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Les comparto que esta reflexión es el resultado de una revelación que tuve hace unas semanas. Era de madrugada, un día jueves, me encontraba entre, dormido y despierto, observando el cielo de mi habitación. De repente, vi cómo el techo de la casa, especialmente el cielo de la recámara, tembló con la voz del Señor, quien me dijo: \”¿Quieres saber cuál es el problema?\” A lo que respondí: \”Sí, Señor\”. Es importante aclarar que, en ese momento, desconocía a qué problema se refería el Señor. Luego, me dijo: \”Ve al Paraíso\”. De inmediato, me transportó al Paraíso, pero no a cualquier lugar, sino al momento de la creación, específicamente al instante en que EL creó a Adán y Eva. \”Mira\”, me indicó, \”¿Ves el orden de la creación y cómo los creé? La mujer es la ayuda idónea, pero el hombre desobedeció y destruyó todo, alterando las cosas según sus pensamientos vanos. Pero a pesar de que los hombres cambien las cosas, Yo no cambio, y todo permanece igual desde el principio de la creación\”.
Esto me llevó a reflexionar durante varios días hasta que finalmente el Señor me dió la revelación que hoy deseo compartir con todos ustedes. Y trata sobre un principio divino fundamental: la sociedad no surge de sí misma, sino que encuentra sus raíces en la familia, la unidad creada y establecida por Dios. En Mateo capítulo 19, versos 4 al 6, Jesús nos recuerda: \”¿No habéis leído que el que los creó al principio, varón y hembra los creó, y dijo: \’Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne\’? Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.\”
Primer Punto a Tratar: La Familia como Cimiento de la Sociedad
Antes de que las estructuras sociales emergieran, la familia fue el diseño original de Dios para la convivencia humana. Inicialmente, no se formaron como sociedades, sino como parejas que, con el tiempo, fueron bendecidas con hijos e hijas, cumpliendo así el mandamiento divino de la multiplicación. Sin embargo, la elección humana de apartarse del camino marcado por Dios ha llevado a la sociedad por senderos opuestos a la paz y armonía que se encuentran en la familia.
Segundo Punto a Tratar: Desviación de la Voluntad Divina
La sociedad humana, lejos de reflejar la armonía divina, a menudo muestra lo opuesto. En la Primera Carta a Los Corintios, capítulo 11, versos 2 al 3, Pablo destaca que desde la creación, Dios estableció un orden que la humanidad, en su arrogancia, ha quebrantado. Este quiebre ha resultado en envidias, pleitos, divisiones, violencias, guerras y, lamentablemente, en la multiplicación de pecados que llevan a la muerte (Romanos, capítulo 6 verso 23).
Tercer Punto a Tratar: Restaurando el Diseño Divino en la Familia
Desde el Génesis, Dios diseñó todas las cosas para funcionar en un orden perfecto, comenzando con la familia. Cada acción en la familia desencadena una reacción, y aquí reside nuestra llamada a seguir las instrucciones divinas. En Efesios, capítulo 5, versos 25 al 33, se nos revela el misterio del amor conyugal, comparándolo con el amor de Cristo por la iglesia. Este amor sacrificial, sin mancha ni arruga, es un reflejo del plan divino para la familia.
Como iglesia y como creyentes somos llamados a restaurar el orden divino en nuestras familias, reconociendo que la sociedad saludable se construye sobre cimientos familiares sólidos. Somos llamados a seguir y obedecer las instrucciones de Dios para experimentar una vida llena de paz y armonía, comenzando en nuestros hogares. Y es precisamente esta experiencia y conocimiento la que nos lleva al siguiente nivel, la relación entre Cristo y la iglesia que nos ofrece un modelo a emular para la conexión profunda entre esposo y esposa.
En la construcción divina de la sociedad, Dios no solo nos dejó instrucciones para la relación entre esposos, sino también directrices fundamentales sobre el trato entre padres e hijos. En Efesios, capítulo 6, versos 1 al 4, se establece un equilibrio armónico: \”Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor\”.
El Punto Primero es la Armonía en la Familia como Reflejo de la Sociedad:
La familia, diseñada por Dios, es una entidad interconectada donde cada miembro cumple un papel crucial. La obediencia y la honra de los hijos son elementos esenciales que contribuyen a la armonía, al igual que la responsabilidad de los padres de criar a sus hijos en disciplina y amonestación. La sociedad, al igual que la familia, requiere un orden y respeto mutuo para prosperar.
El Punto Segundo trata con las Consecuencias de Romper la Armonía:
Así como en la relación conyugal, las acciones y reacciones en la familia tienen consecuencias significativas. Cuando se rompe la armonía y se desatienden las instrucciones divinas, se destruyen las bases de la vida, resultando en caos y sufrimiento. La importancia de mantener la unidad en la familia se extiende al tejido mismo de la sociedad.
El Tercer Punto tiene que ver directamente con El Diseño Maravilloso de la Mujer:
Explorando Génesis, capítulo 2, versos 18 al 23, nos sumergimos en un acto asombroso de la creación: la formación de la mujer como ayuda idónea para el hombre. Este término, “ayuda idónea”, implica una colaboradora única y adecuada, una extensión del varón. La mujer lleva consigo la gloria, la autoridad y la unción de su esposo, reflejando así la relación de Cristo con la iglesia.
El Cuarto Punto tiene que ver con El Rol de la Mujer en la Familia y en la Iglesia:
Dentro de la familia, la mujer asume roles cruciales como esposa y madre, con plena autoridad sobre sus hijos bajo la cobertura de su esposo, que a su vez se somete a la autoridad de Dios. La mujer en el hogar no tiene un pedazo de autoridad, ni un porcentaje mínimo de autoridad, en el hogar la mujer tiene autoridad plena que le es otorgada por la cobertura plena de su esposo. Esta estructura refleja la relación entre Cristo y la iglesia. En la iglesia, la mujer representa a la congregación, y si es la esposa del Pastor a ella le es delegada la autoridad plena por parte de su esposo, pues ella representa y refleja la autoridad y la gloria de su esposo quien a su vez representa la autoridad y la gloria de Jesús el Señor en medio de su iglesia. De esta manera se destaca la importancia de su función y liderazgo dentro del cuerpo de creyentes.
El Quinto Punto tiene que ver con la Igualdad en la Creación y Complementariedad en el Diseño:
Es esencial comprender que la mujer no es inferior al hombre, sino que ambos son creaciones a imagen de Dios (Génesis, capítulo 1, verso 27). La “ayuda idónea” no implica inferioridad, sino complementariedad. Este concepto se extiende más allá del matrimonio, abarcando el servicio conjunto a Dios y el cumplimiento de su voluntad en la iglesia y en el mundo.
Conclusión:
Hermanos y hermanas, al honrar las instrucciones divinas en la familia, no solo fomentamos la paz y armonía en nuestros hogares, sino que también contribuimos al bienestar de la sociedad. La mujer, creada como ayuda idónea, desempeña un papel vital en el diseño de Dios para la familia y la iglesia. Al comprender y abrazar estos roles, experimentamos una relación plena y satisfactoria con nuestro cónyuge, desarrollamos la voluntad de Dios en nuestras vidas y contribuimos a la edificación del cuerpo de Cristo. Oremos por sabiduría y gracia para vivir conforme a estos principios divinos en todas las áreas de nuestras vidas. La restauración en la familia es la única que tiene el poder para extenderse y transformar nuestras sociedades y dar un cumplimiento fiel a nuestra misión en el mundo.



