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Capítulo Primero: llamados a trabajar en armonía, doctrina militar y divina unificada
Hablar del Reino de Dios no solo evoca imágenes de calles de oro y mares de cristal, sino que también nos sumerge en la comprensión de un orden celestial, una nueva ciudad y ejércitos celestiales que sirven a un propósito divino. La palabra \”ejército\”, derivada del latín \”exercĭtus\”, nos conecta con una metáfora que trasciende lo terrenal para describir las fuerzas que trabajan en armonía en el Reino de Dios.
En la tierra, un ejército se define como el conjunto de fuerzas terrestres, aéreas y navales de un país, organizadas para la defensa ante amenazas externas. Está compuesto por diversos cuerpos, unidades y servicios auxiliares, todos regidos por normas, reglas, entrenamientos, uniformes, órdenes, comportamientos y una única doctrina militar. Esta cohesión y uniformidad son esenciales para la eficacia y la seguridad de la nación.
Mi experiencia como miembro del Ejército de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (US ARMY) durante 8 años me proporcionó una perspectiva única de este concepto. Desde mi servicio activo hasta la reserva inactiva, pasando por destinos internacionales como Bad Hersfeld, Alemania, la cohesión y la uniformidad eran evidentes. Pertenecí a la 58th Engineer Company, 3rd. 11th. ACR, Bad Hersfeld, Germany, durante dos años en la Guerra Fría.
Aprendí que sin importar el lugar de asignación, ya fuera en territorio continental de Estados Unidos o en el extranjero, todos los miembros de las Fuerzas Armadas vestían el mismo uniforme, hablaban el mismo idioma y compartían la misma visión. Estaban sometidos a un único poder y comandante general: el presidente de los Estados Unidos. Este nivel de uniformidad no solo fortalece la eficiencia, sino que también simboliza la lealtad y la dedicación a una misión común.
Esta lección espiritual se traduce en el Reino de Dios, donde la unidad, la obediencia y la alineación con una única voz de mando son fundamentales. Así como en el ejército no hay voces disidentes ni doctrinas militares divergentes, en el Reino de Dios, la armonía y la coherencia prevalecen para cumplir con la misión divina establecida. La analogía militar ilustra cómo, en ambos casos, la unidad es esencial para el logro de los objetivos y la preservación de la visión compartida.
En la Palabra de Dios, encontramos repetidas referencias a los ejércitos del Reino Celestial, fuerzas que indudablemente comparten una doctrina militar y divina unificada. Estos ejércitos utilizan un lenguaje común, comparten una visión colectiva y obedecen al mismo Comandante General, el Dios supremo del Universo.
La Biblia nos revela este concepto en pasajes como: \”Yo vi al SEÑOR sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda\” (Primera de Reyes, capítulo 22 verso 19), y \”Bendecid al SEÑOR, vosotros todos sus ejércitos, que le servís haciendo su voluntad\” (Salmos 103 verso 21).
Nehemías, capítulo 9 verso 6 nos ofrece otra perspectiva, describiendo a Dios como el creador de los cielos y la tierra, con todo su ejército celestial postrándose ante Él. Estas escrituras subrayan la unidad y la cohesión en los ejércitos divinos.
En el Antiguo Testamento, vemos el Ejército de Israel como el brazo militar de Dios, ejecutando la justicia divina de manera inmediata. La destrucción de pueblos paganos y sus dioses fue un acto de la justicia divina.
En el Nuevo Testamento, este ejército es referido como la \”milicia\”, a la cual el Señor Jesucristo llama Iglesia. \”Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas…\” (Segunda de Corintios, capítulo 10 versos 4 al 6).
Sin embargo, a lo largo de los dos milenios transcurridos desde la fundación de la Iglesia por Jesucristo el Señor, observamos una lamentable división. La Iglesia, como ejército espiritual, ahora se presenta fragmentada, con numerosos líderes, diversas voces de mando en todo el mundo y múltiples facciones con sus propios uniformes, colores, vocabulario y doctrinas militares.
