¿Tesoro o Basura? El Cambio Radical de Valores Según el Apóstol Pablo

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¿Alguna vez has mirado tu vida y has hecho un inventario de tus logros, tus títulos, tu reputación? Solemos aferrarnos a estas cosas como si definieran nuestro valor. Son nuestras credenciales, nuestro “currículum vitae” personal que presentamos al mundo para ser aceptados y admirados: Licenciado, Doctor, Ingeniero, Reverendo, Apóstol, etc. 

Pero, ¿qué sucede cuando ese currículum es puesto bajo la luz de Dios? El apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses (capítulo 3), nos presenta una reevaluación radical de lo que realmente importa, un cambio de perspectiva que puede transformar por completo nuestra vida.

El Mejor “Currículum” Humano

Pablo comienza enumerando sus propias credenciales, y eran impresionantes para cualquier judío de su tiempo:

  • Circuncidado al octavo día: Un hijo del pacto, perteneciente al pueblo elegido.
  • Del linaje de Israel: Puro israelita, no un prosélito.
  • De la tribu de Benjamín: La tribu del primer rey de Israel y que permaneció fiel a Judá.
  • Hebreo de hebreos: En una cultura muy helenizada, él mantenía el idioma y las tradiciones puras.
  • Fariseo: Miembro de la secta más estricta y devota en cuanto al cumplimiento de la ley.
  • Perseguidor de la iglesia: Tan celoso era de sus tradiciones que luchaba activamente contra lo que consideraba una herejía.
  • Irreprensible en cuanto a la justicia de la ley: Según el estándar humano, era un hombre moralmente intachable.

Si alguien podía gloriarse en sus logros humanos, ese era Pablo. Él mismo lo dice: “aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más” (Filipenses 3:4).

El Punto de Inflexión: Conocer a Cristo

Sin embargo, todo este impresionante currículum tuvo un encuentro frontal con la gracia de Dios en el camino a Damasco. En ese momento, Pablo experimentó un cambio de valores eterno. Él hace una declaración que sacude los cimientos de la autosuficiencia humana:

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y aun más aún, estimo como pérdida todas las cosas en comparación con la insuperable excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:7-8, paráfrasis).

La palabra que Pablo usa para “basura” (en griego, skybala) es fuerte y gráfica. Se refiere a los desechos, la comida podrida, o incluso el estiércol. Lo que el mundo considera tesoro—la fama, el estatus, los logros religiosos—a la luz de la gloria de Cristo, es desecho. ¿Por qué? Porque nada de eso puede salvar, limpiar el pecado o dar vida eterna.

La Meta: Prosigamos al Blanco

Entonces, ¿cuál es el nuevo propósito? Si todo lo anterior es basura, ¿hacia dónde corremos ahora? Pablo nos lo deja claro:

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:14).

La vida cristiana no es un estado pasivo; es una carrera activa. Es un “proseguir”, un esforzarse, un avanzar con determinación. Y el blanco, la meta, no es un concepto vago, sino una Persona: Cristo Jesús.

Ganar a Cristo significa ser hallado en él, no confiando en nuestra propia justicia, sino en la justicia que viene por la fe en Él (Filipenses 3:9). Significa conocerle, no solo de oídas, sino experimentar el poder de su resurrección y la comunión de sus padecimientos (Filipenses 3:10).

Una Invitación para Ti Hoy

Quizás tú, como Pablo, has estado confiando en tu propio “currículum”: “Soy una buena persona”, “Ayudo a los demás”, “Vengo de una familia creyente”, “Tengo éxito en mi trabajo”. Todas estas cosas, aunque buenas en sí mismas, se convierten en “basura” si confiamos en ellas para acercarnos a Dios.

Hoy, Dios te invita a hacer un trueque radical:

  • Cambia tu justicia propia por la justicia de Cristo.
  • Cambia la gloria vana en ti mismo por la gloria eterna de conocer a Jesús.
  • Cambia la carrera hacia la nada por la carrera hacia el premio supremo.

Deja atrás la carga de tener que probar tu valor. Corre hacia Jesús, quien es el inicio y el fin de la fe. Él no te pide un currículum impresionante; solo te pide que vengas a Él con las manos vacías, listo para recibir su gracia, que es el verdadero y único tesoro.

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Corintios 5:21).

¿Estás listo para cambiar tu “basura” (estiércol) por el tesoro de Cristo? La carrera ha comenzado, y la meta te está esperando con los brazos abiertos.

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