No confundamos el Reino de Dios con un reino político.
El vínculo entre la fe y la identidad estadounidense se quebró. Factores clave: la politización de la religión, la desestabilización de la familia y el auge del individualismo. La fe, reducida a una marca política o desplazada por la “liturgia del yo”, dejó un vacío espiritual. La sociedad busca propósito en el brunch y el gym, no en la iglesia, respondiendo al llamado bíblico con un “No andaremos”.
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