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Introducción:
Las intensas y profundas presiones que las sociedades modernas ejercen sobre la familia, la iglesia y el estado han sumido a nuestras comunidades en un estado de caos. Fenómenos como el libertinaje, los matrimonios entre personas del mismo sexo y la creencia de que cada individuo puede vivir según sus propias reglas han sumido a la familia humana en la anarquía. La iglesia, por su parte, ha sufrido los estragos de la apostasía, con numerosos \”hijos de Satanás\” disfrazados de \”ángeles de luz\” infiltrándose en su seno y sembrando confusión y abominación.
La erosión de los valores tradicionales ha afectado gravemente la estructura familiar, mientras que la iglesia se ha debilitado frente a las corrientes ideológicas opuestas a sus enseñanzas fundamentales. Por otro lado, el estado se ha convertido en un terreno fértil para la corrupción, donde mentes desprovistas de ética y moral sirven sus propios intereses y los de sus seguidores, llevando a las sociedades mundiales directamente hacia la senda de la destrucción y la muerte.
Exploraremos a continuación las causas subyacentes de este dilema y consideraremos posibles soluciones para restaurar el equilibrio y la estabilidad en nuestras comunidades.
Llamados a trabajar en Armonía: Doctrina Militar y Divina Unificada
Hablar del Reino de Dios no solo evoca imágenes de calles de oro y mares de cristal, sino que también nos sumerge en la comprensión de un orden celestial, una nueva ciudad y ejércitos celestiales que sirven a un propósito divino. La palabra \”ejército\”, derivada del latín \”exercĭtus\”, nos conecta con una metáfora que trasciende lo terrenal para describir las fuerzas que trabajan en armonía en el Reino de Dios.
En la tierra, un ejército se define como el conjunto de fuerzas terrestres, aéreas y navales de un país, organizadas para la defensa ante amenazas externas. Está compuesto por diversos cuerpos, unidades y servicios auxiliares, todos regidos por normas, reglas, entrenamientos, uniformes, órdenes, comportamientos y una única doctrina militar. Esta cohesión y uniformidad son esenciales para la eficacia y la seguridad de la nación.
Mi experiencia como miembro del Ejército de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (US ARMY) durante 8 años me proporcionó una perspectiva única de este concepto. Desde mi servicio activo hasta la reserva inactiva, pasando por destinos internacionales como Bad Hersfeld, Alemania, la cohesión y la uniformidad eran evidentes. Pertenecí a la 58th Engineer Company, 3rd. 11th. ACR, Bad Hersfeld, Germany, durante dos años en la Guerra Fría.
Aprendí que sin importar el lugar de asignación, ya fuera en territorio continental de Estados Unidos o en el extranjero, todos los miembros de las Fuerzas Armadas vestían el mismo uniforme, hablaban el mismo idioma y compartían la misma visión. Estaban sometidos a un único poder y comandante general: el presidente de los Estados Unidos. Este nivel de uniformidad no solo fortalece la eficiencia, sino que también simboliza la lealtad y la dedicación a una misión común.
Esta lección espiritual se traduce en el Reino de Dios, donde la unidad, la obediencia y la alineación con una única voz de mando son fundamentales. Así como en el ejército no hay voces disidentes ni doctrinas militares divergentes, en el Reino de Dios, la armonía y la coherencia prevalecen para cumplir con la misión divina establecida. La analogía militar ilustra cómo, en ambos casos, la unidad es esencial para el logro de los objetivos y la preservación de la visión compartida.
En la Palabra de Dios, encontramos repetidas referencias a los ejércitos del Reino Celestial, fuerzas que indudablemente comparten una doctrina militar y divina unificada. Estos ejércitos utilizan un lenguaje común, comparten una visión colectiva y obedecen al mismo Comandante General, el Dios supremo del Universo.
La Biblia nos revela este concepto en pasajes como: \”Yo vi al SEÑOR sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda\” (Primera de Reyes, capítulo 22 verso 19), y \”Bendecid al SEÑOR, vosotros todos sus ejércitos, que le servís haciendo su voluntad\” (Salmos 103 verso 21).
Nehemías, capítulo 9 verso 6 nos ofrece otra perspectiva, describiendo a Dios como el creador de los cielos y la tierra, con todo su ejército celestial postrándose ante Él. Estas escrituras subrayan la unidad y la cohesión en los ejércitos divinos.
En el Antiguo Testamento, vemos el Ejército de Israel como el brazo militar de Dios, ejecutando la justicia divina de manera inmediata. La destrucción de pueblos paganos y sus dioses fue un acto de la justicia divina.
En el Nuevo Testamento, este ejército es referido como la \”milicia\”, a la cual el Señor Jesucristo llama Iglesia. \”Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas…\” (Segunda de Corintios, capítulo 10 versos 4 al 6).
Sin embargo, a lo largo de los dos milenios transcurridos desde la fundación de la Iglesia por Jesucristo el Señor, observamos una lamentable división. La Iglesia, como ejército espiritual, ahora se presenta fragmentada, con numerosos líderes, diversas voces de mando en todo el mundo y múltiples facciones con sus propios uniformes, colores, vocabulario y doctrinas militares.
Esta fragmentación ha llevado a una debilidad espiritual palpable en la Iglesia, plagada de herejías y una profunda contaminación doctrinal. La presencia de brechas y fisuras facilita la infiltración del enemigo, causando estragos en el rebaño del Señor.
En este contexto, es crucial buscar la restauración de la unidad, la fidelidad a la verdadera doctrina y la obediencia al único Comandante, para fortalecer la Iglesia como un poderoso y coherente ejército espiritual, listo para enfrentar las batallas espirituales de nuestro tiempo.
