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Mateo 5:37
Filipenses 3 (especialmente versículos 1-3)
Introducción: La Alarma que Suena en Sion (la Iglesia)
Nosotros en la iglesia de hoy tendemos a tener una imagen bastante sanitaria del evangelio. Es decir, pensamos en poner la otra mejilla cuando alguien nos golpea, pensamos en agachar la cabeza y callar cuando nos insultan, pensamos en ser mártires y creemos que eso es lo que Dios espera de nosotros. Nada que ver con la verdad del evangelio. El apóstol Pablo, escribiendo a los Filipenses en el capítulo 3, les manda en tres ocasiones que tengan cuidado de los perros y de los malos obreros y de los mutiladores del cuerpo.
El apóstol Judas le dice a la iglesia que muchos son como los perros que vuelven a comerse su propio vómito y los compara además con los cerdos: la puerca lavada, dice él, que vuelve a revolcarse en su propio cieno. Eso es chocante, ofensivo para la mente no regenerada y carnal que exige respeto pero no está dispuesta a darlo a los demás.
La Biblia nos dice que el Señor lleva esto al extremo, a tal nivel que nos advierte a todos a no temer a quien puede destruir el cuerpo, pero el alma no puede tocar; más bien, dice Él, teme a quien puede destruir el cuerpo y el alma en el infierno. Y ese no es el diablo, ese es Jesús de Nazaret. Ya es tiempo que corrijamos la imagen de Cristo Jesús que nos han mal enseñado.
Hermanos, abramos nuestras Biblias en la carta del apóstol Pablo a los Filipenses, capítulo 3. Pero antes de leer, quiero que entendamos el contexto. Pablo está escribiendo desde una prisión. Está encadenado, esperando posiblemente la muerte. Sin embargo, su carta está llena de gozo. Pero cuando llega al capítulo 3, su tono cambia. Se vuelve severo. Se vuelve urgente. Es como si el Espíritu Santo le hubiera mostrado algo que le hizo detener la pluma, levantar la cabeza y decir: “Esto es demasiado importante. Tengo que advertirles”.
Leamos Filipenses 3:1-3:
“Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro. Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.”
El apóstol da tres advertencias, tres órdenes de alerta máxima: “Guardaos… guardaos… guardaos”. Es una palabra que significa “cuidado”, “manténganse alerta”, “estén en guardia”. No es una sugerencia, es una orden militar. Es como un comandante que grita a sus tropas: “¡Alerta! ¡El enemigo está dentro del campamento!”.
Y hoy, querida congregación, necesitamos escuchar esta misma advertencia. Porque vivimos tiempos de maldad. El diablo no solo está en los gobiernos del mundo, no solo en las calles, no solo en la música secular. Ha infiltrado la iglesia. Y lo ha hecho de la misma manera que infiltró el Edén.
Usar la figura del perro en el Nuevo Testamento era una forma contundente de etiquetar a aquellos que:
- Profanaban lo sagrado (falsos maestros).
- Vivían en inmoralidad (sin vergüenza).
- Rechazaban el evangelio después de haberlo conocido (apostasía).
- Eran enemigos de la fe (perseguidores).
Era un lenguaje deliberadamente ofensivo para la sensibilidad judía, diseñado para crear un fuerte rechazo hacia las personas o enseñanzas que representaban una amenaza espiritual para la iglesia cristiana primitiva.
Recordemos: Adán y Eva vivían en perfecta comunión con Dios. El paraíso era perfecto. No había pecado, no había muerte, no había dolor. Y sin embargo, el enemigo logró infiltrarse. No vino con garras y colmillos. Vino disfrazado. Vino como una serpiente “astuta”, hablando palabras que parecían divinas, ofreciendo conocimiento que parecía superior.
Si Satanás infiltró el Reino de Dios cuando era perfecto, ¿por qué nos sorprendería que haya infiltrado la iglesia? Si pudo engañar a Eva en un mundo sin pecado, ¿cuánto más podrá engañar hoy, en medio de tanta confusión?
