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Texto Base: Marcos 16:14-18
Tema Central: Las señales que acompañan a los creyentes no son una reliquia del pasado, sino una herencia disponible para hoy, que se activa mediante una fe audaz y una intimidad con el Espíritu Santo.
Introducción: ¿Dónde Están las Señales?
“Hermanos, muchas veces miramos el libro de los Hechos (Hechos 3) y vemos una iglesia llena de poder, que trastorna ciudades, que sana enfermos y que enfrenta el peligro con una unción sobrenatural. Luego, miramos nuestra realidad y nos preguntamos con anhelo y tal vez con un poco de desaliento: ‘¿Señor, por qué no vemos lo mismo hoy? ¿Acaso tu poder se ha agotado? ¿Tu brazo se ha acortado?’
La pregunta que resuena en nuestros corazones es: ¿Está el poder de Dios en cuarentena? ¡La respuesta de la Palabra es un rotundo NO! El problema no es que Dios haya retirado su poder, sino que muchas veces hemos apagado la fe que lo activa. Hoy, Dios quiere renovar nuestra esperanza y encender nuestra fe para que su poder sobrenatural se manifieste en medio de nosotros.”
Punto 1: La Promesa es para “LOS QUE CREEN” – La Fe como Interruptor
Lectura: Marcos 16:17 – “Y estas señales seguirán a los que creen…”
“No dice ‘seguirán a los que piensan’. No dice ‘seguirán a los que tienen un cargo eclesiástico’. Dice ‘a los que creen’. La fe es el interruptor que conecta el poder generador del cielo con las necesidades de la tierra.
- La Fe no es solo aceptar un hecho histórico. Es una CONFIANZA AUDAZ que espera lo sobrenatural. Es la certeza de que la misma resurrección que sacó a Jesús del sepulcro, vive en ti y puede sanar a un enfermo, liberar a un endemoniado y cambiar circunstancias imposibles.
- ¿Por qué no vemos más? Porque a veces nuestra fe se vuelve teórica, doctrinal, pero no experimental. Creemos que Dios puede, pero no creemos que lo hará aquí y ahora.
Ilustración: Imaginemos un toma corriente en la pared (el poder de Dios). Tienes un aparato que necesita esa energía (la necesidad). La fe es el cable que los conecta. Sin ese cable, aunque la energía esté allí, el aparato no funciona. ¡Nosotros somos ese cable de fe!
Dios te está diciendo: ‘Confía en Mí. Da el paso. Ora con audacia. Espera lo imposible’. La promesa es para ti, que crees.”
Punto 2: “EN MI NOMBRE” – La Autoridad que nos Respalda
Lectura: “…En mi nombre echarán fuera demonios…”
“Fíjense que no dice ‘con sus propias fuerzas’ o ‘por su propia santidad’. Dice ‘EN MI NOMBRE’. El nombre de Jesús no es una fórmula mágica que repetimos al final de una oración. Representa toda la autoridad, el poder y la victoria de Cristo sobre el infierno, la enfermedad y la muerte.
Cuando oramos ‘en el nombre de Jesús’, no estamos suplicando a un Dios distante. Estamos decretando la victoria de Jesús sobre una situación. Es como un embajador que usa el nombre y la autoridad de su rey para actuar en una tierra extranjera.
El diablo le teme al nombre de Jesús. La enfermedad tiembla ante el nombre de Jesús. ¿Por qué no lo usamos con más denuedo?
Ilustración: Un policía en una escena peligrosa no grita “¡Alto, en el nombre de mi propia autoridad!”. Grita “¡Alto, en el nombre de la ley!”. Es la autoridad del gobierno la que lo respalda. Nosotros, al orar, declaramos: “¡Enfermedad, alto, en el nombre de Jesús!”. Es la autoridad del Rey de reyes la que nos respalda.
Aplicación: Comienza a orar con autoridad. Declara el nombre de Jesús sobre tus finanzas, sobre tu familia, sobre tu cuerpo. ¡Hay poder en ese nombre!”
Punto 3: Las Señales SON para HOY – Renovando Nuestra Expectativa
Lectura: “…sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.
“Dios no hizo estas promesas para que las archivemos en un museo bíblico. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. El problema no es la falta de poder en Dios, sino la falta de expectativa en su pueblo.
