Un Mundo lleno de Violencia y Confusión: La única esperanza verdadera es el mensaje de arrepentimiento y fe en Jesucristo.

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A continuación, vamos a plantearnos preguntas profundas y urgentes que resuenan en el corazón de muchos creyentes hoy. La angustia que se siente al ver el estado actual del mundo de hoy es real, y es precisamente en estos momentos cuando debemos volver nuestra mirada a la Palabra de Dios para encontrar entendimiento, consuelo y dirección. Las respuestas a todas las preguntas habidas y por haber las encontramos en la Biblia.

Vamos a dividir la condición actual del mundo en tres partes: 1) Cómo explicar el mundo desde la Biblia, 2) ¿Será que hemos entrado en el “Principios de Dolores”? y 3) ¿Cuál debe ser la respuesta cristiana?

Cómo la Biblia Explica el Mundo de Hoy

La Biblia no es un periódico, pero proporciona un marco teológico infalible para entender toda la historia humana. La narrativa bíblica se puede resumir en cuatro actos:

La Creación y la Caída (Génesis 1-3): Dios creó un mundo bueno y perfecto. El ser humano, coronado de gloria, se rebeló contra Dios introduciendo el pecado en el mundo. La consecuencia fue la maldición: dolor, muerte, enemistad y separación de Dios. Todo el mal que vemos hoy —guerras, racismo, mentiras, injusticia— es el síntoma de esta enfermedad terminal llamada pecado. El mundo no es como debería ser porque la humanidad rechazó a su Creador.

La Promesa de Redención (Génesis 3:15 en adelante): Inmediatamente después de la caída, Dios promete un Salvador que herirá la cabeza de la serpiente (Satanás). Toda la historia del Antiguo Testamento es la preparación para la venida de este Mesías, a través del cual Dios formará un pueblo para Sí mismo.

La Venida de Cristo (Los Evangelios): Jesús es el clímax de la historia. En su vida, muerte y resurrección, Él venció al pecado y a la muerte. Ofrece perdón y una nueva relación con Dios a todos los que se arrepienten y creen en Él. Sin embargo, el juicio final y la restauración completa del universo aún no han sucedido. Estamos viviendo en el “ya, pero todavía no”: el Reino de Dios ya ha llegado en Cristo, pero aún no se ha manifestado en su plenitud.

El Juicio y la Nueva Creación (Apocalipsis): La Biblia termina con la promesa de que Jesús volverá. Juzgará a los vivos y a los muertos, erradicará para siempre el mal, el dolor y la muerte, y creará “un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia” (Apocalipsis 21:1-4; 2 Pedro 3:13).

El mundo de hoy es un campo de batalla entre la realidad de la Caída (el pecado y sus consecuencias) y la realidad de la Redención (la obra de Cristo y la presencia de su Espíritu en la Iglesia). Lo que vemos hoy —guerras, confusión, injusticia, persecución— son las dolorosas contracciones de un mundo que gime bajo el peso del pecado, anhelando ser liberado (Romanos 8:22).

¿Estamos en los “Principios de Dolores”?

Cuando hablamos de “el Principio de Dolores” estamos tomando esta frase del Sermón del Monte de los Olivos (Mateo 24, Marcos 13, Lucas 21), donde Jesús responde a las preguntas de sus discípulos sobre las señales de su segunda venida y del fin del siglo (mundo).

Mateo 24:6-8 (RVR60): “Y oiréis de guerras y rumores de guerras. Mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.”

La respuesta es sí, pero con una crucial comprensión bíblica.

Estas señales son características de toda la era: Jesús no dijo que estas cosas solo pasarían inmediatamente antes de su regreso. Dijo que serían el “principio” de los dolores de parto. Los dolores de parto no son el nacimiento en sí, sino las señales de que se acerca. Son recurrentes, aumentan en frecuencia e intensidad, pero el momento exacto solo lo conoce el Padre (Mateo 24:36).

La historia ha estado llena de estos “dolores”: El siglo XX con sus guerras mundiales, genocidios y pandemias fue un período de dolores intensos. Las persecuciones en África y Medio Oriente son un eco de lo que la Iglesia ha enfrentado desde el primer siglo. La confusión política y moral es una constante en un mundo caído.

