¿Reyes o Sabios? Más Allá de la Tradición, Encontrando la Verdad en la Palabra del Señor

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Hermanos y hermanas en la fe,

En esta temporada en la que recordamos la venida de nuestro Señor y Salvador a este mundo, muchos de nuestros relatos están adornados por hermosas tradiciones. Entre ellas, la historia de los “Reyes Magos” es una de las más queridas. Sin embargo, es un recordatorio saludable y necesario que nuestra fe no se fundamenta en la tradición, sino en la Roca de la Palabra de Dios.

Mateo 2:1-12 nos relata la visita de unos “magos” (sabios o estudiosos, posiblemente astrónomos o consejeros) que llegaron guiados por una señal celestial para adorar al recién nacido “Rey de los judíos”. Este relato, breve pero profundo, ha sido enriquecido (adornado) por siglos de tradición, arte y cultura. Pero hoy, permitamos que la Escritura hable por sí sola:

La Biblia nunca los llama “reyes”. Los llama magos (Mateo 2:1). Eran sabios que buscaban la verdad, no monarcas con coronas terrenales. Esto nos enseña que Dios se revela a todos los que le buscan con corazón sincero, sin importar su título o posición.

No sabemos cuántos eran. La tradición dice tres, por los tres regalos ofrecidos al recién nacido Salvador, pero la Biblia guarda silencio. El enfoque no está en su número, sino en su actitud: vinieron a adorar y a dar. Su viaje fue una de entrega, no de reconocimiento público.

Sus nombres no están en la Biblia. Melchor, Gaspar y Baltasar son adiciones posteriores. Dios no necesitó inmortalizar sus nombres para validar su fe. A veces, Dios obra a través de personas anónimas cuyo único deseo es glorificar a Cristo.

No llegaron al pesebre. Mateo 2:11 dice que entraron en una “casa”, donde vieron al “niño” (no al “bebé recién nacido”). Esto sugiere que José y María ya se habían establecido en Belén y que Jesús pudo tener ya algunos meses. Esto nos recuerda que la adoración a Jesús no tiene fecha de caducidad. Él es digno de nuestra adoración siempre, no solo en la “noche buena”.

La estrella fue una señal sobrenatural, no un GPS. Mateo 2:9 describe un fenómeno divino: “la estrella… se detuvo”. No fue un viaje astronómico común, sino un milagro guiado por la mano de Dios. A veces, Dios nos guía de maneras que desafían nuestra lógica, pero siempre nos lleva a Jesús.

¿Por qué es importante diferenciar entre tradición y Escritura? No para despreciar nuestras costumbres, sino para afianzar nuestra fe en la verdad inmutable. La tradición puede inspirar, pero solo la Palabra de Dios transforma y da vida.

El corazón del relato no está en la corona de los magos, ni en sus camellos, ni en sus nombres. Está en el reconocimiento de quién es Jesús. Estos hombres viajaron desde lejos, guiados por la fe, para postrarse ante un niño humilde. Vieron, a través de los ojos de la fe, lo que otros no podían ver: que ese niño era el Rey prometido, el Mesías, el Salvador del mundo.

Jesús no necesitó el oro, el incienso y la mirra para ser Rey. Su reino no es de este mundo (Juan 18:36). Él ya era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo desde antes de la fundación del mundo.

Hermanos, los invitamos a hacer como los sabios: a buscar a Jesús con corazón sincero, más allá de lo que la tradición o el mundo nos digan. Y, sobre todo, a examinar las Escrituras cada día (Juan 5:39), porque en ellas encontramos la verdad que nos señala a Él, la Luz del mundo hacia la cual, como la estrella de Belén, toda nuestra vida debe apuntar.

Que nuestra adoración, como la de aquellos sabios, sea genuina, centrada en Cristo y fundamentada en Su Palabra en NUNCA EN LAS TRADICIONES HUMANAS..

Amén.

“Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.” — Mateo 2:11 (RVR1960)

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