El enemigo está disfrazado. Está vestido de pastor, de apóstol, de profeta, de evangelista, de maestro divino. Y viene con señales y prodigios. Jesús lo dijo claramente en Mateo 24:24: “Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.”
Esto no es algo que va a pasar en el futuro. Esto es hoy. Y necesitamos, como Pablo ordena, guardarnos.
Guardaos de los Perros (Filipenses 3:2a)
“Guardaos de los perros…”
Cuando Pablo usa la palabra “perros”, no está hablando de los animalitos peludos que muchos tenemos en casa. En la cultura judía del primer siglo, el perro era un animal despreciado. No era la mascota fiel que conocemos hoy. Los perros en las calles de Jerusalén eran animales salvajes, callejeros, que comían basura, que atacaban en manadas, que eran considerados inmundos.
En la Ley de Moisés, el perro era un animal impuro. Deuteronomio 23:18 habla de no traer “precio de perro” a la casa de Dios. Proverbios 26:11 dice: “Como perro que vuelve a su vómito, así es el necio que repite su necedad”. Era una metáfora de lo impuro, lo despreciable, lo que no pertenece al pueblo de Dios.
Pero aquí Pablo está usando esta palabra para describir a cierto tipo de personas que estaban dentro de la iglesia. ¿Quiénes eran estos “perros”? Eran los judaizantes. Hombres que decían creer en Jesús, pero que querían imponer la ley mosaica como requisito para la salvación. Decían: “Sí, Jesús salva, pero también tienes que circuncidarte, tienes que guardar la ley, tienes que guardar el día de reposo, tienes que cumplir con las tradiciones”.
Pablo los llama “perros” porque estaban contaminando el Evangelio. Estaban trayendo basura a la mesa de la gracia. Estaban diciendo que la obra de Cristo en la cruz no era suficiente, que necesitaban algo más.
¿Quiénes son los “perros” en la iglesia de hoy?
Hermanos, en nuestros días, los “perros” no han desaparecido. Siguen ahí, ladrando, mordiendo, contaminando. Pero ahora tienen nuevas caras:
Los que añaden requisitos humanos a la gracia de Dios
Son aquellos que predican un evangelio de “Jesús más algo”. Jesús más obras, Jesús más guardar el sábado, Jesús más esto y lo otro, Jesús más sacrificios. No predican la gracia suficiente de Cristo en el entendido que la GRACIA no es un permiso para pecar. Odian la Santidad y enseñan que esos temas son obsoletos, pasados de moda. Siempre hay un “pero”. “Dios te ama, PERO tienes que…” “Cristo murió por ti, PERO…” “Eres salvo por gracia, PERO…”
Pablo fue tajante en Gálatas 1:8: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.” Maldito sea. Es decir, que sea separado, echado fuera, condenado.
Los que devoran a las ovejas
Los perros no solo ladran, también muerden. En la iglesia de hoy hay lobos vestidos de ovejas, pero también hay perros que devoran. Líderes que no pastorean el rebaño, sino que lo explotan. Que usan a las personas para su beneficio económico, para su fama, para su ego. Que manipulan, que controlan, que abusan espiritualmente.
El profeta Ezequiel denunció a estos pastores falsos en el capítulo 34: “¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores las ovejas? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; engordáis lo mejor, pero no apacentáis a las ovejas”.
Hermanos, hay pastores que están más interesados en el tamaño de la ofrenda que en el tamaño del corazón de sus ovejas. Hay líderes que ven a la congregación como un rebaño que esquilar, no como almas que cuidar. Guardaos de los perros.
Los que enseñan doctrinas de demonios
Pablo profetizó en 1 Timoteo 4:1: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.”
Hoy vemos doctrinas extrañas infiltrándose en la iglesia: la teología de la prosperidad que convierte a Dios en un cajero automático; el evangelio de la autoayuda que reemplaza la cruz con técnicas de superación personal; las enseñanzas místicas disfrazadas de espiritualidad que tienen más de nueva era que de Cristo. Inclusive hoy tenemos un evangelio Nacionalista Blanco, exclusivo para la gente blanca, racista, excluyente, lleno de odio, mentira y maldad. Guardaos de los perros. No se acerquen a ellos. No se sienten a su mesa. No escuchen sus ladridos. Porque vienen a contaminar, a devorar y a destruir.
