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Nuestro texto bíblico de hoy lo encontramos en San Juan 8:44

“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.”

Introducción:

Hermanos, si hay una declaración fuerte, directa y confrontadora en toda la Biblia, es esta. Estas no son palabras de un enemigo, sino de nuestro Señor Jesucristo. Y no fueron dirigidas a criminales o a paganos en una cantina, sino a los hombres más religiosos de su época: los fariseos y escribas. Líderes religiosos. Hombres que conocían la Ley al más mínimo detalle, que oraban en público, ayunaban, diezmaban y enseñaban en la sinagoga.

Jesús les dice: “Vosotros sois hijos de vuestro padre el diablo”. Hoy, debemos hacer una pausa y considerar seriamente esta advertencia. Porque el mayor engaño del enemigo no es hacernos renunciar a Dios abiertamente, sino hacernos creer que le servimos mientras, en realidad, estamos haciendo la obra del diablo. Hoy exploraremos cómo es posible estar en la iglesia y, sin darnos cuenta, actuar como hijos de la oscuridad.

La Paternidad Espiritual: Se es Hijo de Quien se Obedece.

Jesús no habla aquí de una paternidad en el sentido de la creación—todos somos hechos a imagen de Dios—sino de una paternidad espiritual y moral. Un hijo lleva el ADN de su padre, se le parece, actúa como él y sigue su legado.

En Romanos 6:16, Pablo lo deja claro: “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”

La paternidad se determina por la obediencia. Si obedecemos los mandamientos de Dios, manifestamos que somos hijos de Dios. Pero si obedecemos los patrones del pecado, manifestamos que nuestro padre espiritual es el diablo, aunque nuestra boca diga “Señor, Señor”.

Las Obras del Padre de Mentira (Cómo Hacemos Su Obra Sin Darnos Cuenta)

Jesús describe la naturaleza del diablo: homicida, mentiroso y enemigo de la verdad. Sus hijos, entonces, harán obras que reflejen ese carácter, a veces de formas sutiles y “aceptables” incluso en ambientes religiosos.

Criticar al Hermano (El Homicidio con Palabras): Jesús dijo que el diablo es homicida desde el principio. No siempre se usa un cuchillo. 1 Juan 3:15 dice: “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.” La crítica destructiva, el chisme, la difamación que asesina el carácter, la reputación y la unidad de un hermano… esa es la obra del padre de mentira. Cuando sembramos división con nuestras palabras, estamos alineados con el divisivo por excelencia.

Dar Falso Testimonio (La Mentira): El diablo es el padre de la mentira. Dar falso testimonio no solo es mentir en un juicio. Es exagerar un pecado ajeno, es contar “un chisme bien intencionado” para orar, es presentar una versión de los hechos que nos favorece y perjudica a otro. Cada vez que hacemos esto, no estamos simplemente cometiendo un error; estamos actuando como hijos del mentiroso, hablando el lenguaje nativo de nuestro padre.

Rebelión y Desobediencia (La Esencia del Pecado): La rebelión es la raíz de toda esta paternidad falsa. 1 Samuel 15:23 dice: “porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación.”

Nos rebelamos cuando nos sometemos a nuestros deseos en lugar de a los mandamientos divinos. Cuando preferimos nuestra opinión sobre la clara Palabra de Dios. Cuando decimos “Dios entenderá” para justificar nuestra desobediencia. Esta actitud de autosuficiencia y rebelión es la semilla que Satanás plantó en el Edén y que los fariseos cultivaban: “Yo sé más que Dios”.

El Engaño Más Grande: Religiosos Camino al Infierno

Este es el punto más solemne. Los fariseos no eran ateos. Eran los líderes religiosos. Creían en Dios, en las Escrituras, en el cielo y el infierno. Pero Jesús les dice que su misión final era llevar gente al infierno.

Cómo sucede esto:

Ponen Cargas Pesadas: (Mateo 23:4) Crean reglas humanas y las presentan como si fueran de Dios, abrumando a la gente y ocultando el rostro gracious del Padre.

Cierran el Reino: (Mateo 23:13) Con su legalismo, alejan a las personas de la sencillez del evangelio de la gracia por fe.

Enfocan en lo Externo: Se preocupan más por la apariencia de santidad (limpieza por fuera de la copa) que por un corazón transformado (Marcos 7:6-8).

Hermanos, ¿podemos estar nosotros en la iglesia, servir, cantar, diezmar, y aun así tener un corazón farisaico? ¡Absolutamente sí! Cuando nuestro cristianismo se vuelve una performance para que la gente nos admire y no para que Dios sea glorificado, estamos en terreno peligroso.

Conclusión y Llamado:

Las palabras de Jesús no son para condenarnos, sino para despertarnos. Son un espejo espiritual que nos pregunta: ¿De quién eres hijo hoy? ¿Tus acciones, tus palabras, tus actitudes secretas, reflejan el ADN de Dios o el del acusador?

El mensaje de hoy no es para hundirnos en la condenación, sino para llevarnos a la cruz. Porque solo hay una forma de cambiar de paternidad: nacer de nuevo.

Juan 1:12 dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”

Jesús vino a destruir las obras del diablo (1 Juan 3:8) y a darnos el derecho de ser llamados hijos de Dios. Hoy es el día de examinarnos.

  • ¿Hay crítica y amargura en tu corazón? Confiésalo.
  • ¿Has mentido o dado falso testimonio? Arrepiéntete.
  • ¿Te estás rebelando contra un mandamiento claro de Dios? Sométete.

No se trata de perfección, se trata de dirección. Un hijo de Dios puede tropezar, pero se levanta y se arrepiente porque su naturaleza nueva lo impulsa a agradar a su Padre. Un hijo del diablo vive en ese patrón de pecado sin convicción ni arrepentimiento.

Hoy, puedes elegir. Puedes dejar de hacer la obra del enemigo y empezar a ser un instrumento de verdad, vida y amor. Que el Espíritu Santo nos examine y nos guíe a toda verdad.

Señor, tus palabras son duras pero necesarias. Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame por el camino eterno. Perdóname donde he actuado como hijo de la oscuridad. Lávame con tu sangre y afiánzame en mi identidad como tu hijo/hija por la fe en Cristo. Que mi vida, desde hoy, refleje tu verdad y tu amor. En el nombre de Jesús, Amén.

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