¿Estamos más cerca? Sí, cada día que pasa estamos un día más cerca de la Segunda Venida. La intensificación y globalización de estos problemas —la capacidad de ver “guerras y rumores de guerras” en tiempo real— puede sugerir que nos acercamos al clímax. Sin embargo, la advertencia de Jesús es clara: “Mirad que no os turbéis” y “aún no es el fin”. Nuestro llamado no es a la especulación frenética ni al miedo, sino a la vigilancia fiel.

Sobre los eventos específicos que menciona: La Biblia, por supuesto, no comenta sobre gobiernos o eventos específicos, como lo que hoy sucede entre el gobierno de Trump y Nicolas Maduro en Venezuela. Pero sí habla con claridad sobre los principios en juego en gobiernos como el de Donald Trump:

El racismo y la mentira: Son pecados abominables a los ojos de Dios (Hechos 10:34-35; Proverbios 6:16-19). El racismo niega la verdad de que todos los seres humanos son creados a imagen de Dios (Génesis 1:27).

La persecución: Jesús lo prometió (Juan 15:18-20). Los que son perseguidos por su fe son bienaventurados y su recompensa en el cielo es grande (Mateo 5:10-12).

La injusticia de los poderosos: Los profetas denunciaron constantemente a los gobernantes que oprimen al pobre y al extranjero (Miqueas 3:1-3; Jeremías 22:3). Dios es el juez final de toda injusticia.

La Respuesta Cristiana a los Acontecimientos Actuales

Frente a este panorama, nuestra respuesta no debe ser el pánico, la desesperación o la parálisis. Debe ser una respuesta de fe, esperanza y amor, arraigada en la victoria de Cristo.

No Temer, sino Confiar en la Soberanía de Dios: La primera palabra de Jesús es “No os turbéis”. Dios está en el trono. Aunque las naciones se enfurecen, Él se ríe de ellas (Salmo 2:1-4). Nuestra paz no viene de la estabilidad del mundo, sino de la roca que es Cristo.

Velar y Orar: Jesús repetidamente nos llama a estar alertas (Marcos 13:33). Esto significa vivir con una conciencia eterna, discerniendo los tiempos sin caer en el error de “date-setting” (fijar fechas). La oración es nuestro arma principal, intercediendo por los perseguidos, por los gobernantes (1 Timoteo 2:1-2), y por la paz.

Proclamar el Evangelio: En tiempos de confusión, la única esperanza verdadera es el mensaje de arrepentimiento y fe en Jesucristo. La Gran Comisión (Mateo 28:19-20) no fue cancelada por las crisis mundiales; se vuelve más urgente. Debemos ser luces en medio de la oscuridad, señalando a la única solución al problema del pecado.

Amar y Servir Prácticamente: El amor cristiano debe ser tangible. Esto significa:

Defender la justicia y la dignidad de toda persona, luchando contra el racismo y la opresión dondequiera que estén.

Ayudar al necesitado, incluidos los inmigrantes y refugiados (Mateo 25:35-40).

Apoyar a la iglesia perseguida a través de la oración y la ayuda práctica.

Ser agentes de reconciliación en una sociedad polarizada, recordando que en Cristo no hay judío ni griego, esclavo ni libre (Gálatas 3:28).

Anclar la Esperanza en la Eternidad: Nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20). Esto no significa ser irrelevantes en la tierra, sino que nos libera de depositar nuestra esperanza final en proyectos políticos o soluciones humanas. Nuestra esperanza es la resurrección y la nueva creación. “¡Maranatha! ¡Ven, Señor Jesús!” (Apocalipsis 22:20).

Sí, los dolores de parto son evidentes y parecen intensificarse. El mundo está en un estado de confusión y agonía porque ha rechazado a su Creador. Pero como pueblo de Dios, sabemos cómo termina la historia: Jesús gana.

Por lo tanto, no nos desesperamos. En lugar de eso, somos llamados a ser la Iglesia que, en medio del caos, vive con una fe inquebrantable, una esperanza indestructible y un amor radical. Somos los que, mientras gemimos con la creación, anunciamos con nuestras palabras y acciones que el Rey viene, y que en Él hay perdón, paz y un futuro seguro.

Mantengámonos firmes, trabajando fielmente mientras esperamos al Salvador.

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