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La iglesia y los políticos: Una relación que debe ser guiada por la verdad
Hoy quiero compartir una reflexión que considero urgente y necesaria para la iglesia en estos tiempos. Soy de la opinión, y estoy convencido por la Palabra de Dios, que nadie, y mucho menos la iglesia, debería “meter las manos al fuego” para defender a ningún político, en ningún país del mundo, sin importar su afiliación partidaria o ideología. La Biblia no lo hace, y nosotros, como pueblo de Dios, tampoco deberíamos hacerlo.
En las Escrituras, vemos que incluso los líderes políticos más destacados, aquellos que fueron elegidos y ungidos por Dios, como Saúl, David o Salomón, fueron confrontados y reprendidos cuando se desviaron del camino del Señor. Ningún político está por encima de la verdad de Dios, y cuando pecaron, los profetas no dudaron en denunciar sus errores. Saúl perdió el reinado por su desobediencia (1 Samuel 15:26), David enfrentó consecuencias devastadoras por su pecado con Betsabé, incluyendo la muerte de su hijo y el dolor de ver a su familia dividida (2 Samuel 12:10-14), y Salomón, a pesar de su sabiduría, terminó siendo el “tonto más sabio” de la historia al permitir que sus muchas esposas lo alejaran de Dios (1 Reyes 11:4-6). Estos ejemplos nos muestran que Dios no hace acepción de personas, y menos de políticos.
En el Nuevo Testamento, Jesús mismo nos da un ejemplo claro de cómo debemos relacionarnos con los gobernantes y líderes políticos. En Lucas 13:32, Jesús se refiere a Herodes como “esa zorra“. Esta expresión no fue un cumplido, sino una crítica directa y contundente hacia un gobernante astuto, cobarde y falto de integridad. Herodes representaba todo lo que estaba mal en el liderazgo político de su época: era un hombre que gobernaba con miedo, manipulación y egoísmo. Jesús no lo elogió, no lo defendió, ni buscó su aprobación. Al contrario, lo confrontó con la verdad.
Hoy, sin embargo, vemos una realidad preocupante en muchas iglesias. En lugar de denunciar la corrupción, la injusticia y la falta de integridad de muchos gobernantes, pastores y obispos y organizaciones religiosas los alaban, los defienden y hasta los llaman “mesías” o “ungidos”. Esto no solo es un error teológico grave, sino también una traición al profundo mensaje del Evangelio. Ningún político es un “mesías”, Jesús los llama por lo que son: ZORRAS. Es más, cuando la iglesia se alía con el poder político de manera acrítica, como sucede en los Estados Unidos y El Salvador de hoy, la iglesia pierde su voz profética y su capacidad de ser sal y luz en el mundo; y se expone, a ser parte de la oscuridad y el mundo de las tinieblas que llevan a la perdición y muerte eterna.
Permítanme dar un ejemplo actual: en muchos países, vemos cómo líderes políticos (pongales usted el nombre), independientemente de su ideología o afiliación política partidaria, utilizan la religión como una herramienta para ganar votos o legitimar sus agendas. Y, lamentablemente, muchos líderes y organizaciones religiosas vez tras vez caen en la trampa de apoyarlos ciegamente, olvidando que nuestra lealtad no es con un partido político, ni con un líder (zorra) humano, sino con el Reino de Dios. Cuando la iglesia se convierte en un apéndice del poder político, pierde su capacidad de ser una voz profética que llama al arrepentimiento y a la justicia.
Jesús no tuvo miedo de llamar a Herodes “zorra“, y hoy, si Él estuviera entre nosotros, no dudaría en denunciar a aquellos políticos que, como Herodes, gobiernan con astucia, cobardía y falta de integridad. No se trata de ser anti políticos, sino de ser fieles a la verdad. La Biblia nos llama a orar por nuestros gobernantes (1 Timoteo 2:1-2), pero también a ser críticos y a no conformarnos con las estructuras de pecado y corrupción que muchos de ellos representan.
En Lucas 13:31-35, Jesús no solo confronta a Herodes, sino que también lamenta la ceguera espiritual de Jerusalén, hoy las naciones, pueblos y etnias, que rechazan a los profetas y a los mensajeros de Dios. Hoy, la iglesia no debería permitirse ser como aquella Jerusalén, que prefirió el poder terrenal a la verdad divina. Nuestra misión no es defender a los políticos, sino proclamar el Reino de Dios, un reino que no se construye con alianzas políticas, sino con justicia, misericordia y humildad (Miqueas 6:8).
Hermanos, no nos equivoquemos. Los políticos de hoy, como los de ayer, son seres humanos falibles, y la mayoría de ellos actúan con la astucia y la cobardía de las zorras. Pero nosotros, como iglesia, estamos llamados a ser diferentes. Estamos llamados a ser luz en medio de las tinieblas, a denunciar la injusticia y a vivir con integridad. No nos conformemos con menos.
Que este mensaje nos lleve a reflexionar: ¿Estamos siendo fieles a la verdad de Dios, o estamos defendiendo intereses humanos? ¿Estamos siendo sal y luz en el mundo, o nos hemos convertido en cómplices del poder? Que el Señor nos dé sabiduría y valor para ser fieles a Su Palabra en todo tiempo.
Amén.



