Dos manifestaciones en carne: La Piedad que es Dios, la Iniquidad que es Satanás — ¿Por qué el mundo reconoce a uno y no al Otro? 

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El sentido común es la capacidad práctica de juicio y razonamiento que permite a las personas, sin necesidad de conocimientos especializados, tomar decisiones lógicas y acertadas en situaciones cotidianas. Se basa en la experiencia compartida, las normas sociales implícitas y la percepción básica de la realidad. No es algo innato del todo, sino que se desarrolla con la socialización y la observación del entorno. Por ejemplo, no tocar algo caliente para no quemarse o llevar paraguas si el cielo está nublado son actos de sentido común.

Sin embargo, el sentido común no es tan común como parece, pues muchas cosas que deberían ser de sentido común resultan ser tan complicadas que una mayoría de personas tienen una profunda dificultad comprendiéndolas. Uno de estos ejemplos son los dos misterios: el Misterio de la Piedad y el Misterio de la Iniquidad.

El primero es la manifestación de Dios (único, singular) en carne. La mayoría de los creyentes dividen a Dios en tres, cuando debería ser de sentido común que Dios es uno. Así lo expresa la Biblia de principio a fin:

  • “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4).
  • “Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios” (Isaías 44:6).
  • “Un Dios y Padre de todos” (Efesios 4:6).

El segundo misterio es la manifestación de Satanás en carne, en la persona del anticristo. Esto sí lo entiende la mayoría de la gente: no dividen al diablo, pero sí dividen a Dios. Debería ser de sentido común que Dios es uno, al igual que Satanás es uno. Dios es Espíritu, al igual que Satanás es espíritu. La diferencia no es numérica, sino cualitativa: Dios es luz, belleza, santidad, poder, amor y todo lo bello que el universo visible e invisible pueda ofrecer. Satanás es todo lo contrario.

Respecto al Misterio de la Piedad (1 Timoteo 3:16):

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.”

Respecto al Misterio de la Iniquidad (2 Tesalonicenses 2:7):

“Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solamente que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.”

Y sobre la unidad de Dios frente al engaño de dividirlo:

  • “Antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí” (Isaías 43:10).
  • “Jesús respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29).

El mundo acepta que el mal se encarne: espera al anticristo, hijo de perdición. Pero rechaza que el bien se haya encarnado ya en Jesucristo, Dios manifestado en carne. ¿Por qué vemos a Satanás hecho hombre y no adoramos a Dios hecho carne? Dos misterios revelados. 

Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre un asombroso contraste que ha sido puesto ante nuestros ojos, y que sin embargo la mayoría no percibe. Porque mientras el mundo entiende el misterio de la iniquidad, tropieza frente al misterio de la piedad.

El misterio de la iniquidad es Satanás siendo manifestado en carne.
El misterio de la piedad es Dios siendo manifestado en carne.

Lo irónico es que todo el mundo entiende que, cuando la Escritura habla del misterio de la iniquidad, se refiere a Satanás manifestado en carne. Nadie llama al anticristo “la segunda persona de la trinidad diabólica”. Pero cuando hablamos del misterio de la piedad —es decir, Dios manifestado en carne—, todo el mundo llama a Jesucristo el Señor “la segunda persona de la Trinidad”.

¿Qué nos pasa? ¿En dónde nos perdemos? Porque si aplicáramos la misma lógica a ambos misterios, tendríamos que ser consistentes. Pero no lo somos. Al maligno no lo fragmentamos en tres personas. Al anticristo no lo llamamos “el Hijo del diablo” ni hablamos de un “dios padre diabólico” y de un “espíritu satánico”. No. Allí todos entienden que será el mismo Satanás en carne. Pero cuando se trata de Jesucristo, de repente elaboramos esquemas complejos que la Biblia jamás enunció.

¿Cuál es la razón por la cual no solamente se nos nubla nuestro entendimiento, sino que además corrompemos las Escrituras, agregando a la palabra de Dios doctrinas de hombre como enseñanzas divinas? Porque el mismo misterio de iniquidad ya obra en los hijos de desobediencia. El enemigo no ha cegado al mundo para que entienda quién será el anticristo; al contrario, permite que eso lo comprendan. Pero ha cegado sus mentes para que no resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios: 

2 Corintios 4:4

“En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” 

2 Tesalonicenses 2:1-12

“Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto? Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos,  y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.  Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” 

I de Timoteo 3:16

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

Dios fue manifestado en carne,

Justificado en el Espíritu,

Visto de los ángeles,

Predicado a los gentiles,

Creído en el mundo,

Recibido arriba en gloria.”

Hermanos, volvamos a la sencillez de la Escritura: “En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). No una tercera parte, no una segunda persona: toda la plenitud. “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). No “una persona de Dios”, sino Dios mismo.

Así como el anticristo será Satanás encarnado, así Jesucristo fue y es Dios encarnado. La diferencia no está en la naturaleza de la encarnación, sino en el carácter de quien se encarna: uno es el maligno; el otro, el Santo de Israel y Salvador del mundo.

¿Por qué aceptamos un misterio y corrompemos el otro? ¿Por qué tenemos lógica para el mal y extravío para la verdad? Que el Señor nos conceda arrepentimiento y vuelva a abrir nuestros ojos, para que adoremos a Jesucristo como lo que Él es: Dios con nosotros:

Mateo 1:23

“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel,

que traducido es: Dios con nosotros.”