La Apostasía
Una vez más, se cumple la profecía expresada en la Palabra de Dios: \”Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición\” (Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2 versos 3 al 4). La apostasía ha permeado la iglesia del Señor, debilitándola, sumiéndola en la ignorancia y dividiéndola en facciones que parecen tirar en direcciones opuestas, cada una promoviendo sus propios intereses. Esta fragmentación ha llevado a una pérdida de la conciencia de nuestra dependencia de Dios, olvidando que sin Él, somos incapaces de hacer nada.
En el ámbito de la iglesia evangélica contemporánea, es común escuchar mensajes centrados en el rapto, especialmente aquellos que toman como texto central Primera de Tesalonicenses, capítulo 4 versos 13 al 17:
“No queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.
Sin embargo, la realidad en la iglesia contemporánea es que a menudo estamos seleccionando y consumiendo la verdad de manera selectiva, como en un bufet \”all you can eat\”, eligiendo solo lo que nos agrada y dejando de lado otros aspectos cruciales. La iglesia moderna ha olvidado o, en muchos casos, desconoce los requisitos previos que deben cumplirse antes de la aparición del Señor Jesucristo en las nubes para reunir a su iglesia.
Estos requisitos se encuentran claramente establecidos en Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2 verso 3: \”Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición\”.
La apostasía y la manifestación del pecado son los primeros dos pasos que deben ocurrir antes de que el Señor aparezca en las nubes. Es imperativo que la iglesia moderna reflexione y se arme con el conocimiento completo de estos requisitos para prepararse adecuadamente para la venida del Señor.
¿Qué es la Apostasía?
La apostasía, derivada del griego ἀποστασία (apostasía), se refiere a la acción y efecto de apostatar. Apostatar, a su vez, implica abandonar o romper públicamente con la doctrina que se profesa. Esta palabra se compone de απο (apo), que significa “fuera de”, y στασις (stasis), que significa “colocarse”.
En un contexto religioso, la apostasía representa la renuncia o abjuración pública de la religión que se profesa. Cuando se trata de un clérigo, implica la ruptura con la orden o institución a la que pertenece. Además, el término puede designar el acto en el cual un religioso incurre en el incumplimiento de sus obligaciones clericales, considerándose un acto de vicio y corrupción de la virtud de la piedad, resultando en la salida irregular del religioso de la orden.
Apostasía en la Iglesia Moderna:
Lamentablemente, la apostasía está en marcha en la iglesia moderna. Numerosos hombres y mujeres han abandonado la Palabra de Dios, renunciando a las bendiciones divinas y eligiendo senderos no aprobados por el Señor. Muchos de estos apóstatas, aunque alguna vez estuvieron arraigados en la Palabra, han decidido apartarse de la senda de la vida, cambiando la verdad por la mentira y convirtiéndose en nubes errantes, como advierte Judas 10: “Blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales”.
Este alejamiento de la verdad se refleja también en Judas 4: “hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo”.
Condena en las Escrituras:
Las Escrituras, en pasajes como Judas 12 al 16, condenan de manera enérgica a aquellos que practican la apostasía: “Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas”.
Estos pasajes también advierten sobre murmuradores, querellosos, que siguen sus propios deseos y hablan cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.
Historia Repetitiva:
Desde la creación de Adán y Eva, la historia humana ha sido una repetición patética de engaños, manipulaciones, debilidades, cobardías, oscuridades, ladronismos, violencias y muertes. Estos males han persistido a lo largo de milenios, mostrando la constante fragilidad humana y la necesidad de buscar la luz y la guía divina.
La Degradación de la Creación y la Apostasía:
La perfección original de la creación ha sufrido una degradación alarmante y, en consecuencia, los seres humanos han llevado a tal extremo que han desencadenado una advertencia divina. La profecía establece que, eventualmente, cuando el tiempo se cumpla, la creación será destruida por fuego, como se menciona en Segunda de Pedro, capítulo 3 verso 10: \”Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con gran estruendo y los elementos ardiendo serán deshechos, la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas\”.
Este ciclo destructivo se ve exacerbado por el vicioso patrón de la apostasía, que ha penetrado hasta el núcleo mismo de la iglesia, contaminándola con el espíritu del anticristo, lo que representa una amenaza significativa para toda la humanidad.
La Apostasía y su Impacto en lo Político y Religioso:
Observamos que, en muchos casos, gobiernos corruptos que saquean y empobrecen a las naciones llegan al poder respaldados por esta iglesia apóstata. Líderes religiosos, vendidos al mejor postor, exhortan al rebaño a no involucrarse en política mientras, en la sombra, negocian tratos oscuros que someten los votos de la congregación a grupos de poder establecidos.
Esta colaboración entre el espíritu del anticristo (representado por los líderes políticos) y el espíritu del falso profeta (encarnado en líderes religiosos apóstatas) es la causa de tanto mal en nuestro mundo. Esto ha impedido que la Iglesia de Jesucristo se manifieste en toda su plenitud y ejerza el poder que le ha sido conferido.
Engaño en lo Político y Religioso:
Los pueblos del mundo han sido engañados tanto en el ámbito político (anticristo) como en el religioso (falso profeta). Sin embargo, a lo largo de la historia, el Señor ha mantenido un remanente fiel que ha resistido estos embates. Como se profetiza en Isaías, capítulo 10 versos 20 al 23, aquellos que permanecen fieles a Dios no se apoyarán en los líderes corruptos, sino en Jehová, el Santo de Israel.