Esta fragmentación ha llevado a una debilidad espiritual palpable en la Iglesia, plagada de herejías y una profunda contaminación doctrinal. La presencia de brechas y fisuras facilita la infiltración del enemigo, causando estragos en el rebaño del Señor.
En este contexto, es crucial buscar la restauración de la unidad, la fidelidad a la verdadera doctrina y la obediencia al único Comandante, para fortalecer la Iglesia como un poderoso y coherente ejército espiritual, listo para enfrentar las batallas espirituales de nuestro tiempo.
Capítulo Segundo: la apostasía y la manifestación del pecado
Una vez más, se cumple la profecía expresada en la Palabra de Dios: \”Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición\” (Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2 versos 3 al 4). La apostasía ha permeado la iglesia del Señor, debilitándola, sumiéndola en la ignorancia y dividiéndola en facciones que parecen tirar en direcciones opuestas, cada una promoviendo sus propios intereses. Esta fragmentación ha llevado a una pérdida de la conciencia de nuestra dependencia de Dios, olvidando que sin Él, somos incapaces de hacer nada.
En el ámbito de la iglesia evangélica contemporánea, es común escuchar mensajes centrados en el rapto, especialmente aquellos que toman como texto central Primera de Tesalonicenses, capítulo 4 versos 13 al 17:
“No queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.
Sin embargo, la realidad en la iglesia contemporánea es que a menudo estamos seleccionando y consumiendo la verdad de manera selectiva, como en un buffet \”all you can eat\”, eligiendo sólo lo que nos agrada y dejando de lado otros aspectos cruciales. La iglesia moderna ha olvidado o, en muchos casos, desconoce los requisitos previos que deben cumplirse antes de la aparición del Señor Jesucristo en las nubes para reunir a su iglesia.
Estos requisitos se encuentran claramente establecidos en Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2 verso 3: \”Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición\”.
La apostasía y la manifestación del pecado son los primeros dos pasos que deben ocurrir antes de que el Señor aparezca en las nubes. Es imperativo que la iglesia moderna reflexione y se arme con el conocimiento completo de estos requisitos para prepararse adecuadamente para la venida del Señor.
¿Qué es la apostasía?
La apostasía, derivada del griego ἀποστασία (apostasía), se refiere a la acción y efecto de apostatar. Apostatar, a su vez, implica abandonar o romper públicamente con la doctrina que se profesa. Esta palabra se compone de απο (apo), que significa “fuera de”, y στασις (stasis), que significa “colocarse”.
En un contexto religioso, la apostasía representa la renuncia o abjuración pública de la religión que se profesa. Cuando se trata de un clérigo, implica la ruptura con el orden o institución a la que pertenece. Además, el término puede designar el acto en el cual un religioso incurre en el incumplimiento de sus obligaciones clericales, considerándose un acto de vicio y corrupción de la virtud de la piedad, resultando en la salida irregular del religioso de la orden.
Apostasía en la Iglesia Moderna
Lamentablemente, la apostasía está en marcha en la iglesia moderna. Numerosos hombres y mujeres han abandonado la Palabra de Dios, renunciando a las bendiciones divinas y eligiendo senderos no aprobados por el Señor. Muchos de estos apóstatas, aunque alguna vez estuvieron arraigados en la Palabra, han decidido apartarse de la senda de la vida, cambiando la verdad por la mentira y convirtiéndose en nubes errantes, como advierte Judas 10: “Blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales”.
Este alejamiento de la verdad se refleja también en Judas 4: “hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo”.
Condena en las Escrituras
Las Escrituras, en pasajes como Judas 12 al 16, condenan de manera enérgica a aquellos que practican la apostasía: “Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas”.
Estos pasajes también advierten sobre murmuradores, querellosos, que siguen sus propios deseos y hablan cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.
