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Mateo 7:6… “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.”
Judas 1:17-23, Mateo 7:6, Juan 6:60-71, Santiago 4:4.
Juan 6:60: «—Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?»
La palabra griega traducida como “duras” (σκληρός, sklērós) significa ásperas, difíciles, severas o que exigen un esfuerzo. No se refiere a que sean difíciles de entender, sino difíciles de aceptar y obedecer, porque chocan con su lógica humana y sus expectativas.
La Consecuencia: “Ya no querían seguirlo”
Jesús, consciente de que se quejaban, les dice que si esto los escandaliza, ¿qué pasará cuando lo vean ascender al cielo? Y añade que el Espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha. Pero muchos permanecen incrédulos.
Juan 6:66 (NVI): «Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no querían andar con él.»
Este es el versículo clave que describes. La frase “se volvieron atrás” es muy gráfica: dieron media vuelta y abandonaron el camino que estaban siguiendo con Jesús.
Hermanos, hay una escena en los evangelios que siempre nos debe hacer reflexionar. Después de un mensaje particularmente desafiante de Jesús, muchos de sus seguidores, incómodos y ofendidos, se dan la vuelta y se marchan. La multitud se dispersa. El entusiasmo inicial se convierte en un frío desprecio. Y en ese momento de crisis, Jesús se vuelve a sus doce discípulos y les hace la pregunta más crucial: “¿También ustedes quieren marcharse?”
Hoy, esa pregunta resuena en nuestros corazones. En un mundo que nos presiona para diluir nuestra fe, para negociar nuestras convicciones, para ser “amigables” con el pecado, la Palabra de Dios nos lanza un desafío claro y contundente: No desperdicies las perlas con los cerdos.
Esta frase, tomada del Sermón del Monte, es un principio que la epístola de Judas aplica a la realidad de la iglesia. Habla de personas que han infiltrado la comunidad creyente, que convierten la gracia de Dios en libertinaje y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo. Gente que presta cero atención, cero dedicación y hasta desprecio a las cosas sagradas.
Hoy veremos qué significa esto para nosotros y cuál es el compromiso total que Dios espera de su iglesia.
En Mateo 7:6, Jesús establece un principio de discernimiento espiritual para la proclamación del Evangelio.
“Lo santo” y “las perlas” representan las verdades más preciosas y sagradas del Reino de Dios—el mensaje del Evangelio, la sabiduría divina y las cosas profundas de la fe.
“Los perros” y “los cerdos” son metáforas de personas que muestran un desprecio activo y hostil hacia las cosas de Dios. No se refiere a gentiles o pecadores buscadores, sino a aquellos que, habiendo entendido claramente la verdad, la rechazan con cinismo y agresividad.
La advertencia es doble:
- “No sea que las pisoteen”: Estas personas no valoran la verdad, sino que la trataran con desdén, profanando su valor sagrado.
- “Y se vuelvan y os despedacen”: El rechazo no se detiene en la indiferencia; puede convertirse en una persecución violenta contra el mensajero.
Jesús no enseña a dejar de evangelizar, sino a ser sabios, evitando una confrontación infructuosa donde la verdad solo sea objeto de blasfemia y el creyente de ataques. Es una llamada a invertir nuestro tiempo y tesoro espiritual donde haya receptividad.
El apóstol Pedro utiliza este proverbio y lo aplica a una situación espiritual muy específica en la iglesia primitiva.
2 Pedro 2:20-22
“Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el lodo.”
La Realidad del Desprecio: “Dura es esta palabra”
La escena en Juan 6 es el vivo retrato de lo que significa despreciar la perla del evangelio. Jesús acaba de declarar: “Yo soy el pan de vida… el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna”. Y la reacción no es de alegría, sino de murmuración. “Dura es esta palabra; ¿quién puede escucharla?”
No estaban rechazando una idea filosófica; estaban rechazando la persona y la obra de Cristo. Prefirieron aferrarse a su comprensión limitada, a su comodidad, antes que someterse a la verdad revelada. Y se fueron.
¿No hacemos nosotros lo mismo? Cuando la Palabra de Dios confronta nuestro estilo de vida, nuestro egoísmo, nuestra lujuria, nuestro amor al dinero, nuestra falta de perdón… nuestra reacción interior muchas veces es: “Dura es esta palabra”. Y espiritualmente, nos damos la vuelta. No nos vamos físicamente de la iglesia, pero nuestro corazón se aleja. Dejamos de escuchar, de obedecer. Tratamos las sagradas perlas de la verdad de Dios como si fueran baratijas sin valor.