Apostasía a lo Largo de la Historia:
La apostasía, aunque mencionada en la Biblia en contextos específicos, ha evolucionado a lo largo de los siglos, guiada por el espíritu del anticristo. Ya desde el tiempo de los apóstoles, como advierte Juan en Primera de Juan, capítulo 2 verso 2 al 20, se vislumbraban muchos anticristos. Estos, aunque surgieron de la iglesia, revelaron su verdadera naturaleza al apartarse, evidenciando que no todos eran del rebaño fiel.
No obstante, es en las últimas cinco décadas donde hemos presenciado un aumento significativo de los apóstatas, alimentando la apostasía que sigue leyes y tradiciones humanas inventadas por líderes falibles y deshonestos. Este fenómeno ha llevado al Señor Jesucristo a advertir a sus discípulos: \”Mirad que nadie os engañe\” (Mateo, capítulo 24 verso 4).
En este contexto, es imperativo que los creyentes permanezcan alerta, aferrándose a la verdad y discerniendo las artimañas de la apostasía que amenaza con socavar los fundamentos espirituales de la Iglesia.
Desviación Religiosa y Manifestación del Espíritu del Anticristo:
En la actualidad, observamos las consecuencias de este alejamiento de la verdadera fe en Cristo. El panorama religioso se caracteriza por una multiplicidad de iglesias, cada una con enseñanzas, nombres y prácticas diversas. Estas instituciones, llenas de mitos y rituales presentados como mandamientos divinos, se erigen con organizaciones distintas, fundadores variados y construyen sus propios caminos efímeros, como castillos de arena. La consecuencia de esta diversidad es una profunda confusión entre los pueblos del mundo, llevando a muchos a burlarse y negar la fe en el único y verdadero Dios revelado en la Biblia.
La recomendación de \”escudriñar las Escrituras\” (San Juan 5:39) se presenta como un antídoto contra esta confusión, instándonos a buscar la verdad que conduce a la vida eterna.
Cumplimiento del Primer Requisito: La Apostasía:
El primer requisito para el retorno del Señor, la apostasía de la iglesia, se manifiesta claramente en este escenario de fragmentación religiosa y desviación de la fe original.
Espíritu del Anticristo:
El segundo requisito profético nos revela que antes de la venida del Señor, se manifestará el hombre de pecado, el anticristo. Este fenómeno se desglosa en dos partes: el espíritu del anticristo y el propio Anticristo.
En cuanto al espíritu del anticristo, las Escrituras nos advierten en 1ra. de Juan 2:18 sobre la presencia de numerosos anticristos en el último tiempo. También se destaca que aquel que niega que Jesús es el Cristo encarna el espíritu del anticristo. Este malévolo espíritu, identificado como satánico, ha permeado la política mundial, engañando a líderes y provocando conflictos, corrupción y sufrimiento en una escala masiva.
Amenazas del Espíritu Satánico:
Este espíritu satánico ha desencadenado violencia, hambrunas, egoísmo, arrogancia y ha fomentado todos los deseos carnales en la humanidad. Su influencia constante ha llevado al mundo al borde de la destrucción, amenazándolo con guerras nucleares y biológicas, como se profetiza en Apocalipsis 9:18-21, donde se advierte sobre plagas mortales que afectarán a una tercera parte de la población mundial.
En este contexto, es vital permanecer vigilantes, buscando la verdad en las Escrituras y reconociendo las señales de los tiempos. La comprensión de estos eventos proféticos nos impulsa a un mayor discernimiento espiritual y a prepararnos para el regreso del Señor en medio de un mundo afectado por la apostasía y la influencia del espíritu del anticristo.
\”Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia”, Primera de Timoteo, capítulo 4 versos 1 al 2.
Yendo más allá, uno de los requisitos primordiales para la segunda venida del Señor Jesucristo a la tierra no es simplemente que el espíritu del anticristo esté presente, ya que este espíritu satánico siempre ha estado en el mundo; por eso vemos el mundo tan lleno de desastres y violencia. Más bien, el requisito es que este espíritu satánico se manifieste en carne; Satanás mismo aparecerá en la figura de un ser humano, haciendo realidad el “misterio de la iniquidad”.
\”Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, sólo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio. Y entonces será revelado ese inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida”, Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2 verso 7.
Es crucial comprender que cuando en Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2, el apóstol Pablo menciona al Anticristo, no se refiere simplemente al espíritu del anticristo, sino más bien a la manifestación del hombre de pecado en el mundo, la manifestación del gran dragón que gobernará y provocará la muerte de la tercera parte de los seres humanos sobre la tierra:
“Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres. Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número”, Apocalipsis, capítulo 9, versos 15 al 16.
Todas estas profecías se están cumpliendo frente a nuestros ojos todos los días. No es una sola, son muchas al mismo tiempo, incluyendo la construcción de la superestructura de gobierno mundial que el anticristo utilizará para gobernar al mundo y que la palabra denomina \’la bestia\’.
La Biblia nos proporciona muchas claves para reconocer a la bestia una vez que aparezca en el escenario mundial. Es fundamental comprender que la bestia recibe todo su poder del dragón (Satanás), siendo la bestia el aparataje, la infraestructura, la superestructura de gobierno conformada por países, naciones, reinos que serán utilizados por el dragón (Satanás) para gobernar y destruir al mundo. Esto ha causado mucha confusión y, por ende, malinterpretación de las profecías bíblicas. Explicaremos esto a continuación.
Las escrituras nos proporcionan claves sobre la manifestación del hombre de pecado, claves que debemos esforzarnos por interpretar de manera correcta.
Esta bestia (la superestructura de gobierno que estará conformada por varias naciones poderosas económicamente y militarmente en los últimos tiempos) sufrirá una herida mortal de la cual se recuperará y todo el mundo se maravillará ante ella.