Historia Repetitiva
Desde la creación de Adán y Eva, la historia humana ha sido una repetición patética de engaños, manipulaciones, debilidades, cobardías, oscuridades, ladronismos, violencias y muertes. Estos males han persistido a lo largo de milenios, mostrando la constante fragilidad humana y la necesidad de buscar la luz y la guía divina.
La Degradación de la Creación y la Apostasía
La perfección original de la creación ha sufrido una degradación alarmante y, en consecuencia, los seres humanos han llevado a tal extremo que han desencadenado una advertencia divina. La profecía establece que, eventualmente, cuando el tiempo se cumpla, la creación será destruida por fuego, como se menciona en Segunda de Pedro, capítulo 3 verso 10: \”Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con gran estruendo y los elementos ardiendo serán deshechos, la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas\”.
Este ciclo destructivo se ve exacerbado por el vicioso patrón de la apostasía, que ha penetrado hasta el núcleo mismo de la iglesia, contaminándola con el espíritu del anticristo, lo que representa una amenaza significativa para toda la humanidad.
Apostasía y su Impacto en lo Político y Religioso
Observamos que, en muchos casos, gobiernos corruptos que saquean y empobrecen a las naciones llegan al poder respaldados por esta iglesia apostata. Líderes religiosos, vendidos al mejor postor, exhortan al rebaño a no involucrarse en política mientras, en la sombra, negocian tratos oscuros que someten los votos de la congregación a grupos de poder establecidos.
Esta colaboración entre el espíritu del anticristo (representado por los líderes políticos) y el espíritu del falso profeta (encarnado en líderes religiosos apóstatas) es la causa de tanto mal en nuestro mundo. Esto ha impedido que la Iglesia de Jesucristo se manifieste en toda su plenitud y ejerza el poder que le ha sido conferido.
Engaño en lo Político y Religioso
Los pueblos del mundo han sido engañados tanto en el ámbito político (anticristo) como en el religioso (falso profeta). Sin embargo, a lo largo de la historia, el Señor ha mantenido un remanente fiel que ha resistido estos embates. Como se profetiza en Isaías, capítulo 10 versos 20 al 23, aquellos que permanecen fieles a Dios no se apoyarán en los líderes corruptos, sino en Jehová, el Santo de Israel.
Apostasía a lo Largo de la Historia
La apostasía, aunque mencionada en la Biblia en contextos específicos, ha evolucionado a lo largo de los siglos, guiada por el espíritu del anticristo. Ya desde el tiempo de los apóstoles, como advierte Juan en Primera de Juan, capítulo 2 verso 2 al 20, se vislumbraban muchos anticristos. Estos, aunque surgieron de la iglesia, revelaron su verdadera naturaleza al apartarse, evidenciando que no todos eran del rebaño fiel.
No obstante, es en las últimas cinco décadas donde hemos presenciado un aumento significativo de los apóstatas, alimentando la apostasía que sigue leyes y tradiciones humanas inventadas por líderes falibles y deshonestos. Este fenómeno ha llevado al Señor Jesucristo a advertir a sus discípulos: \”Mirad que nadie os engañe\” (Mateo, capítulo 24 verso 4).
En este contexto, es imperativo que los creyentes permanezcan alerta, aferrándose a la verdad y discerniendo las artimañas de la apostasía que amenaza con socavar los fundamentos espirituales de la Iglesia.
Desviación Religiosa y Manifestación del Espíritu del Anticristo
En la actualidad, observamos las consecuencias de este alejamiento de la verdadera fe en Cristo. El panorama religioso se caracteriza por una multiplicidad de iglesias, cada una con enseñanzas, nombres y prácticas diversas. Estas instituciones, llenas de mitos y rituales presentados como mandamientos divinos, se erigen con organizaciones distintas, fundadores variados y construyen sus propios caminos efímeros, como castillos de arena. La consecuencia de esta diversidad es una profunda confusión entre los pueblos del mundo, llevando a muchos a burlarse y negar la fe en el único y verdadero Dios revelado en la Biblia.
