¡La Iglesia No Es un Club de Popularidad! ¿Aprobación Divina o Aplausos Humanos?
La iglesia pierde su poder cuando busca ser “relevante” para el mundo. Al suavizar el mensaje para agradar, traiciona su esencia. No somos llamados a hacer la cruz aceptable, sino a proclamarla con fidelidad y valor. ¿Nuestra meta es la aceptación cultural o la fidelidad a Cristo? La complacencia nos desarma; la cruz pura, aunque sea escándalo, posee el poder de transformación. Elegir la popularidad es renunciar a la verdad.
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