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Todos nacemos con una huella digital única. Ni un solo par de gemelos en la historia la ha compartido. Esa marca invisible nos recuerda algo asombroso: eres único, irrepetible, diseñado con un propósito eterno.
A lo largo de la vida, vas dejando huellas en este mundo. La mayoría parecen invisibles… pero si buscas con diligencia, ahí están. En tus decisiones, en tu silencio, en lo que aplaudes y en lo que toleras.
“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20).
El apóstol Pablo lo dejó claro: la creación da testimonio de la verdad. Solo necesitas prestar atención al detalle. Pero el ser humano prefiere ignorar las señales. Y lo más trágico no es que el mundo viva en caos… sino que la iglesia, llamada a ser luz, haya decidido aplaudir a quienes manipulan en nombre de Dios.
La ironía que duele
Muchos creyentes se ofenden cuando un predicador señala la corrupción, el ladronismo o la manipulación de los pueblos por sus gobernantes. Pero esos mismos creyentes aplauden cuando un político usa lenguaje bíblico para llevar ignorantes al matadero. “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6).
La iglesia no nació de la ignorancia, sino de la verdad, el amor y la profundidad de la sabiduría. Pero lo hemos perdido. Hoy, el caos en el gobierno de Estados Unidos —y en muchas naciones del mundo— es producto de la ignorancia del pueblo “creyente”. Y lo digo con vergüenza: ni siquiera tenemos la capacidad de pedir disculpas al mundo por el daño que hemos causado al confundir la corrupción en la política con la profecía bíblica.
El peligro real: cuando la religión y la política se corrompen
Lo último que hemos visto es la amenaza de destrucción total contra Irán, desde la alianza entre Estados Unidos e Israel. Un presidente rodeado de falsos obreros, dizque pastores, que le han hecho creer que él es como Jesús, que todo lo que hace es inerrante, y que el ha sido escogido para dar inicio a la anunciada tribulación de 7 años.
La “pastora” Paula White, “encargada de asuntos espirituales” de la Casa Blanca, declaró públicamente que desobedecer a este presidente, Donald Trump, es desobedecer a Dios. Eso no es profecía, es blasfemia.
“Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24).
El mundo está siendo gobernado por dos fuerzas poderosas: la política y la religión. En la Biblia, la religión corrompida es llamada el Falso Profeta, y la política sin Dios, el Anticristo. Ambos engañan.
La advertencia final
“Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19).
El problema no es que el mundo esté bajo influencia del maligno —eso ocurre por la ausencia de Dios—. El problema es que la iglesia también esté bajo esa influencia, apoyando vez tras vez a los hijos del maligno para que nos gobiernen.
La ignorancia condena. Y cuando es autoinfligida, es pecado.
“La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Y la ignorancia voluntaria es la antesala del juicio.
Arrepentimiento y mirada clara
Todas las huellas estaban ahí. Las señales, los textos, los falsos profetas, las manipulaciones. Escogimos no ver. Pero aún hay tiempo para volver a la verdad, a la sabiduría profunda, al amor que no aplaude al lobo vestido de oveja. No sigas huellas que te llevan al abismo. Deja las tuyas en la roca que es Cristo.
Comparte este mensaje. No por miedo, sino por amor a la verdad.
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