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La iglesia moderna, en muchos de sus segmentos (especialmente en el contexto occidental é influenciada por la cultura de la prosperidad y el individualismo), a menudo tiende a pasar por alto o a suavizar aspectos centrales y exigentes del Evangelio que Jesús predicó.
No se trata de señalar con dedo acusador, sino de identificar áreas donde necesitamos volver a la raíz del mensaje de Cristo. Aquí menciono algunas partes clave donde estamos fallando comprender la totalidad del Evangelio y las exigencias de Jesús para sus discípulos:
El Evangelio del Reino vs. El Evangelio de la Salvación Personal
Lo que a menudo se enfatiza: Un evangelio centrado casi exclusivamente en la salvación individual del pecado para ir al cielo después de morir. Se reduce a una transacción: “Acepta a Jesús para ser salvo.”
Lo que Jesús predicó: Jesús vino anunciando el Reino de Dios (Marcos 1:15). Este Reino no es solo un destino futuro, sino una realidad presente y transformadora que impacta todo: lo personal, lo social, lo económico y lo cósmico. Ser discípulo es entrar y vivir bajo el gobierno de Dios aquí y ahora, trabajando para que su voluntad se haga en la tierra como en el cielo (Mateo 6:10).
La Naturaleza del Discipulado: Cruz vs. Comodidad
Lo que a menudo se enfatiza: Una vida bendecida, con paz, gozo y propósito, a veces interpretada como éxito, salud y prosperidad material. El discipulado se presenta como un camino para mejorar la vida.
Lo que Jesús exige: Jesús fue claro e intencional sobre el costo de seguirlo.
Negación a uno mismo: “Si alguien quiere ser mi discípulo, que se nieque a sí mismo…” (Lucas 9:23). Esto va en contra de la cultura del “self-care” extremo y la auto-realización como fin último.
Tomar la cruz: No es una metáfora para un problema molesto. Era un instrumento de tortura y muerte pública. Significa una identificación total con Cristo, incluso en el sufrimiento y la vergüenza.
Pérdida de la vida: “El que pierda su vida por mi causa, la salvará” (Lucas 9:24). La vida del discípulo no le pertenece a sí mismo.
La Misión Integral: Proclamar y Demostrar
Lo que a menudo se enfatiza: La misión se limita a la evangelización (ganar almas) o, en el otro extremo, solo a la acción social (ayudar a los necesitados).
Lo que Jesús modeló y exige: Su ministerio fue integral. Predicaba *y* sanaba. Perdonaba los pecados *y* alimentaba a los hambrientos. La gran comisión (Mateo 28:19-20) de “hacer discípulos” incluye enseñar a obedecer todo lo que Él mandó, lo cual abarca tanto el amor a Dios como el amor al prójimo (Mateo 22:37-39). Un discípulo debe ser sal *y* luz (Mateo 5:13-16) en la sociedad, combatiendo la injusticia y proclamando la verdad.
La Gracia Barata vs. La Gracia Costosa
Este es un concepto poderoso del mártir Dietrich Bonhoeffer.
Lo que a menudo se enfatiza: Gracia barata: Es el perdón sin el arrepentimiento, la comunión sin la disciplina, el bautismo sin la membresía comprometida en la iglesia. Es la gracia como un boleto gratis al cielo, sin transformar la vida presente.
Lo que Jesús ofrece: Gracia costosa: Es la gracia que perdonó a la mujer adúltera, pero le dijo: “Vete y no peques más” (Juan 8:11). Es la gracia que nos salva, pero luego nos llama a una vida de santidad y obediencia. “La fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta” (Santiago 2:17).
La Naturaleza de la Iglesia: Comunidad vs. Audiencia
Lo que a menudo se enfatiza: La iglesia como un servicio al que se asiste, un lugar de entretenimiento o un proveedor de beneficios espirituales. El “consumidor” es el centro.
Lo que Jesús estableció: La iglesia es un cuerpo (1 Corintios 12), una familia (Gálatas 6:10), una comunidad de discípulos interdependientes. Se trata de “los unos a los otros”: amarse, servirse, animarse, corregirse y cargar con las cargas los unos de los otros. Es un compromiso profundo y a menudo desordenado con otras personas imperfectas.
La Ética del Reino: Amor Radical y Justicia
Lo que a menudo se enfatiza: Una moralidad que a veces se alinea más con una identidad política o cultural que con las enseñanzas radicales de Jesús. Se puede enfatizar la “pureza” personal mientras se ignora la justicia y la misericordia (Mateo 23:23).
Lo que Jesús exige:
Amor a los enemigos (Mateo 5:44), no solo a los que piensan como nosotros.
Rechazo a la acumulación de riquezas como fin último (la historia del joven rico, Mateo 19:16-24).
Humildad y servicio como la verdadera grandeza (Juan 13:1-17).
Búsqueda activa de la justicia para los oprimidos (Isaías 1:17, que Jesús encarnó).
Conclusión
La falla no está en un punto doctrinal específico, sino en una domesticación del Evangelio. Hemos tomado un mensaje revolucionario, contracultural y costoso que exige toda nuestra vida, y a menudo lo hemos empaquetado como un producto para satisfacer necesidades individuales.
Jesús no vino a ofrecer una mejora para nuestra vida actual dentro del sistema del mundo. Vino a anunciar un Reino completamente nuevo y a llamarnos a una lealtad absoluta a Él, lo que inevitablemente pone en conflicto con los valores del mundo (Juan 15:18-19).
El llamado para la iglesia moderna es, entonces, un llamado al arrepentimiento y a redescubrir el Evangelio del Reino en toda su potencia transformadora y exigente. Es volver a ser la iglesia que Jesús concibió: una comunidad de discípulos transformados, que toman su cruz diariamente, y que demuestran y proclaman la realidad del Reino de Dios en un mundo roto.



