional al único Gobierno que nos puede salvar de nosotros mismos.
La Evidencia del Verdadero Gobierno: “Sanando toda enfermedad y toda dolencia”
Pero Jesús no se queda en un llamado abstracto. Él no anuncia un Gobierno de palabras huecas. Inmediatamente, Mateo nos muestra cómo se ve, cómo se siente y cómo se vive en el Gobierno de Dios en acción.
Fijémonos bien, hermanos. El Evangelio del Reino y la sanidad de toda enfermedad son inseparables. ¿Por qué? Porque la enfermedad, el dolor, la posesión demoníaca y la muerte NO SON PARTE del diseño original del Gobierno de Dios. Son síntomas, consecuencias horribles de la rebelión humana y la usurpación satánica del mundo.
Por lo tanto, cuando el Rey Jesús llega, su Gobierno se manifiesta como una fuerza que revierte la maldición. Cada sanidad, cada demonio expulsado, cada lágrima enjugada, es un acto político del Reino. Es un “acto de insurgencia” contra el reino de las tinieblas. Es una demostración palpable de que el Gobierno de Dios es un Gobierno de:
- Sanidad donde el reino del diablo trae enfermedades.
- Libertad donde el reino del diablo trae opresión y ataduras.
- Integridad donde el reino del diablo trae corrupción.
- Verdad donde el reino del diablo trae mentiras.
- Inclusión y amor donde el reino del diablo trae exclusión, acepción de personas y odio.
Jesús no solo habla del Reino; Él es el Reino encarnado. Donde está el Rey, allí está el Reino. Por eso pudo decir más tarde: “Pero si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lucas 11:20). Las sanidades eran la prueba forense de que el Gobierno de Dios era una realidad poderosa y presente.
La Pregunta Apremiante: ¿Por qué Rechazamos este Gobierno?
Y esto nos lleva a la pregunta crucial, la que clama desde el texto y desde nuestros corazones: Si este Gobierno es tan glorioso, tan sanador, tan liberador… ¿por qué nos resistimos a él? ¿Por qué lo despreciamos y continuamos eligiendo el gobierno satánico?
La respuesta no está “allá afuera”. La respuesta está en el fondo de nuestro ser caído.
Nos Gusta Ser Nuestros Propios Reyes. El Gobierno de Dios exige rendición. Exige que bajemos del trono de nuestra propia vida. Nuestro orgullo, nuestra ilusión de control, se aferra a la corona aunque nos esté matando. Preferimos el reino miserable donde “mandamos”, al Reino glorioso donde Él gobierna.
Creemos la Mentira del Usurpador. El diablo ha vendido la idea de que el Gobierno de Dios es privación, aburrimiento y opresión. Nos convence de que “arrepentirse” es perder lo mejor de la vida, cuando en realidad es ganar la Vida con mayúscula. Cambiamos la realidad del banquete del Rey por el cascarón vacío de la comida de cerdo del enemigo (Lucas 15:16).
Tenemos una Vista Corta. Elegimos el placer inmediato del pecado, aunque sepamos que su paga es muerte (Romanos 6:23). El Gobierno satánico ofrece gratificación instantánea pero vacía. El Gobierno de Dios a veces exige esperar, confiar y obedecer, con la promesa de una gloria eterna que sobrepasa todo sufrimiento presente (2 Corintios 4:17).
Nos Hemos Acostumbrado a la Cautividad. Como el pueblo de Israel en Egipto, a veces extrañamos las “ollas de carne” de la esclavitud (Éxodo 16:3). El diablo nos hace sentir “cómodos” en nuestra miseria, familiarizados con nuestras cadenas. La libertad que ofrece Cristo nos asusta porque es desconocida.
Conclusión: La Invitación Permanentemente Abierta
El anuncio de Jesús no fue solo para el primer siglo. ¡El Reino de Dios sigue habiéndose acercado! El Gobierno de Dios sigue irrumpiendo en la realidad de este mundo a través de la persona de Jesucristo y de su Espíritu que mora en su pueblo.
Hoy, el Rey te está diciendo: “Arrepiéntete. Cambia tu mentalidad. Deja de creer las mentiras. Ríndete. El Gobierno que anhela tu corazón, ese donde no hay lágrimas, ni dolor, ni muerte, ni corrupción, está disponible para ti ahora mismo en Mi persona”, dice el Maestro de Galilea.
La entrada a este Reino no es por mérito, ni por esfuerzo, ni por estatus social. Es por gracia, mediante la fe. Es reconociendo que Jesús es el Rey que murió en una cruz para perdonar nuestra rebelión y resucitó para demostrar que su Gobierno tiene la última palabra sobre todo mal, incluso sobre la muerte.
¿A qué gobierno le rendirás lealtad hoy? ¿Al reino de la autosuficiencia que conduce a la ruina, o al Reino de Dios que conduce a la vida eterna y plena? La evidencia está clara. El llamado es urgente. La decisión, querido amigo, es tuya. ¡Arrepiéntete y cree en el Evangelio! El Reino de los Cielos se ha acercado.