La Respuesta de Cristo: “¿También ustedes quieren marcharse?”
Frente a la deserción masiva, la reacción de Jesús es sorprendente. No corre detrás de la multitud gritando: “¡Esperen, lo dije en sentido metafórico! ¡Vuelvan y les explico de otra manera!” No. Con una calidad divina, los deja ir. Y luego se vuelve a los doce y les hace la pregunta que define todo: “¿También ustedes quieren marcharse?”
En esta pregunta no hay ansiedad, sino un llamado a la decisión. Jesús no está interesado en seguidores de multitudes, sino en discípulos de convicción. No negocia su mensaje para llenar bancas. Él ofrece la verdad, y la verdad exige una elección.
Pedro capta la esencia: “Señor, ¿a quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna”. Pedro entendió que no había alternativa. No se quedaba por inercia, sino por revelación. Había visto que la perla era tan valiosa que, aunque costara seguirla, no había nada en el mundo que la igualara.
El Compromiso Radical: Enemigo del Mundo o Enemigo de Dios
Esta elección nos lleva a la declaración más contundente sobre lo que significa el compromiso. Santiago lo dice sin rodeos: “¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4).
No hay zona gris. No hay un “tercer camino”. No puedes ser “amigo de Dios” y “amigo del mundo” al mismo tiempo. El “mundo” aquí no se refiere a la creación o a las personas, sino al sistema de valores, prioridades y moralidad que se opone a Dios.
Ser “amigo del mundo” es desperdiciar las perlas. Es tomar la preciosa verdad del evangelio—la santidad, la cruz, la resurrección, la vida eterna—y arrojarla a los cerdos del materialismo, la inmoralidad, la vanagloria y la autosuficiencia. Los cerdos no saben apreciar una perla; la pisotearán y luego, se volverán contra ti para destrozarte. Así es el mundo: desprecia la verdad y luego ataca al que la profesa.
Ser “enemigo del mundo” no significa odiar a las personas, sino renunciar a su sistema de valores. Significa que, como dice Jesús, “el que quiera servirme, será enemigo del mundo”. Será incomprendido, criticado, y a veces, perseguido. Pero es el precio de guardar la perla para el Rey.
Entonces, hermanos, ¿qué haremos con las perlas que se nos han confiado? ¿Con la Palabra de Dios, con el testimonio de Cristo, con la verdad del evangelio?
Dios no espera de su iglesia un compromiso a medias, un “creyente terciado” que vive con un pie en el altar y otro en el mundo. Él espera una entrega total. Como los tres hebreos en el horno de fuego, que se negaron a inclinarse, aunque el costo fuera la muerte. Ellos no desperdiciaron su adoración en el ídolo de Nabucodonosor.
Hoy, Cristo te hace la misma pregunta que a sus discípulos: “¿También tú quieres marcharte?”
- ¿Vas a irte con la multitud que encuentra la Palabra “demasiado dura”?
- ¿Vas a tratar de ser amigo de Dios y amigo del mundo, un intento imposible que solo te deja vacío y derrotado?
- ¿O, como Pedro, confesarás que no hay otro camino, que no hay otra verdad, que no hay otra vida fuera de Él?
No desperdicies tu vida, tu adoración y tu lealtad con los cerdos. No arrojes lo santo a los perros del pecado y la indiferencia. Guárdalo. Cuídalo. Vive por ello. Y si eso te hace un enemigo del mundo, alégrate, porque significa que eres un amigo probado de Dios.
La invitación hoy es a un compromiso relacional, real y total. No es fácil, pero Él, que lo pidió todo, lo dio todo en la cruz para hacerlo posible.
Señor Jesús, frente a tu pregunta, “¿también ustedes quieren irse?”, nuestra respuesta hoy es: “¿A quién iremos? Solo Tú tienes palabras de vida eterna”. Perdónanos por las veces que hemos tratado tu verdad como algo común, por las veces que hemos buscado la amistad del mundo. Danos la valentía de Pedro y la convicción de Judas para contender ardientemente por la fe que nos ha sido dada una vez por todas. Conságranos por completo a Ti. En el nombre de Jesús, amén.