La recomendación de \”escudriñar las Escrituras\” (San Juan 5:39) se presenta como un antídoto contra esta confusión, instándonos a buscar la verdad que conduce a la vida eterna.
Cumplimiento del Primer Requisito: La Apostasía
El primer requisito para el retorno del Señor, la apostasía de la iglesia, se manifiesta claramente en este escenario de fragmentación religiosa y desviación de la fe original.
Espíritu del Anticristo
El segundo requisito profético nos revela que antes de la venida del Señor, se manifestará el hombre de pecado, el anticristo. Este fenómeno se desglosa en dos partes: el espíritu del anticristo y el propio Anticristo.
En cuanto al espíritu del anticristo, las Escrituras nos advierten en 1ra. de Juan 2:18 sobre la presencia de numerosos anticristos en el último tiempo. También se destaca que aquel que niega que Jesús es el Cristo encarna el espíritu del anticristo. Este malévolo espíritu, identificado como satánico, ha permeado la política mundial, engañando a líderes y provocando conflictos, corrupción y sufrimiento en una escala masiva.
Amenazas del Espíritu Satánico
Este espíritu satánico ha desencadenado violencia, hambrunas, egoísmo, arrogancia y ha fomentado todos los deseos carnales en la humanidad. Su influencia constante ha llevado al mundo al borde de la destrucción, amenazándolo con guerras nucleares y biológicas, como se profetiza en Apocalipsis 9:18-21, donde se advierte sobre plagas mortales que afectarán a una tercera parte de la población mundial.
En este contexto, es vital permanecer vigilantes, buscando la verdad en las Escrituras y reconociendo las señales de los tiempos. La comprensión de estos eventos proféticos nos impulsa a un mayor discernimiento espiritual y a prepararnos para el regreso del Señor en medio de un mundo afectado por la apostasía y la influencia del espíritu del anticristo.
\”Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia”, Primera de Timoteo, capítulo 4 versos 1 al 2.
Yendo más allá, uno de los requisitos primordiales para la segunda venida del Señor Jesucristo a la tierra no es simplemente que el espíritu del anticristo esté presente, ya que este espíritu satánico siempre ha estado en el mundo; por eso vemos el mundo tan lleno de desastres y violencia. Más bien, el requisito es que este espíritu satánico se manifieste en carne; Satanás mismo aparecerá en la figura de un ser humano, haciendo realidad el “misterio de la iniquidad”.
\”Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, sólo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio. Y entonces será revelado ese inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida”, Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2 verso 7.
Es crucial comprender que cuando en Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2, el apóstol Pablo menciona al Anticristo, no se refiere simplemente al espíritu del anticristo, sino más bien a la manifestación del hombre de pecado en el mundo, la manifestación del gran dragón que gobernará y provocará la muerte de la tercera parte de los seres humanos sobre la tierra:
“Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres. Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número”, Apocalipsis, capítulo 9, versos 15 al 16.
Todas estas profecías se están cumpliendo frente a nuestros ojos todos los días. No es una sola, son muchas al mismo tiempo, incluyendo la construcción de la superestructura de gobierno mundial que el anticristo utilizará para gobernar al mundo y que la palabra denomina \’la bestia\’.
La Biblia nos proporciona muchas claves para reconocer a la bestia una vez que aparezca en el escenario mundial. Es fundamental comprender que la bestia recibe todo su poder del dragón (Satanás), siendo la bestia el aparataje, la infraestructura, la superestructura de gobierno conformada por países, naciones, reinos que serán utilizados por el dragón (Satanás) para gobernar y destruir al mundo. Esto ha causado mucha confusión y, por ende, malinterpretación de las profecías bíblicas. Explicaremos esto a continuación.
Las escrituras nos proporcionan claves sobre la manifestación del hombre de pecado, claves que debemos esforzarnos por interpretar de manera correcta.
Esta bestia (la superestructura de gobierno que estará conformada por varias naciones poderosas económicamente y militarmente en los últimos tiempos) sufrirá una herida mortal de la cual se recuperará y todo el mundo se maravillará ante ella.