La manifestación de la Bestia: Apocalipsis, capítulo 13, versos 1 al 5:
“Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia. Y yo me paré sobre la arena del mar, y vi una bestia subir del mar, que tenía siete cabezas y diez cuernos; y sobre sus cuernos, diez diademas; y sobre las cabezas de ella un nombre de blasfemia.
“Y la bestia que vi era semejante a un leopardo (Alemania), y sus pies como de oso (Rusia), y su boca como boca de león (Inglaterra – la boca de león significa que el idioma internacional que hablará esta bestia será el inglés, tal y como lo vemos hoy en día). Y el dragón (Satanás) le dio su poder (a esta confederación de potencias mundiales de los últimos tiempos), su trono y gran potestad.
“Y vi una de sus cabezas como herida de muerte (el OSO, es decir, la Unión Soviética, fue herida de muerte, desapareció en 1989. En este tiempo, se desplomó el muro de Berlín y junto con él, la Unión Soviética. El mundo llegó a creer que el OSO/Rusia había dejado de existir. El entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, primera ministra de Inglaterra, y Juan Pablo Segundo, pontífice de la Iglesia Católica Romana, declararon en 1989 no solo el fin de la guerra fría, sino también la muerte del OSO – Unión de las repúblicas Socialistas
\”Esta bestia será el sexto (Apocalipsis, capítulo 17, verso 10), y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo. Esta bestia también será el octavo (Apocalipsis, capítulo 17 verso 11). La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.\”
Será el dragón (Satanás) quien le cederá el trono a esta bestia (Apocalipsis, capítulo 13 verso 2). Y la bestia que vi era semejante a un leopardo (Alemania), y sus pies como de oso (Rusia), y su boca como boca de león (Inglaterra). Y el dragón le dio su poder y su trono, y gran autoridad. Esta bestia será una confederación de naciones que gobernará al mundo en los últimos tiempos y será la cuna de poder del gran dragón, Satanás, desde donde gobernará y destruirá al mundo.
La llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos en 2017, con políticas proteccionistas y antiinmigrantes, ha llevado a la pérdida de influencia mundial que Estados Unidos construyó a lo largo de su historia, especialmente desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Trump no ha comprendido la creciente interdependencia del mundo moderno; los estados necesitan más que nunca el apoyo mutuo. Todo esto, coincidentemente, se alinea con la profecía bíblica que anuncia la formación de un gobierno mundial.
En Europa, algunos países avanzan hacia una integración político-económica que subordina el poder soberano de los Estados miembros al poder de esa unión. La unificación y formación de bloques de países en alianzas estratégicas, tanto comerciales como militares, son cruciales para el cumplimiento de la profecía bíblica.
En la actualidad, existen bloques o asociaciones como el MERCOSUR, la Unión Europea, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la ASEAN, el AFTA y la CEI. Esta tendencia hacia la unificación es evidencia de una era de globalización donde nadie quiere quedarse rezagado. Estados Unidos, inconscientemente, se está excluyendo, tal como describe la profecía bíblica. No será parte de la confederación de naciones que se convertirá en la cuna del poder del anticristo.
Los Estados, como unidades políticas, están perdiendo poder individualmente y necesitan unirse para ser más competitivos en el mercado global. Sin embargo, esto los hace estados dependientes y pierden soberanía gradualmente. La profundización de alianzas entre empresas, la formación de bloques económicos y unidades políticas supranacionales está dejando obsoleta la división política del mundo en Estados nacionales. Todo indica que pronto \’la bestia\’ estará lista para asumir el poder mundial.
Esta transformación está llevando a los países, especialmente a las potencias mundiales, a buscar nuevos aliados, socios y liderazgos. El tablero de ajedrez de la política mundial está en movimiento, abriendo nuevas oportunidades y espacios para miradas renovadas a países como Rusia, Inglaterra y Alemania. Según la profecía bíblica, estas serán tres de las diez naciones en el mundo que servirán como la cuna del poder desde la cual gobernará Satanás.\”
El Dragón, La Bestia y el Anticristo: El dragón le cederá grande autoridad
Apocalipsis, capítulo 13, verso 2 nos dice: \”Y la bestia (Confederación de naciones) que vi era semejante a un leopardo (Alemania), y sus pies como de oso (Rusia), y su boca como boca de león (Inglaterra). Y el dragón (Satanás) le dio su poder y su trono, y gran autoridad.\”
Será adorado junto al dragón
Apocalipsis, capítulo 13, verso 4 agrega: \”y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?\”
La bestia 666 es un hombre no un imperio
Apocalipsis, capítulo 13, verso 18 leemos: \”Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.\” La bestia 666 tiene un nombre que sumado da el número 666.
Debe reaparecer y luego se hará presente: Apocalipsis, capítulo 17, verso 8:
\”La bestia que has visto, era, pero ya no es; va a surgir del abismo, pero marcha hacia la ruina.\”
Todas estas profecías relacionadas con la manifestación del hombre de pecado están ahora mismo en pleno desarrollo. Los dados del mundo están siendo tirados sobre el cuadrilátero mundial, reacomodándose para los tiempos que vendrán.
Existe además una profecía que debe de cumplirse y que tiene que ver con la iglesia del Señor antes de que Jesucristo aparezca en las nubes para recoger su iglesia. Esta profecía ha sido ignorada y desconocida por la mayor parte de la iglesia del Señor, nada o muy poco se habla de ella pues tiene que ver con la responsabilidad y el trabajo que la iglesia debe de desarrollar para preparar el camino para la venida del Señor. La Encontramos en el libro de los Hechos, capítulo 3, versos 20 al 21:
“Y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”
El Señor Jesucristo no vendrá HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS, esa es la clave, RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS. Ese “hasta” implica que es responsabilidad de la iglesia Restaurar Todas Las Cosas porque mientras esto no se dé el Señor permanecerá en los cielos. Y es aquí en donde podemos con claridad ver todo el profundo daño que la iglesia apóstata le ha hecho al mundo y a los fieles al Señor. Por causa de la apostasía que ha dividido y propagado ignorancia en las asambleas del mundo lo que menos entiende y hace la iglesia es precisamente restaurar todas las cosas.
