En un mundo de ansiedad y división, Dios ofrece su Shalom: paz completa que restaura relaciones con Él, con otros y en nuestro interior. Jesucristo, el Príncipe de Paz, derribó todo muro de separación en la cruz. Él nos invita a ser pacificadores, llevando reconciliación a cada relación fracturada. Esta paz sobrenatural trasciende toda comprensión y circunstancia, haciendo de nosotros agentes de su restauración en medio de la fragmentación.
La misión de los creyentes no es solo “ir al cielo”, sino ser agentes y embajadores del Shalom de Dios aquí y ahora. Shalom interior: A través del Espíritu Santo, experimentamos paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7) en medio de la ansiedad. Shalom social: La iglesia está llamada a ser un lugar donde no hay “ni griego ni judío, no hay varon y no hay hembra, no hya libre ni esclavo” (Gálatas 3:28), donde se practica el perdón, la justicia y la reconciliación. Es una comunidad alternativa que muestra al mundo cómo se ve la vida en armonía. Shalom con la creación: Somos mayordomos, no explotadores, de la tierra (Génesis 2:15), llamados a cuidar lo que Dios declaró “bueno”.