Apocalipsis, capítulo 13, versos 1 al 5
“Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia. Y yo me paré sobre la arena del mar, y vi una bestia subir del mar, que tenía siete cabezas y diez cuernos; y sobre sus cuernos, diez diademas; y sobre las cabezas de ella un nombre de blasfemia.
“Y la bestia que vi era semejante a un leopardo (Alemania), y sus pies como de oso (Rusia), y su boca como boca de león (Inglaterra – la boca de león significa que el idioma internacional que hablará esta bestia será el inglés, tal y como lo vemos hoy en día). Y el dragón (Satanás) le dio su poder (a esta confederación de potencias mundiales de los últimos tiempos), su trono y gran potestad.
“Y vi una de sus cabezas como herida de muerte (el OSO, es decir, la Unión Soviética, fue herida de muerte, desapareció en 1989. En este tiempo, se desplomó el muro de Berlín y junto con él, la Unión Soviética. El mundo llegó a creer que el OSO/Rusia había dejado de existir. El entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, primera ministra de Inglaterra, y Juan Pablo Segundo, pontífice de la Iglesia Católica Romana, declararon en 1989 no solo el fin de la guerra fría, sino también la muerte del OSO – Unión de las repúblicas Socialistas
\”Esta bestia será el sexto (Apocalipsis, capítulo 17, verso 10), y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo. Esta bestia también será el octavo (Apocalipsis, capítulo 17 verso 11). La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.\”
Será el dragón (Satanás) quien le cederá el trono a esta bestia (Apocalipsis, capítulo 13 verso 2). Y la bestia que vi era semejante a un leopardo (Alemania), y sus pies como de oso (Rusia), y su boca como boca de león (Inglaterra). Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. Esta bestia será una confederación de naciones que gobernará al mundo en los últimos tiempos y será la cuna de poder del gran dragón, Satanás, desde donde gobernará y destruirá al mundo.
La llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos en 2017, con políticas proteccionistas y antiinmigrantes, ha llevado a la pérdida de influencia mundial que Estados Unidos construyó a lo largo de su historia, especialmente desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Trump no ha comprendido la creciente interdependencia del mundo moderno; los estados necesitan más que nunca el apoyo mutuo. Todo esto, coincidentemente, se alinea con la profecía bíblica que anuncia la formación de un gobierno mundial.
En Europa, algunos países avanzan hacia una integración político-económica que subordina el poder soberano de los Estados miembros al poder de esa unión. La unificación y formación de bloques de países en alianzas estratégicas, tanto comerciales como militares, son cruciales para el cumplimiento de la profecía bíblica.
En la actualidad, existen bloques o asociaciones como el MERCOSUR, la Unión Europea, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la ASEAN, el AFTA y la CEI. Esta tendencia hacia la unificación es evidencia de una era de globalización donde nadie quiere quedarse rezagado. Estados Unidos, inconscientemente, se está excluyendo, tal como describe la profecía bíblica. No será parte de la confederación de naciones que se convertirá en la cuna del poder del anticristo.
Los Estados, como unidades políticas, están perdiendo poder individualmente y necesitan unirse para ser más competitivos en el mercado global. Sin embargo, esto los hace estados dependientes y pierden soberanía gradualmente. La profundización de alianzas entre empresas, la formación de bloques económicos y unidades políticas supranacionales está dejando obsoleta la división política del mundo en Estados nacionales. Todo indica que pronto \’la bestia\’ estará lista para asumir el poder mundial.
Esta transformación está llevando a los países, especialmente a las potencias mundiales, a buscar nuevos aliados, socios y liderazgos. El tablero de ajedrez de la política mundial está en movimiento, abriendo nuevas oportunidades y espacios para miradas renovadas a países como Rusia, Inglaterra y Alemania. Según la profecía bíblica, estas serán tres de las diez naciones en el mundo que servirán como la cuna del poder desde la cual gobernará Satanás.\”