Las sociedades del mundo descansan básicamente sobre 3 pilares: La Familia, la Iglesia, el Gobierno; estos tres pilares son los responsables de otros 2 pilares: la economía y la educación. Si usted y yo prestamos atención nos daremos cuenta que todos estos pilares bajo los cuales descansa la fundación de las sociedades del mundo están destruidos, contaminados, saqueados, arruinados, todos, absolutamente todos.
La Familia
Por donde sea que usted lo vea, tenemos hoy familias destruidas, altos porcentajes de divorcios en todos los países del planeta; de hecho, el matrimonio ha perdido mucho de su valor, ha sido cambiado por las uniones libres y por el matrimonio igualitario o del mismo sexo. Los valores de la familia son cada vez más una especie en peligro de extinción.
La familia está siendo destruida desde sus cimientos por el espíritu del anticristo, haciendo uso de todo tipo de artimañas. La familia se ha separado, el padre, la madre y los hijos van por caminos diferentes. Todo esto afecta el resto de los pilares de la sociedad: los políticos, los líderes de la iglesia, los economistas y la misma educación tiene su raíz en la familia y si la familia está destruida “vana es entonces nuestra fé”.
Pero, ¿cómo hemos llegado hasta este lugar?
Leemos en Génesis, capítulo 1 verso 1 que en el principio Dios creó los cielos y la tierra y todo lo que en ellos hay. En Génesis, capítulo 1, versos 26 al 27 se nos informa que Dios le dio dominio de toda su creación al ser humano.
“Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.
Note que muy a pesar de que Dios dio al hombre dominio sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos y sobre las bestias de la tierra, en ningún momento se le dio al hombre dominio sobre el hombre. Dios dio domino al hombre sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre las bestias de la tierra, nunca le dio dominio al hombre sobre el hombre.
Si damos una mirada a los problemas sociales, políticos, religiosos, educativos, financieros de los países del mundo nos daremos cuenta que en el fondo de todos ellos radica el diabólico deseo del hombre de señorear sobre el hombre. No es el deseo de señorear sobre los peces del mar, o el deseo de señorear sobre las aves de los cielos, o el deseo de señorear sobre las bestias de la tierra lo que provoca tanta violencia, miseria y muerte; es el deseo humano de enseñorearse y de esclavizar a los hombres esparcidos por el mundo lo que provoca tanta injusticia y violencia. Por supuesto que existe una razón por la cual Dios no dio al ser humano el enseñorearse de los seres humanos y esta tiene que ver con que el reino de los hombres le pertenece a Dios el Señor: “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”, Primera de Corintios, capítulo 7, verso 23.
¿Qué sucedió entonces?
Génesis, capítulo 6, versos 5 al 7 nos ilumina el camino para que podamos comprender lo sucedido: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: \”Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho”.
Fue la maldad de los hombres lo que provocó que Dios el Señor decidiera destruirlo, destruir aquello que había creado por medio del agua. Jamás fue su intención crear un mundo perfecto para que este mundo perfecto fuese contaminado por la maldad y el pecado humano.
Génesis, capítulo 7 nos ilumina sobre lo que sucedió a continuación: El diluvio
“Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación. De todo animal limpio tomarás siete parejas, macho y su hembra; más de los animales que no son limpios, una pareja, el macho y su hembra. También de las aves de los cielos, siete parejas, macho y hembra, para conservar viva la especie sobre la faz de la tierra. Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice. E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová. Era Noé de seiscientos años cuando el diluvio de las aguas vino sobre la tierra. Y por causa de las aguas del diluvio entró Noé al arca, y con él sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos.
\”De los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, y de las aves, y de todo lo que se arrastra sobre la tierra, de dos en dos entraron con Noé en el arca; macho y hembra, como mandó Dios a Noé. Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.
“En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca; ellos, y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales domesticados según sus especies, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de toda especie.
“Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida. Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta. Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra.
“Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas. Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más altos subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes.
“Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió. Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca. Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días”.
Con excepción de toda la vida que entró en el arca construida por Noe y su familia, todo lo demás fue destruido, incluyendo el ser humano. Aquel gran mandamiento de mantener la perfección, el orden y la vida que le había sido dado a Adam y Eva había fracasado por el pecado, por la desobediencia de ellos. El mundo perfecto iniciado liderado por Adam y Eva llegó a su final con el diluvio, fue un fracaso casi total.
Una vez concluido el diluvio, el Señor, Dios de los cielos y de la tierra, amo y Rey supremo del universo visible y del universo invisible, Padre Eterno, Príncipe de Paz, toma la decisión de intentar rescatar a su creación por una segunda vez; decide entregar y depositar el Gran Mandamiento que una vez fue dado a Adam y lo entrega en las manos esta vez de Noé.
El Segundo Pacto de Dios hecho con Noé: Génesis, capítulo 9, versos 1 al 3 nos cuenta la historia:
“Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo.”
Si usted presta atención el Gran Mandamiento dado a Noé fue exactamente el mismo mandamiento que fue dado a Adam, todo con excepción del hombre le fue entregado en sus manos y bajo su autoridad. El tiempo demostraría que de la misma manera que aquel mandamiento falló en las manos de Adam también fallaría en las manos de Noé.
