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Desde el punto de vista del Reino (Gobierno) de Dios, todo ser humano es un líder en potencia. El liderazgo, desde el punto de vista del Reino de Dios, tiene que ver con los dones recibidos pues sin ellos no hay poder y como tal no hay desarrollo. Hechos, capítulo 1 verso 8 nos cuenta la historia cuando el Señor Jesús, justo antes de ascender al Reino de los Cielos, les dijo a sus discípulos:
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
Esto significa que para convertirnos en los líderes que el Reino de Dios necesita acá en la tierra, líderes que asuman la responsabilidad de restablecer el Reino de Dios en este mundo, necesitamos potenciar esos dones de Dios en nosotros y, para lograrlo, es necesario modificar nuestra forma de pensar y entender las cosas de una nueva forma.
La visión es una fuerza poderosa y constituye la piedra angular de un liderazgo efectivo. La Biblia, en Proverbios, capítulo 29 verso 18, nos advierte que \”donde no hay visión, el pueblo perece\”. Este versículo resalta la importancia de tener una dirección clara y un propósito definido para alcanzar el éxito colectivo.
Tomando inspiración de la naturaleza, podemos observar que en el reino de las aves, el águila se destaca como líder. ¿Por qué? El águila posee la asombrosa capacidad de ver a una distancia de hasta 5 millas. Esta aguda visión le otorga la ventaja de anticipar y sortear obstáculos mucho antes de que se vuelvan amenazas tangibles.
De manera similar, un líder dotado de visión puede anticipar desafíos, identificar oportunidades y guiar a su equipo hacia metas claras y alcanzables. La visión actúa como un faro que ilumina el camino, infundiendo dirección y propósito en las acciones cotidianas.
Todos los seres humanos tenemos una manera de pensar, producto de ideas preconcebidas y aprendidas que se convirtieron en creencias. Estas creencias, con el pasar del tiempo, fueron aceptadas por nuestra mente como verdades; después fueron almacenadas y reafirmadas a lo largo de nuestras vidas, a eso le llamamos nuestra filosofía de vida.
La filosofía de vida es el resultado de un cúmulo de ideas aprendidas y aceptadas como verdad; es el resultado de toda la influencia, positiva y negativa recibida a lo largo de la vida.
Lo que somos ahora es lo que alguien en el camino nos dijo que éramos, alguien nos dijo: “Vos sos feo” y lo creímos, “vos sos tonto”, y lo creimos, “vos son como una maceta, nunca saldras del corredor”, “vos sos un fracaso” y esto y lo otro y así hemos ido por la vida asumiendo como verdad un montón de cosas que la gente nos ha ido diciendo que somos en el camino de la vida. Es decir, todos nosotros somos nuestro sistema de creencias y, como tal, es imposible vivir más allá de este sistema de creencias establecido en nuestro cerebro. Y para vivir de una manera diferente somos llamados a cambiar nuestro sistema de pensamiento.
Decir que nuestra filosofía de vida determina lo que somos significa que cada uno de nosotros se convierte en lo que piensa.
En Proverbios 23 verso 7 leemos:
“Lo que somos ahora es todo aquello que a lo largo del camino hemos venido almacenando en lo profundo del corazón y aceptando como verdad en el camino de la vida. Es por esto que lo que creemos es en realidad aquello que gobierna nuestra vida.”
En Filipenses, capítulo 4 versos 8 al 13 se nos enseña:
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”
La palabra corazón utilizada en la Biblia, es una palabra hebrea que significa: “Por debajo de la mente”. Esta área es llamada en la psicología, “El inconsciente” y ese es el lugar en donde todo aquello que aceptamos como verdad es guardado.
En otras palabras, tenemos dos mentes y por esto la Biblia dice que de la “abundancia del corazón (subconsciente) habla la boca”; y agrega, “guarda tu corazón porque de él mana la vida”. El Señor Jesus dijo que “del corazón brota la maldad”.
