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Este artículo fue elaborado a partir de un texto anónimo y ajustado de acuerdo con nuestra propia visión y entendimiento.
Amados hermanos que velan por la pureza de la doctrina:
Todo lo “pagano” a nuestro alrededor
Vivimos en días donde se alza una nueva corriente de “puritanismo extremo” que ve paganismo hasta en el viento que sopla dentro de la iglesia. Según algunos, toda celebración es herejía; no hay celebración, ni tradición, ni conmemoración alguna que se salve. Sin embargo, irónicamente, quienes más se jactan de “cumplirlo todo” son muchas veces los que más tropiezan tal y como lo declara Romanos 2 versos 1 al 11.
“Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios.”
Ahora, vayamos a un sencillo ejemplo, revisemos los días de la semana. Todos, sin excepción, están asociados a divinidades romanas o helénicas:
- Lunes/Monday dedicado a la Luna
- Martes a Marte
- Miércoles a Mercurio
- Jueves a Júpiter
- Viernes a Venus
- Sábado/Saturday a Saturno
- Domingo/Sunday al Sol (Apolo)
Y ahí vamos todos, cada día, consultando nuestros calendarios “paganos”. ¡Horror! Podría decirse que, inconscientemente, le rendimos homenaje a dioses falsos todos los días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año. Pero antes de caer en pánico, recordemos lo que dice la Escritura:
“Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.” (Romanos 14 verso 5)
Pablo nos enseña que más importante que la etiqueta de un día es la intención del corazón.
Cuando todo se vuelve “impuro”
La obsesión por desenmascarar supuestos orígenes paganos va más allá de los días de la semana. ¡Incluso, los “puritanos” llegan a cuestionar el carro que conduces o la ropa que vistes! Alegan que todo está “contaminado”: desde la gasolina hasta la marca de tu cepillo de dientes, porque —aparentemente— cada empresa está ligada a un complot masónico, illuminati o de “gente inconversa”.
Pero el apóstol Pablo, al enseñar sobre los alimentos sacrificados a ídolos, dejó una gran lección aplicable a todo tipo de objeto o costumbre que nos rodea:
“Sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios.” (Primera de Corintios 8 verso 4)
Si el ídolo “nada es”, ¿qué poder real puede tener sobre aquellos que son de Cristo? Nulo, a menos que nosotros le demos ese poder, tropezando en escrúpulos excesivos y juicios severos hacia los demás.
El legalismo que paraliza
Si seguimos la senda de “todo es pagano”, terminaremos sin ropa, sin comer, sin tecnología y recluidos en una cueva en la montaña al mejor estilo de un ermitaño. De hecho, algunos de este bando “puritano” extremista han llegado a prohibir la música (aunque sea dedicada al Señor), la celebración de cumpleaños e incluso el uso de instrumentos modernos durante los cultos en la iglesia.
Sin embargo, la misma Palabra nos exhorta a no volvernos esclavos de reglamentos humanos:
“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo.” (Colosenses 2 verso 16)
“…Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos?” (Colosenses 2 verso 20)
Sí, la Biblia advierte contra la idolatría y la participación consciente en rituales ajenos a nuestra fe (Primera de Corintios 10 versos 20 y 21). Pero no enseña a vivir aterrados, viendo demonios y conspiraciones en todos los rincones.
El corazón antes que la forma
¿Acaso el Señor no dijo que la verdadera adoración sería en espíritu y en verdad, más allá de un lugar físico o de tradiciones externas? (Juan 4 versos 23 y 24). Es decir, nuestra devoción se ancla en la obra de Cristo en el corazón, no en la observancia religiosa de tal o cual costumbre.
Cuando pretendemos “purificarnos” mediante la renuncia exagerada a todo lo material o cultural, caemos en la trampa del ascetismo y del orgullo espiritual. Recordemos que Jesús, al enseñarnos, no abogó por escapar del mundo, sino por vivir en santidad en medio de él (Juan 17 versos 15 y 16).
El absurdo de aislarse
En un arranque final de “extrema pureza”, algunos piensan que la única vía es huir a la montaña, desnudos, sin contacto con la civilización, dejando morir todo rastro de “mundanalidad”. “¡Eso sí que es ser santo!”, gritan los más “radicales puritanos”.
Pero la santidad bíblica, más que un aislamiento, es un compromiso con Dios y con el prójimo (Efesios 1 verso 4; Primera de Pedro 1 versos 14 y 15). No se trata de salir del mundo, sino de no permitir que el mundo —con sus valores egoístas, injustos o anticristianos— contamine nuestro corazón. Por ello, Jesús oró:
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.” (Juan 17 verso 15)
La libertad gloriosa en Cristo
En lugar de vivir atemorizados por las sombras de antiguas tradiciones, nuestra mirada debe dirigirse hacia Cristo, “autor y consumador de la fe” (Hebreos 12 verso 2). Él es quien nos dio libertad para vivir sin esclavizarnos a dogmas humanos ni a supersticiones legalistas:
“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” (Romanos 14 verso 17)
Y también:
“Todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.” (Primera de Timoteo 4 versos 4 y 5)
Conclusión
Hermanos, no dejemos que la obsesión por encontrar paganismo en cada esquina nos robe el gozo de la fe. Tampoco vivamos reprimiendo a otros en base a tradiciones de hombres. Mejor sigamos el consejo bíblico:
“Así que, ya comáis, ya bebáis, o hagáis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” (Primera de Corintios 10 verso 31)
Que la gracia y la sabiduría de nuestro Señor Jesucristo nos guíen a vivir en libertad, discernimiento y amor, antes que en miedos y acusaciones.
¡A Dios sea la gloria!