Génesis, capítulo 11 nos relata que lo que vino a continuación fue precisamente BABEL, cuyo significado es confusión, confusión que se ha extendido hasta nuestros días. En la medida que el ser humano comenzó a multiplicarse, de igual manera creció la maldad. La palabra es clara, “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”, Mateo, capítulo 24, verso 12.
Jesús, el Tercer Pacto de Dios con el hombre
La escritura nos enseña que por dos o tres su palabra es confirmada y el Señor queriendo dar una última oportunidad decide entregar en las manos ya no de un hombre como Adam o como Noé, sino más bien en las manos de un grupo, de un equipo de hombres que eventualmente vinieron a ser conocidos como los Apóstoles de Jesucristo o los discípulos de Jesucristo el Señor. Solamente que esta vez no entregó este Gran Mandamiento desde los cielos sino que EL mismo se hizo presente en nuestra humanidad. Pablo apóstol nos lo explica en Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 16:
E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria.
Esta manifestación de Dios en carne había venido siendo anunciada por los profetas de la antigüedad. Isaías, capítulo 7, verso 14, uno de los profetas mayores, nos lo dice de esta manera: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.”
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”, Isaías, capítulo 9, versos 6 al 7.
El evangelista Mateo termina de aclararnos estos eventos: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS,[a] porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, m que traducido es: Dios con nosotros”, Mateo, capítulo 1, versos 21 al 23.
Después de siglos y siglos de soportar el pecado y la desobediencia humana seria Dios mismo quien se manifestaría en carne y sangre para demostrar al hombre de que si es posible vivir una vida sin pecado y de perfección en un cuerpo de barro como el nuestro.
Jesús el Gran Sumo Sacerdote
“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”, Hebreos, capítulo 4, versos 14 al 16.
Y fue así como al terminar su misión en la tierra, después de ser muerto y resucitado y justo antes de ascender al Reino de los cielos, fue justo en este momento cuando el Señor por vez tercera entrega a los hombres, a sus discípulos el Gran Mandamiento para reordenar lo que hoy estaba desordenado, para restaurar lo que había sido destruido, una última vez. Los evangelistas Mateo y Lucas nos lo explican en su propio lenguaje:
Mateo, capítulo 28, versos 18 al 20
“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”
Lucas, capítulo 24, versos 44 al 49
“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”.
El Gran Mandamiento consiste en “ir por todo el mundo y hacer discípulos en todas las naciones comenzando desde Jerusalén”. Dicho de otra manera, el Gran Mandamiento consiste en ir por todo el mundo, comenzando desde Jerusalén para RESTAURAR TODAS LAS COSAS que incluyen La Familia, La Iglesia, El Gobierno, La Economía, La Educación y absolutamente todas las áreas de la vida humana.
Dios el Señor siempre ha querido todo lo mejor para la familia humana y ésta, en contra de todo pronóstico, se ha mantenido llevando la contraria a Dios; “…para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”, Primera de Timoteo, capítulo 2, versos 2 al 6.
Pérdida de valores y conocimiento
No ha sido una sola cosa, han sido muchas que combinadas han causado estragos en la familia y en la sociedad. El espíritu anticristiano, como lo dijimos antes, siempre ha estado presente de día y de noche en el mundo y trabajando por infiltrar la iglesia. Es obvio que lo ha conseguido, contaminándola al extremo; tanto así que nos mantiene ocupados, peleándonos y dividiéndonos entre nosotros mismos, en parte, debido a nuestro adormecimiento: “Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”, Mateo, capítulo 26, versos 40 al 41.
Esto ha provocado un debilitamiento espiritual profundo que a su vez ha provocado confusión, mala interpretación de las escrituras y ceguera espiritual, mental, emocional en cuanto a la palabra. Existen tres instituciones divinas a las cuales Dios le ha delegado la autoridad necesaria para que vivamos en justicia y reposadamente. Estas tres instituciones son: La Familia, La Iglesia y el Gobierno.
Satanás siempre ha sabido que si puede desarmar o destruir o contaminar a tan solamente una de ellas, contamina, detiene y destruye todas las demás. Eso es precisamente lo que ha hecho, ha destruido no solamente una, ha destruido a las tres instituciones establecidas por Dios para que los seres humanos podamos vivir justa y reposadamente.
Visto desde la cosmovisión de las escrituras, la política es el arte de gobernar de acuerdo a la autoridad y el poder que Dios el Señor ha delegado a los hombres. La política no es el arte de gobernar de acuerdo a la voluntad humana.
Dios estableció para que el ser humano viva en sociedad tres instituciones divinas a las cuales les delegó toda autoridad, moral y poder: La Familia, La Iglesia y El Gobierno. De ahí que: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos”, Romanos, capítulo 13, versos 1 al 2.
Si damos un vistazo a las sociedades del mundo actual sin tener mayor dificultad nos daremos cuenta que la contaminación en estas tres instituciones es total. El espíritu del anticristo ha logrado contaminar y destruir a la familia, la iglesia y los gobiernos de las naciones. La corrupción, los robos, los abusos, el engaño, la violencia, la muerte no conocen de barreras ni respetan nada. De ahí que nuestro mundo este en caos. Hemos sacado a Dios de la ecuación de la vida y dejamos entrar al maligno.
En el hebreo original la palabra “misrah” significa principado. Esta palabra “misrah” es comúnmente traducida como gobierno al castellano. El profeta mayor Isaías la utiliza cuando escribe: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado (misrah-gobierno) sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”, Isaías, capítulo 9, versos 6 al 7.
Tanto la palabra “principado” como la palabra “gobierno” son exactamente las mismas en el hebreo original: “misrah”, significan GOBIERNO.
