A Mis Hermanos Consiervos, Los Pastores: La ingratitud es dolorosa
La ingratitud es dolorosa para los pastores, quienes dedican su tiempo, esfuerzo y amor sin recibir gratitud. Jesús, al sanar a diez leprosos, experimentó que solo uno regresó a agradecer. El apóstol Pablo también enfrentó desconsuelos en su ministerio. Los pastores muchas veces son traicionados o culpados por aquellos a quienes han guiado. A pesar de este dolor, la labor pastoral no es para recibir aplausos humanos, sino para servir a Dios, quien ve y recompensará el sacrificio fiel.
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