Hemos orado tantas veces sin ver resultado, que hemos bajado nuestras expectativas. Hemos aceptado la enfermedad como ‘normal’. Hemos aceptado la derrota como ‘el plan de Dios’. ¡Pero Jesús vino para destruir las obras del diablo!
Dios quiere sanar hoy. Dios quiere liberar hoy. Dios quiere hablar a través de lenguas y profecías hoy. ¿Estamos listos para creerlo? ¿Estamos listos para poner nuestras manos sobre el enfermo, creyendo que el poder sanador de Cristo fluirá a través de nosotros?
Ilustración: Es como un hombre que tiene un poderoso generador en su casa, pero vive a oscuras porque no cree que funcione o no ha accionado el arranque. La iglesia está sentada sobre el generador del Espíritu Santo, pero a veces preferimos quejarnos de la oscuridad en lugar de accionar la fe para encender la luz.
Es cierto que muchas veces dudamos a la hora de accionar la fe que activa el poder de Dios. Esto también les sucedió a los discípulos del Señor. En una ocasión, Jesús había enviado a los doce (y luego a setenta y dos) con autoridad para sanar y echar fuera demonios (Lucas 9:1; 10:1, 17). Sin embargo, en un evento específico registrado en los evangelios, se acercó a Jesús un hombre desesperado porque sus discípulos no habían podido echar un demonio de su hijo.
El relato al que se hace referencia se encuentra en Mateo 17:14-21 (y también en Marcos 9:14-29). Un hombre se acerca a Jesús y le dice: “Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Lo he traído a tus discípulos, pero no lo han podido sanar”.
De inmediato, Jesús reprendió al demonio, y este salió del muchacho, quien quedó sano desde aquella hora. Más tarde, cuando los discípulos le preguntaron en privado por qué ellos no habían podido expulsarlo, Jesús les respondió: “Por vuestra poca fe”. Y añadió: “Este género de demonios no sale sino con oración y ayuno”.
Es normal que la duda asalte nuestro corazón, pero a menudo este vacío es el producto de una o varias carencias: vacío de conocimiento (no conocer las promesas y la autoridad que tenemos en Cristo), vacío de unción (falta de intimidad con el Espíritu Santo) o vacío de práctica (la fe no ha sido ejercitada). La fe teórica debe ser llevada a la práctica y a la acción para que eche raíces profundas y nos llene de una convicción inquebrantable.
Fe en Acción: Es por esto que al final de este mensaje, vamos a actuar. Vamos a orar con fe. Vamos a esperar la manifestación de su poder.
“Hermana, hermano, el cielo no está cerrado. Los dones de Dios no están en oferta por tiempo limitado. El poder de Dios no es solo un recuerdo de los Hechos de los Apóstoles; ¡está disponible para los Hechos de esta Iglesia, aquí y ahora!
Dios no te llama a tener una fe perfecta, sino una fe presente. Una fe que diga: ‘Señor, creo; ayuda mi incredulidad’. Una fe que se atreva a extender la mano, a abrir la boca, a creer para lo imposible.
¿Estás listo? ¿Estás listo para ser de esos ‘que creen’? ¿Estás listo para usar el nombre de Jesús con autoridad? ¿Estás listo para renovar tu expectativa y ver la gloria de Dios en tu vida, en tu hogar y en esta iglesia?
Vamos a Orar:
‘Padre, en el nombre de Jesús, venimos a Ti. Perdónanos por haber dudado de tu poder. Perdónanos por haber bajado nuestras expectativas. Hoy, en este lugar, renovamos nuestra fe. Creemos que tu poder es real y está vigente.
Te pedimos que una fe sobrenatural llene este lugar. Que tu Espíritu Santo se mueva con poder. Sana al enfermo que está aquí. Oramos por libertad para el oprimido. Llena a tu pueblo de denuedo y de tu gozo.
¡Activa en nosotros, Señor, la fe que mueve montañas, la fe que activa tus promesas, la fe que ve tu gloria! Lo creemos y lo recibimos ahora, en el poderoso nombre de Jesús. ¡Amén!’
Finalmente, recordemos que es nuestra FE no nuestra Fórmula: El poder está en Dios y en nuestra relación de fe con Él, no en una técnica o fórmula. Él es soberano, pero se deleita en responder a la fe de su pueblo.