Recuperando la Familia, la Iglesia y el Estado
El gobierno tiene su origen en Dios y es Dios el Señor el responsable de ejercerlo, el ser humano es responsable de obedecerlo y ejecutarlo. La autoridad moral y de poder para gobernar descansa en los hombros y en el corazón de Dios. El profeta Isaías nos dice que “lo dilatado (rabah) de su imperio” (de su gobierno) no tendrá límite”.
En el hebreo original la palabra “rabah” significa “multitud, descendencia”. Todo esto implica que el gobierno, el imperio, el poder, la autoridad del gobierno que descansa en Dios y es delegado al ser humano irá cada vez más de aumento en aumento hasta llenar toda la tierra. De ahí el Gran Mandamiento: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el NOMBRE del Padre (Señor), y del Hijo (Jesús), y del Espíritu Santo (Cristo); enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”, Mateo, capítulo 28, versos 18 al 20.
Cuando el Señor Jesucristo envía sus discípulos a “discipular a todas las naciones comenzando desde Jerusalén lo que Él les está ordenando es que vayan y RESTAUREN A TODAS LAS NACIONES y que las enseñen a vivir bajo el gobierno de Dios hasta llenar (rabah) toda la tierra. El Señor Jesucristo buscaba por una tercera ocasión desde Adam, pasando por Noe y ahora por medio de sus discípulos, buscaba instalar el gobierno de Dios en toda la tierra y erradicar de esta manera el gobierno de los hombres inspirados y manipulados por el espíritu del anticristo. Este gobierno recuperaría a su estado original el gobierno de la familia, de la iglesia y de los estados del mundo. De ahí que en Mateo, capítulo 3, versos 1 al 3 se nos dice: “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino (gobierno) de los cielos se ha acercado. Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
Enderezad sus sendas.
Como familias, como iglesia y como pueblos y estados necesitamos recuperar el conocimiento y mandamiento original, Jesús el Señor no vino a la tierra solamente para ofrecernos de forma gratuita la salvación, sino que además vino a la tierra para establecer por medio de sus discípulos que es su iglesia, su gobierno en toda la tierra que incluye a todas las familias, a todas las iglesias y a todos los estados y pueblos del mundo. Esto lo vemos claramente cuando en respuesta a sus discípulos de como orar él les responde: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”, Mateo, capítulo 6. verso 10.
Y como si todo esto fuese poco, cuando envió a sus discípulos a las naciones con órdenes de “sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”, también les ordenes que les dijeran a esos mismos pueblos que “yendo, predicad, diciendo: El reino (el gobierno) de los cielos se ha acercado”, Mateo, capítulo 10, versos 7 al 8.
Recordemos que las enfermedades, la lepra, la muerte, los demonios no son solamente de índole física sino también de índole espiritual. Si somos honestos con nosotros mismos nos daremos cuenta que nuestras familias, que muchas de nuestras iglesias y que nuestros gobiernos están infestados de todo tipo de enfermedades, de lepra en el corazón, muertos a la verdad, al amor, a la decencia y a la ética. Hoy más que nunca necesitamos recuperar el evangelio de Jesucristo y aplicarlo a nuestras instituciones divinas: La familia, la iglesia y el gobierno.
Las instrucciones del Señor Jesucristo a sus discípulos y por ende a toda su iglesia fue directa, clara y contundente: Su trabajo será que todas las familias del mundo, que todas las iglesias que ustedes funden y que todos los gobiernos de todos los pueblos del mundo sean RESTAURADOS a su estado original de justicia y de orden que es la matriz para generar paz y reposo. De ahí que “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”, Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 9.
“No hay filosofía más sublime que la conocida con el nombre de Sagrada Escritura\”, diría Isaac Newton. El mismo Newton también dijo: \”Me basta con examinar una brizna de hierba, o un puñado de tierra, para confirmar la existencia de Dios.\” “Ninguna ciencia está mejor autentificada que la Biblia.” Isaac Newton (1642-1727).
“Quien introduzca en los asuntos públicos los principios del Cristianismo Primitivo revolucionará al mundo,” dijo Benjamin Franklin (1706-1790).
La biblia fue diseñada por Dios para proveernos con la guía, los consejos, los mandamientos bajo los cuales podríamos construir un mundo de bienestar, paz y gozo en el Espíritu Santo. En Romanos, capítulo 8, versos 19 al 21 leemos: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.”
Note como la escritura es clara, la creación ha de ser libertada de su esclavitud de corrupción HASTA que los hijos de Dios y su libertad gloriosa se manifiesten. Esa es la clave: hasta que los hijos de Dios restauren todas las cosas y las regresen a su libertad gloriosa con las cuales fueron creadas.
Las naciones del mundo no han conocido ni han sido confrontadas con el verdadero evangelio y su teología de libertad plena. Los pueblos del mundo continúan sometidos a las vanas palabrerías y huecas filosofías del hombre tal y como lo dice la escritura: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”, Colosenses, capítulo 2, verso 8.
El evangelio claramente identifica el corazón humano como la raíz de todos los problemas que padece dado que este es engañoso. Para cambiar todas estas cosas es importante que el corazón sea regenerado y transformado. De ahí la importancia de nacer de nuevo en alma, espíritu, mente y cuerpo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino (gobierno) de Dios”, San Juan, capítulo 3, verso 3.
Es imposible restaurar el Gobierno de Dios en la familia, en la iglesia y en nuestros gobiernos sin antes nacer de nuevo, pasar de una mente corrupta a una mente incorruptible que solamente es posible con el poder del Espíritu de Dios en nuestras vidas: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”, Hechos, capítulo 1, verso 8.