Guardaos de los Malos Obreros (Filipenses 3:2b)
“Guardaos de los malos obreros…”
Aquí Pablo cambia la metáfora. Ya no son perros, ahora son obreros. Pero no son buenos obreros, son malos obreros. La palabra griega es “kakous ergatas,” que significa trabajadores malvados, obreros que hacen mal, que dañan en lugar de construir.
En el contexto de Filipenses, estos malos obreros eran personas que trabajaban activamente para deshacer la obra de Pablo. Iban detrás de él a las iglesias que él había fundado y sembraban cizaña. Decían: “Pablo no es un verdadero apóstol”. “Pablo no tiene autoridad”. “Pablo no les ha enseñado todo lo que necesitan saber”. Pero hay algo importante: estos malos obreros no estaban ociosos. Estaban trabajando. Estaban activos. Estaban viajando, predicando, enseñando, convenciendo.
La diferencia es que su trabajo era malo, destructivo, venenoso.
¿Quiénes son los “malos obreros” en la iglesia de hoy?
Los que trabajan para su propio reino, no para el Reino de Dios. Hay hombres y mujeres que están construyendo imperios personales disfrazados de ministerios. Tienen visión, tienen carisma, tienen recursos, pero todo lo que hacen es para engrandecer su propio nombre. Edifican plataformas, no altares. Buscan seguidores, no discípulos. Quieren fama, no santidad.
Jesús dijo en Mateo 7:22-23: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”
Noten algo terrible: estos malos obreros hacían milagros. Profetizaban, echaban demonios, hacían prodigios. Pero Jesús los llama “hacedores de maldad”. ¿Por qué? Porque no lo hacían por Él, sino para sí mismos. Su motivación era incorrecta. Su corazón estaba envenenado.
Los que siembran división
Proverbios 6:16-19 dice que Dios aborrece al que “siembra discordia entre hermanos”. Y sin embargo, hay malos obreros que se especializan en dividir. Van de iglesia en iglesia sembrando chisme, murmurando contra los líderes, creando bandos, robando ovejas para sus propios rediles.
Pablo advirtió en Romanos 16:17: “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.”
Guardaos de los malos obreros. Son aquellos que trabajan duro, pero su trabajo no edifica el cuerpo de Cristo; lo destruye.
Los que enseñan error doctrinal
Pedro advirtió en 2 Pedro 2:1: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras.”
Hoy hay malos obreros que enseñan cosas que parecen bíblicas, pero tienen un veneno escondido. Toman un versículo fuera de contexto, lo mezclan con filosofías humanas, y sirven un plato que parece comida espiritual pero es veneno para el alma.
Hermanos, necesitamos ser como los bereanos, que escudriñaban las Escrituras para ver si estas cosas eran así (Hechos 17:11). No podemos tragar todo lo que nos predican. Tenemos que verificar, confrontar con la Palabra, asegurarnos de que lo que escuchamos es verdad.
Guardaos de los Mutiladores del Cuerpo (Filipenses 3:2)
“Guardaos de los mutiladores del cuerpo.”
Esta es una frase fuerte en el original griego. Pablo usa la palabra “katatomé,” que significa “cortar”, “mutilación”. Es un juego de palabras con la circuncisión (“peritomé”). Los judaizantes decían: “Necesitan la circuncisión (“peritomé”). Pablo responde: “Lo que ustedes practican no es circuncisión, es mutilación (“katatomé”). Están cortando el cuerpo, no consagrándolo a Dios”.
Para entender esto, tenemos que recordar que la circuncisión era la señal del pacto en el Antiguo Testamento. Era un acto físico que simbolizaba un compromiso espiritual. Pero cuando llegó Cristo, la señal externa dejó de tener valor. Lo que importa es la circuncisión del corazón, como Pablo explica en Romanos 2:29.
Pero estos falsos maestros estaban insistiendo en lo externo. Y al hacerlo, estaban mutilando el cuerpo de Cristo. Estaban lastimando a la iglesia, cortando a los creyentes, dividiendo al pueblo de Dios con requisitos carnales.
