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Hoy nos encontramos en un tiempo de prueba, no solo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Observamos divisiones crecientes y caos en todos los aspectos de la sociedad, tal como está escrito en el Evangelio de Mateo 12:25, donde Jesús nos advierte: “Todo reino dividido contra sí mismo es desolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá”.
La división y el caos en el mundo
Estamos siendo testigos de conflictos y divisiones en la sociedad y en el gobierno de los Estados Unidos, en Europa, en Asia y en todo el mundo. Guerras, pobreza creciente, desempleo y crisis familiares están en aumento. La desunión se manifiesta en el racismo y la persecución de las minorías y de nuestros hermanos indocumentados. El conflicto entre Israel y Palestina, donde el tratamiento de los gazatíes se ha vuelto un tema de gran discordia, es un ejemplo doloroso de estas divisiones.
La persecución y la desigualdad
Los más débiles entre nosotros sufren el mayor impacto. Santiago 2:5 nos recuerda: “Escuchad, hermanos míos amados: ¿No escogió Dios a los pobres de este mundo, ricos en fe y herederos del reino que prometió a los que le aman?” Esta Escritura nos llama a proteger y valorar a los menos afortunados, refutando la creciente narrativa de marginación y exclusión provenientes de los poderosos y de los más ricos del mundo como Elon Musk.
El avance de la tecnología y sus desafíos
El rápido desarrollo de la inteligencia artificial y la automatización amenazan con desplazar a muchos trabajadores. Este cambio tecnológico, aunque promete eficiencia, también plantea cuestiones morales significativas sobre el valor del trabajo humano y el cuidado de nuestrs hermanos.
La respuesta bíblica a los tiempos de crisis
Ante estos tiempos de caos, la Biblia ofrece no solo advertencias, sino también guía. En Lucas 21:28, Jesús nos aconseja: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”. Esto nos llama a mantener nuestra fe y nuestra esperanza en Cristo, sin importar las pruebas que enfrentemos.
Preparación para la segunda venida
En medio de estas pruebas, debemos preguntarnos cómo nos estamos preparando para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Mateo 24:44 nos insta: “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”.
La Biblia proporciona varios ejemplos de divisiones y sus consecuencias, ofreciéndonos lecciones valiosas sobre la importancia de la unidad y la armonía.
La división del Reino de Israel
1 Reyes 12:16-20: Tras la muerte de Salomón, el reino de Israel se dividió en dos: el reino del norte (Israel) y el reino del sur (Judá). Esto fue el resultado de no escuchar las demandas del pueblo y de liderazgos conflictivos entre Roboam y Jeroboam.
El conflicto entre Pablo y Bernabé
Hechos 15:36-41: Pablo y Bernabé tuvieron un desacuerdo fuerte sobre si llevar a Juan Marcos en su segunda misión misionera, lo que llevó a que se separaran y emprendieran misiones por separado. Este incidente muestra cómo incluso líderes fuertes y espirituales pueden tener conflictos significativos.
La disputa entre Abram y Lot
Génesis 13:5-11: Abram y Lot se separaron debido a que sus pastores no se llevaban bien y la tierra no podía sostenerlos a ambos. Abram permitió que Lot eligiera primero su parte de la tierra para evitar conflictos, lo que lleva a una lección sobre la resolución pacífica de disputas.
Las divisiones en la iglesia de Corinto
1 Corintios 1:10-13: Pablo reprende a la iglesia de Corinto por sus divisiones y desacuerdos, donde algunos miembros se identificaban con diferentes líderes (Pablo, Apolos, Cefas), olvidando que todos son uno en Cristo.
La controversia sobre la circuncisión
Gálatas 2:11-14: Pablo confronta a Pedro en Antioquía por su comportamiento hipócrita respecto a los gentiles, lo que estaba causando división en la iglesia primitiva entre judíos y gentiles.
Estos textos bíblicos no solo muestran ejemplos de divisiones, sino que también ofrecen perspectivas sobre cómo enfrentar las diferencias de opinión que tenemos.
Como cuerpo de Cristo, nuestra respuesta debe ser una de unidad, amor y preparación espiritual. No debemos permitir que las divisiones nos desgarren, sino buscar ser luz en las tinieblas, como nos enseña Filipenses 2:15: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”.
Que este tiempo de tribulación nos encuentre firmes en la fe, unidos en amor y activos en la esperanza de la promesa de nuestro Salvador.