Claramente somos llamados a transformar nuestras sociedades pero no podremos lograrlo sin que antes transformemos a nuestras familias y a nuestras iglesias. Charles Finney un predicador estadounidense del siglo XIX dijo que “la iglesia debe de tomar terreno firme en lo que respecta a la política, el tiempo ha llegado”, decía él, “para que los cristianos voten por hombres honestos. La política es parte de la religión y los cristianos deben de cumplir con su deber hacia el país como parte de su deber para con Dios. Dios bendecirá o maldecirá a la nación de acuerdo al curso que los cristianos tomen en la política”.
Recordemos que cada efecto tiene una causa. El ser humano no puede cosechar aquello que no siembra. La ley de la siembra y la cosecha no prescribe, es permanente y es eterna. El pueblo de Dios no puede esperar que sus gobiernos sean decentes, éticos, honestos, comprometidos con el bienestar colectivo y empeñados en construir sociedades llenas de paz y bendición cuando la misma familia y la misma iglesia no siembran las semillas que producen todas esas bellas cosas.
No podemos exigir a un gobierno que sea decente cuando la iglesia misma no siembra decencia. No podemos exigir que la gente en el gobierno no sea corrupta y que tenga temor a Dios cuando la familia y la iglesia misma no hacen nada por cambiar esa situación.
En el evangelio según San Lucas, capítulo 6, versos 43 al 45 el Señor Jesucristo habló sobre este principio: “No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”.
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”, Gálatas, capítulo 6, versos 7 al 10
Las escrituras nos enseñan que lo “visible es sostenido por lo invisible”, es decir que “lo que se ve es sostenido por lo que no se ve”. Esto significa que la conducta del hombre es determinada no por su mundo externo sino por su mundo interno. Todo el mundo externo que el ser humano ha construido tiene su raíz en el corazón de la persona humana. De la misma manera que hemos, sabiéndolo o no, construido este mundo tan lleno de desastres y calamidades, también, en la medida que cambiemos nuestro interior, tendremos la capacidad de transformar nuestro mundo exterior.
Este principio es real para todas las áreas de la vida humana: la familia, la iglesia, el gobierno, la empresa privada, el mundo de los deportes, de la política, no importa la misma regla aplica a todas las esferas de la vida. El poder de Dios se manifiesta de forma interna en nosotros lo que significa que antes de que las cosas se materialicen en el mundo de lo físico primero deben de ser concebidas, creídas y materializadas en el mundo del espíritu.
El poder interno que no es nada más que el poder del Espíritu en nosotros es el generador de la vida, de la luz, de la verdad, pero tenemos que descubrirlo y fortalecerlo. Para que las cosas se materialicen en nuestro mundo necesitamos construir y mantener un balance entre el mundo del espíritu y el mundo de lo físico.
Parte del problema que padecemos descansa en que estamos completamente enfocados en el mundo de lo material y hemos, “por los afanes de la vida”, ahogado el espíritu de verdad en nosotros. Esto ha provocado que nuestros sentidos pierdan la noción de lo que es verdad y de lo que es mentira, caminamos ciegos por la vida, engañados y manipulados por todo tipo de estratagema.
Lo terrible de todo esto es que mientras nuestras lámparas están sin aceite, apagadas, sin poder, el reino de las tinieblas gana más y más terreno condenando no solamente a los muertos sino también a los vivos a su reino de oscuridad, maldad, violencia y amargura.
En Lucas, capítulo 11, versos 20 al 23 el Señor Jesucristo es enfático: “Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín. El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”.
Tanto la familia, como la iglesia, como los gobiernos de la actualidad están desarmados, sin valores, sin carácter, sin principios, sin conocimiento, es imposible que el pueblo de Dios guarde su casa en tal estado de debilidad. Lo que esto produce no es paz, es guerra y por ende violencia y muerte. De ahí el por qué del saqueo público a nuestra familia, a nuestra iglesia y a nuestros estados.
La política es parte del evangelio.
Este escrito y trabajo no pretende ser controversial ni mucho menos una verdad absoluta sobre los temas tratados, lo que sí pretende es iluminar el camino futuro en el entendido que también debemos iluminar el camino recorrido para tener claridad de las cosas. Tanto la política como la religión han sido históricamente parte del quehacer humano. Es imposible separarlos, Dios mismo lo diseñó de esa manera. El problema ha radicado en que estos dos pilares de la vida humana han sido secuestrados y contaminados.
Ciertamente tenemos dificultades sociales profundas de índole político, comercial, deportivo, familiar, financiero, empresarial, religioso, de salud. Con todo eso está claro que el problema del hombre no es el medio ambiente, no es la política, no es la religión ni nada de todas estas cosas, ellas son más bien el resultado de su propio pecado. Esto no implica que lo mencionado no exista o que no sea problemático, lo que esto significa es que toda esa gama de problemas sociales, familiares, personales, políticos y demás son el fruto del pecado y la iniquidad en el corazón de la persona humana. Esto lo ciega y lo hace creer que él es su propio dios, olvidando que Jesucristo el Señor dijo que “sin mí nada podéis hacer”. El ser humano en su “grandeza” es débil, en su arrogancia es torpe, en su sabiduría es ignorante.
Romanos, capítulo 1, versos 18 al 22 nos aclara esto:
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.”
Si el corazón de la persona humana fuese sanado, empoderado, alumbrado por el poder del Espíritu de Dios todas esas necesidades serían suplidas y desaparecerían. Si el hombre dejase de creerse dios a él mismo, si dejase de vivir bajo sus propias leyes y falaces conceptos, si dejase de creerse a sí mismo como su propio fin, otro mundo sería y es posible.