¿Quiénes son los “mutiladores del cuerpo” en la iglesia de hoy?
Los que ponen énfasis excesivo en lo externo
Son aquellos que miden la espiritualidad por las razones equivocadas, la comida que comes, las cosas que no haces. Juzgan por la apariencia, no por el corazón. Tienen listas de “lo que se debe y no se debe hacer” que no están en la Biblia, pero las imponen como si fueran mandamientos divinos.
Jesús confrontó a estos mutiladores en Mateo 23: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe.”
Estaban tan ocupados con los detalles externos que descuidaban el corazón. Y al hacerlo, mutilaban al pueblo de Dios, cargándolos con cargas que ni ellos mismos podían llevar.
Los que dividen el cuerpo con enseñanzas sectarias
Hay grupos que se creen los únicos verdaderos cristianos. “Nosotros somos la única iglesia”. “Fuera de aquí no hay salvación”. “Todos los demás están perdidos”. Esto es mutilación. Están cortando el cuerpo de Cristo, separando lo que Dios ha unido. Pablo dijo en 1 Corintios 12 que la iglesia es un cuerpo con muchos miembros. El ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito”. Pero estos mutiladores dicen: “Si no eres como nosotros, no eres parte del cuerpo”.
Los que hieren a las ovejas con su trato
Hay líderes que son ásperos, duros, insensibles. Tratan a las personas con rudeza, las humillan, las manipulan. En lugar de sanar heridas, las abren. En lugar de restaurar al caído, lo patean. Estos son mutiladores del cuerpo. Están lastimando a la esposa de Cristo.
El Contraste: La Verdadera Circuncisión (Filipenses 3:3)
Después de estas tres advertencias, Pablo presenta el contraste: “Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.”
Aquí está la marca del verdadero creyente, del que no es perro, ni mal obrero, ni mutilador:
1. Servimos a Dios en espíritu
No en rituales externos, no en tradiciones humanas, no en apariencias. Nuestro servicio es espiritual, nace del corazón transformado por el Espíritu Santo. Es auténtico, no teatral. Es de adentro hacia afuera, no de afuera hacia adentro.
2. Nos gloriamos en Cristo Jesús
Nuestro orgullo, nuestra confianza, nuestra seguridad no está en lo que hacemos, sino en lo que Él hizo. No decimos: “Miren lo bueno que soy”, sino “Miren lo bueno que es mi Salvador”. Nos gloriamos en la cruz, no en nuestros logros.
3. No tenemos confianza en la carne
Esto es clave. El verdadero creyente ha aprendido que la carne no sirve para nada. Que sus mejores esfuerzos son trapos de inmundicia. Que su justicia es como polvo delante de la santidad de Dios. Por eso no confía en sus obras, en su linaje, en su educación, en su ministerio. Confía solo en Cristo.
El Engaño de los Últimos Tiempos: Señales y Prodigios Mentirosos
Hermanos, estamos viendo esto cumplirse delante de nuestros ojos. Jesús dijo que en los últimos tiempos vendrían falsos Cristos y falsos profetas, y harían grandes señales y prodigios. No dijo que harían cosas pequeñas. Dijo que harían cosas grandes. Cosas impresionantes. Cosas que parecerían milagros.
Y muchos serán engañados. Porque la gente busca señales, busca prodigios, busca lo espectacular. Pero no busca la verdad. No busca la sana doctrina. No busca el camino estrecho.
Pablo advirtió en 2 Tesalonicenses 2:9-10: “Inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.”
“No recibieron el amor de la verdad”. Esta es la clave. El problema no es que no tuvieran información. El problema es que no amaban la verdad. Por eso pudieron ser engañados.
Hermanos, ¿amamos la verdad? ¿Amamos la sana doctrina? ¿Amamos la Palabra de Dios lo suficiente como para ponerla por encima de las señales y prodigios?