Esta es la razón central del porque las primeras palabras de Jesus tienen tienen que ver con una cambio de filosofía de vida, con un cambio en la manera de ver las cosas, entenderlas y pensarlas:
Mateo, capítulo 4 verso 7 nos dice:
“Arrepientete…” literalmente significa “cambia de forma de pensar y de entender las cosas”. Todo esto es importante para que incorporemos en nuestra mente una nueva forma de pensar y aprender que sea conforme a la visión del Reino de Dios y deje de ser conforme a la visión del reino del diablo. Es la única manera que nosotros podemos manifestar el Reino de Dios acá en la tierra, haciendo un giro en nuestro pensamiento, entendiendo que las cosas pueden hacerse de una manera perfecta conforme a la voluntad divina.
Esto no es nada fácil porque estamos acostumbrados a amar a nuestros viejos pensamientos y la mayoría de nosotros de forma frontal nos oponemos a cambiar la manera de pensar, nos aferramos y nos amarramos a nuestra vieja forma de ser.
Paulo Freire, un educador famoso brasileño, decía: “No me gusta que me aplaudan porque se aplauden a ellos mismos”. En otras palabras, no me gusta que me aplaudan porque solo aplauden cuando yo digo algo que ellos ya creen.
La biblia dice que nosotros nos parecemos al Señor porque fuimos creados conforme a su imagen y semejanza. Por lo tanto, la misión central del Señor Jesus en nosotros es que nosotros recuperemos la naturaleza que perdimos y para ello la filosofía de vida nuestra debe de cambiar.
Todo lo que Jesus hizo en este mundo fue para mostrarnos una nueva manera de pensar. Por ejemplo El escogió a gente del vulgo/ignorante, sin educación formal, que vivían a la orilla del mar y con ellos cambió al mundo. Así nos muestra, con el ejemplo, que es posible cambiar al mundo si estamos dispuesto a cambiar nuestra vieja Filosofía de vida.
Es importante entender que cada uno de nosotros es un líder en potencia. El Señor nos dio dominio sobre la naturaleza a todos. En otras palabras, dentro de cada uno de nosotros vive un líder escondido y, para sacarlo, tenemos que modificar nuestra manera de pensar.
Dentro de nosotros fue depositado un enorme potencial pero debemos desarrollarlo. Es así como en nuestro interior existe una persona que nadie conoce y la misión de Cristo en nuestras vidas, si se lo permitimos, es ayudarnos a descubrir a esa persona líder que todos llevamos dentro.
Todo esto solo es posible si estamos dispuestos a modificar nuestros pensamientos y forma de ver el mundo tal y como lo dice el Apostol Pablo.
En Romanos, capítulo 12, verso 2, se nos insta con claridad:
\”No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.\”
Es crucial comprender que los partidos políticos, independientemente de sus líneas y filosofías, no nos representan como el pueblo de Dios. Los gobiernos terrenales, en todas sus manifestaciones, tampoco nos representan. La única entidad que nos representa fielmente es el Gobierno de Cristo Jesús, su palabra y sus leyes. Es por ello que, a nivel personal, elijo no solo darle mi voto a Jesús como Dios, Señor, Rey y Salvador de ser, sino entregarle completamente mi vida.
Esta elección se fundamenta en la convicción de que sólo a través de Cristo podemos conocer y vivir conforme a la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. Es imperativo reconocer la trascendencia de este compromiso y comprender que, al entregarnos a Cristo, estamos adoptando un paradigma de vida que va más allá de las estructuras políticas y de gobierno terrenales.
En este contexto, urge desmantelar cualquier creencia falsa que sugiera nuestra inferioridad o falta de valor. Debemos reemplazar esas antiguas perspectivas con pensamientos arraigados en la verdad bíblica. La renovación de nuestro entendimiento, como nos exhorta Romanos, nos capacita para discernir la verdad divina y vivir en armonía con la voluntad de Dios.
Es tiempo de reafirmar nuestra identidad como hijos de Dios, representados por el Gobierno de Cristo. Al abrazar esta verdad, nos liberamos de las limitaciones impuestas por sistemas terrenales y nos comprometemos a vivir de acuerdo con los principios eternos establecidos por nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.



