El Peligro de Ser un Niño Viejo
La inmadurez espiritual no se mide en años de iglesia, sino en qué tan rápido niegas lo que crees bajo presión. Pablo llamó “niños” a los corintios no por su edad, sino por sus celos y divisiones. Hoy muchos llevan décadas en el camino pero siguen en pañales: se ofenden, huyen y abandonan. El tiempo no madura; solo el Espíritu transforma. La madurez se nota cuando respondes con paz donde antes explotabas y permaneces donde antes huías. Deja los pañales. Crece.
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