Porque vendrán hombres haciendo milagros. Vendrán con sanidades, con profecías, con manifestaciones sobrenaturales. Y muchos dirán: “¡Dios está aquí! ¡Mira lo que está pasando!”. Pero si lo que enseñan no está de acuerdo con la Palabra, si su doctrina es corrupta, si su vida es impía, entonces son perros, son malos obreros, son mutiladores.
Y tenemos que guardarnos de ellos.
¿Cómo Guardarnos? El Discernimiento Espiritual
¿Cómo podemos protegernos en estos tiempos de engaño? Permítanme darles algunas claves prácticas:
1. Conocer la Palabra
Oseas 4:6 dice: “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento”. El antídoto contra el engaño es la verdad. Mientras más conozcamos la Biblia, más difícil será que nos engañen. Un billete falso se descubre comparándolo con el verdadero. Si no conocemos el verdadero, cualquier falso nos engaña.
2. Examinar los frutos
Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). No miren solo las palabras, miren la vida. ¿Hay fruto del Espíritu? ¿Hay amor, gozo, paz, paciencia, benignidad? ¿O hay orgullo, codicia, manipulación, inmoralidad escondida?
3. Probar los espíritus
1 Juan 4:1: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios”. No todo lo que parece espiritual es de Dios. Hay que probar, examinar, discernir. El silencio en la congregación no siempre es reverencia; a veces es miedo a cuestionar. La emoción no siempre es unción; a veces es manipulación psicológica.
4. Permanecer en la sana doctrina
2 Timoteo 4:3-4: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”. Hoy hay comezón de oír. La gente quiere oír lo que les gusta, no lo que necesitan. Quieren mensajes de prosperidad, no de santidad. Quieren palabras de afirmación, no de corrección. Y por eso se amontonan maestros que les digan lo que quieren oír.
5. No confiar en la carne
El mayor peligro es confiar en nosotros mismos. Pensar: “A mí no me pueden engañar, yo tengo años en la iglesia”. Pedro confiaba en sí mismo y negó a Jesús. El que piensa estar firme, mire que no caiga.
Conclusión: La Iglesia Necesita Despertar
Hermanos, el enemigo está dentro. No me refiero a que todos los líderes sean malos. Gracias a Dios, aún hay pastores fieles, maestros verdaderos, hermanos y hermanas que aman a Dios de corazón. Pero el campo tiene cizaña. El rebaño tiene lobos. La mesa tiene perros.
Y la advertencia de Pablo es clara: Guardaos. Es una responsabilidad personal. No podemos delegar nuestro discernimiento en otros. No podemos decir: “Mi pastor lo aprueba, entonces está bien”. Pablo no dijo: “Díganle a su pastor que se guarde”. Dijo: “Guardaos”. Ustedes. Cada uno.
Vivimos tiempos de maldad. El diablo está metido por todos lados. Infiltró el paraíso, infiltró la nación de Israel, infiltró el grupo de los doce apóstoles (Judas estaba allí), e infiltra la iglesia hoy.
Pero no todo está perdido. La iglesia de Cristo permanece. Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Pero eso no significa que no tengamos que velar. Significa que tenemos que velar más.
Hebreos 3:12-13 nos advierte: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.”
Exhortaos los unos a los otros. Cuídense mutuamente. Ámense lo suficiente como para advertirse cuando vean peligro.
Y sobre todo, mantengan sus ojos en Cristo. Porque en medio de tanto engaño, tanta falsedad, tanta mutilación, Él permanece fiel. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
No confíen en la carne. No confíen en las señales. No confíen en los títulos. Confíen solo en Cristo. Síganlo solo a Él. Porque sólo Él tiene palabras de vida eterna.
Amén.
Padre Santo, te damos gracias por tu Palabra que es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. Te pedimos que nos concedas discernimiento espiritual para reconocer a los perros, a los malos obreros y a los mutiladores que se infiltran en medio de tu pueblo. Danos un corazón que ame la verdad por encima de las señales y los prodigios. Ayúdanos a no confiar en la carne, sino solo en Cristo. Guarda a tu iglesia en estos tiempos de maldad. Líbranos del engaño. Y cuando el Enemigo venga como lobo vestido de oveja, abre nuestros ojos para ver la verdad. En el nombre poderoso de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.