El anticristo: un misterio que todos comprenden (al menos en apariencia)

Las Escrituras nos hablan del “misterio de la iniquidad” que ya obra desde los tiempos de los apóstoles (2 Tesalonicenses 2:7). Y cuando predicamos acerca del anticristo, casi todo el mundo asiente sin dificultad: saben que será la encarnación de Satanás. Nadie dice que será “el hijo del diablo”, ni hablan de una “segunda persona de una trinidad diabólica”. Todos entienden que será el mismo Satanás manifestado en carne. No hay confusión. No hay teologías complicadas. Aceptan que el maligno puede tomar cuerpo humano y presentarse como un falso mesías. Satanás llega a tal grado que inclusive tiene el poder para disfrazarse como ángel de luz.

Esto es grave, y la respuesta la da el apóstol Pablo: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:13-14).

Hermanos, aquí está la clave: Satanás se disfraza como ángel de luz. Por eso, el mundo no tiene problema en entender que el anticristo será la encarnación del mal. Eso es oscuridad manifiesta, no requiere disfraz. Pero cuando se trata de Cristo —la verdadera luz—, el enemigo ha sembrado confusión, ha disfrazado su engaño con apariencia de piedad, y ha logrado que miles de millones acepten doctrinas humanas como si fueran divinas, mientras pierden de vista la sencillez que está en Cristo.

Porque si el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz, entonces su engaño más efectivo no será negar a Cristo, sino torcer quién es Él. Y eso es exactamente lo que ha sucedido. Se ha enseñado que Jesús es “la segunda persona” de un Dios triuno, cuando la Escritura declara claramente:

  • “En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). No una parte, no una persona: toda la plenitud.
  • “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). No “una persona de Dios”, sino Dios mismo.
  • “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). No “dos personas en unidad de esencia”, sino: uno.
  • “Para que me conozcáis y entendáis que Yo mismo Soy, antes de mi no fue creado dios ni lo será después de mi”. Isaias 43:10

El dios de este siglo ha cegado el entendimiento de los incrédulos (2 Corintios 4:4), pero lo ha hecho con maestría: no los ha cegado para que rechacen a Cristo, sino para que crean en un Cristo diferente, dividido, elaborado por concilios humanos siglos después de los apóstoles.

Así como el anticristo será Satanás encarnado, así Jesucristo fue y es Dios encarnado. La diferencia no está en la naturaleza de la encarnación, sino en el carácter de quien se encarna: uno es el maligno que se disfraza de luz; el otro es la luz verdadera que alumbra a todo hombre y vino a este mundo (San Juan 1).

Hermanos, esto es extraordinario. El mundo, sin necesidad de concilios ni credos, comprende que un ser espiritual puede encarnarse plenamente en un hombre. Y no lo llaman “tres personas del mal”, sino que saben que es el diablo mismo en forma humana.

Jesucristo: el misterio de la piedad que ha sido tergiversado

Pero cuando pasamos al Señor Jesucristo, todo cambia. Porque Dios nos reveló el “misterio de la piedad”: “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Y Pablo declara con toda claridad: “En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). No una parte, no una “segunda persona”, sino la plenitud de Dios mismo.

Sin embargo, la tradición humana ha introducido una confusión que la Biblia jamás enseñó: han dicho que Jesús es “la segunda persona de la Trinidad”. ¿Por qué no llaman al anticristo “la segunda persona de la trinidad satánica”? Porque sería un sinsentido. Y sin embargo, para Jesucristo han creado un concepto que divide a Dios en tres personas, cuando la Escritura declara que “el Señor nuestro Dios, el Señor es uno” (Deuteronomio 6:4) y que “para nosotros hay un solo Dios, el Padre” (1 Corintios 8:6), y que Jesucristo es aquel en quien el Padre se manifestó.

Jesús mismo dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Y también: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). No dijo: “Soy una segunda persona que se parece al Padre”. Dijo: “El Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10:38).

El engaño: la verdad tergiversada

¿Por qué la mayoría acepta con facilidad que Satanás se encarnará plenamente en un hombre, pero no aceptan que Dios mismo se encarnó plenamente en Jesucristo? Porque el enemigo ha cegado sus mentes. Como está escrito: “El dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4).

Miles de millones continúan hasta hoy sin comprender este misterio. Piensan que Jesús es un ser menor, o una “persona” separada del Padre, cuando la verdad es que “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19). No había dos seres: era Dios mismo en carne humana.

El llamado a volver a la verdad

Hermanos, no dejemos que las tradiciones humanas anulen la Palabra de Dios. El misterio de la piedad es grande: Dios manifestado en carne (1 Timoteo 3:16). No “una persona” de Dios, sino Dios mismo. Así como el anticristo será Satanás mismo en carne, así Jesucristo fue Dios mismo en carne. La diferencia es que uno es santo y el otro es malvado; pero en ambos casos, es la plenitud del ser espiritual manifestada en un cuerpo humano.

Hoy, el Señor nos llama a despertar. “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6). No añadamos ni quitemos a la Palabra. Reconozcamos que Jesucristo es el Eterno, el Todopoderoso, el Padre manifestado en carne. Porque así está escrito: “Su nombre será: Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6).

Conclusión

Amados, mientras el mundo espera a un anticristo que será Satanás encarnado, nosotros esperamos la segunda venida de aquel que es Dios con nosotros (Mateo 1:23). No permitamos que el engaño nos robe la sencillez de la verdad. Crezcamos en el conocimiento del misterio de la piedad, y adoremos a Jesús como lo que Él es: Dios manifestado en carne, el Rey de reyes y Señor de señores.

Que esta verdad nos libere de toda tradición vacía y nos lleve a una adoración en espíritu y en verdad. Amén.

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